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Legion, de Slitherine Software
La guerra es mucho más dura de lo que parece

12/5/2003

En los últimos años, estamos acostumbrados a ver títulos de estrategia en tiempo real o por turnos con interfaces cada vez más amigables, gráficos cada vez más tridimensionales, y reglas de juegos pensadas para hacerlo cada vez más ameno. Legion se olvida de todo éso y nos plantea la conquista de distintos territorios con un interfaz espartano, unos gráficos más que sencillos, y un desarrollo del juego tan exigente que llega a hacerse extremadamente cuesta arriba.

Un juego espartano y muy exigente pero con buenas cualidades

La idea básica

En Legion partimos de un pequeño territorio y se nos plantea la conquista del mapa: un mapa cubierto de diferentes naciones, cada una con diferentes grados de hostilidad hacia nosotros y todas potenciales enemigos. Afortunadamente, para ganar no necesitamos conquistar todo el mapa, sino simplemente conseguir dominar el escenario con una ventaja suficiente.

Para conseguirlo contamos con dos herramientas: ejércitos con los que atacar y defendernos, y ciudades en las que se centraliza la producción de recursos y de unidades. En las ciudades distribuiremos a los pobladores entre los diferentes edificios productos de recursos (alimentos, metal y madera), y la movilización en diferentes tipos de ejércitos.

Para generar más recursos (y ejércitos cada vez más grandes y sofisticados) necesitaremos invertir recursos en crear y mejorar los edificios de las ciudades. Algunos edificios permiten obtener recursos (minas, granjas, serrerías), otros mejorar la habitabilidad de las ciudades (templos, baños), protegerla mejor o crear ejércitos (cuadras, fuertes, cuarteles, campos de entrenamiento, herreros, flecheros...). Las ampliaciones del ayuntamiento permiten hacer crecer capacidad de la ciudad, y añadir más y más edificios.

Pero hay un límite de crecimiento. Y algunas ciudades tienen la posibilidad de producir unos recursos y no otros. Las ciudades no se pueden fundar: el único modo de ampliar capacidad es conquistar al vecino. Y el vecino piensa lo mismo. De modo que las guerras son inevitables.

Selección de escenario y bando

El juego nos ofrece un pequeño tutorial y diferentes escenarios, o lo que es lo mismo diferentes mapas que van desde la conquista de Britania (relativamente sencilla, con pocos países y muchos recursos) a la de Italia. Hay mapas con 13 o con 21 naciones enemigas. En el mapa de cada escenario podremos ver a cada nación, los medios con los que cuenta y (muy importante) sus relaciones con sus vecinos: la diplomacia del juego es básica pero fundamental.

Prueba a unificar Italia, por ejemplo, sólo son 21 naciones...

Una vez seleccionado el escenario, podremos optar entre jugar con los romanos (la opción por defecto, y también la más fácil: tienen las mejores unidades de partida) o con otra nación. Y también podemos determinar si jugamos con el modo normal, "histórico", o queremos alterarlo y decidir quién es romano, celta, griego...

Los turnos

Cada año tiene cuatro turnos o estaciones, y sólo uno (entre invierno y primavera) se utiliza en la construcción de edificios o ejércitos. Durante los demás, podemos desplazar y agregar esos ejércitos (podemos sumar hasta ocho unidades), y en general hacer la guerra. También podemos distribuir los habitantes de las ciudades entre los diferentes lugares de producción.

Las ciudades

Una vez en marcha, tenemos que manejarnos entre cuatro interfaces fundamentales: los que controlan las ciudades, el mapa principal, las batallas y la "balanza" del juego. Hay alguno más, como la vista de las guarniciones de la ciudad y la ventana de grabar y recuperar juegos, pero éstos son los principales.

Aquí se fabrican los edificios y las unidades, pero ojo con acabar con el espacio disponible

En el interfaz de gestión de ciudades podemos rotar entre todas las del imperio (flechas superiores), así como decidir qué construimos en cada una (elementos de la izquierda) y qué unidades reclutamos (elementos de la derecha). También podemos asignar a la población a diferentes tareas en función de los habitantes que vayan apareciendo y queden libres.

Tenemos que tener mucho cuidado porque el espacio es limitado: las ciudades acaban especializándose aunque no queramos :-).

El mapa principal

La vista normal del juego es un mapa geográfico, en el que vemos las montañas, los ríos, las ciudades y los ejércitos en vista isométrica. No es que los gráfico sean muy allá, pero permite mover los ejércitos de punto a punto, ver los de los demás, y seguir el desplazamiento de las fronteras... lo que no es poco, porque se mueven bastante :-).

Diplomacia

El papel de la diplomacia es fundamental: con tantas facciones, si no nos llevamos bien con alguna, no duraremos demasiado. El juego permite que intentemos ganarnos a los rivales mediante sobornos (tributos) y que les ofrezcamos alianzas. Una nación aliada es una de la que en principio no partirá un ataque, y aunque su territorio puede ser atravesado, significa que esa frontera el menos es bastante segura.

Pocas herramientas para hacer encaje de bolillos

Sin embargo, esta técnica tiene sus límites: los tributos son caros, las facciones muchas, y hay veces en las que sencillamente quieren tus recursos... lo que acaba desembocando en guerra.

El campo de batalla

En Legion, las batallas se libran sin control directo del jugador. Lo único que podemos hacer es disponer a las unidades sobre el campo de batalla en diferentes formaciones, y darles instrucciones concretas sobre cuándo avanzar y cuándo detenerse... y esperar que las cosas salgan bien, porque una vez dadas las órdenes ya no hay modo de modificarlas: las tropas de ambos bandos luchan como lo harían en un campo de batalla de la época romana, decidiendo por sus propios medios.

Una vez dispuestos en formación, los legionarios aguantan la carga

La combinación de terrenos, unidades, formaciones y tácticas, que al principio parece irrelevante, es fundamental para avanzar en el juego. La caballería es incapaz de hacer daño a una legión escondida en un bosque. Un flanqueo, aunque sea débil, disminuye mucho la eficacia de la mejor unidad. Esperar al enemigo mientras se le diezma a flechazos puede conseguir que se sobreviva a fuerzas superiores. Y acabar con los arqueros del enemigo puede asegurar que sobrevivan muchas tropas propias. En resumen: con las mismas fuerzas, una batalla puede acabar en victoria o en derrota.

... y la masacre que sigue, aunque no sea 3D, es bastante visual

Legion nos permite seguir las batallas de dos modos: con un mini-mapa de toda la batalla, y con una visión isométrica de una zona concreta, gráficamente bastante realista aunque modesta, en la que presenciar los golpes con más detalle.

Ganar el juego

Legion permite seguir el progreso que hacemos hacia el objetivo del juego: dominar el mapa con tanta claridad que las demás naciones supervivientes acepten nuestra victoria. Esto sólo se consigue conquistando ciudades, de modo que la medida de nuestro progreso será el porcentaje de ciudades que controlemos.

Después de muchos esfuerzos, unificamos Britania

Cuando lo conseguimos, Legion no se deshace exactamente en animaciones; ni siquiera guarda un histórico de mejores resultados. Un cuadradito de mensaje y se acabó... hasta la siguiente.

Problemas técnicos

Hay uno, bastante curioso: cuando estamos jugando mucho tiempo (más de tres horas seguidas) el juego empieza a ralentizarse: el cursor se mueve lentamente, los clicks necesitan más de un segundo... se resuelve grabando, cerrando y volviendo a abrir el programa.

La gestión de juegos grabados es limitada: sólo sabes el mapa y la hora de grabación

En resumen

Legion es un buen juego. Cuesta decirlo: gráficamente no es ninguna maravilla, y su mayor virtud es lo difícil que pone conseguir los objetivos (aunque hay que admitir que no hemos jugado en modo fácil). Esta dificultad se deriva fundamentalmente de lo limitado de las herramientas: una diplomacia parca, que apenas permite negociar (los rivales no suelen dar respuestas condicionales, aunque a veces piden un tributo como condición para aliarse), unas ciudades muy poco flexibles que sólo producen un edificio y un tipo de unidad a la vez, una economía tremendamente sencilla, unas unidades militares que se toman muy en serio lo de las pérdidas y el desgaste, unas batallas excesivamente duras y reales para que encima no podamos gestionar cada maniobra... y unos rivales extremadamente cabezotas (no firman una paz ni de casualidad), y encima muy numerosos.

Por decirlo de alguna manera, nos recuerda al primer Civilization. Es un auténtico reto sin aparato multimedia. Aunque puede que no sea para todos los gustos ;-).

En conclusión, Legion es un juego para aficionados a la más pura estrategia por turnos, con gusto por la antiguedad... y muy cabezotas. El resto, probablemente, no lo disfruten tanto. Podríamos darle un 6,5 o incluso un 7 sobre 10... dejémoslo en 6,5 Macus sobre 10 por lo exigente que es para con el jugador.

Pero es un juego que puede tener mucho futuro.


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