Existe la creencia malsana de que la tecnología es capaz de todo, incluso de curar los pies planos. Supongo que la razón radica en que los guionistas de las miles de películas y series tienen un vasto filón argumental en ese tema: de un lado porque la mayor parte de la población sigue siendo analfabeta funcional por lo que hace al mundo de los chips, así que es capaz de creerse los disparates más inverosímiles.
De otro, el crecimiento exponencial de las llamadas “nuevas tecnologías” de las tres últimas décadas, que nos sigue alimentando la vana esperanza de que pronto podremos viajar en esos “desatomizadores” que tan populares nos hizo Star Trek.
Pero hoy por hoy aun podemos hurgarnos la nariz sin que nos descubran los satélites-espía de la NASA, así que desmitifiquemos un poco las capacidades y posibilidades de esta aplicación del silicio.
Estoy de asalariado en una fabrica de impresos en papel, en una tarea que mayoritariamente se denomina como diseñador gráfico, pero no estoy seguro de serlo...o de querer serlo.
Sinceramente, cuando cae en mis manos un libro de marcas o sus aplicaciones de los que puedes encontrar en las grandes librerías (principalmente americanos o japoneses) se me cae el alma al suelo... ni siquiera puedo aspirar a eso de “yo de mayor quiero ser como ellos” porque a mis cuarenta y tantos las neuronas de la creatividad empiezan a delatar los achaques de la edad... aceptémoslo con una moderada autoflagelación y envidia.
Pero tampoco me gusta la etiqueta de diseñador gráfico cuando pasan ante mis ojos “productos” (llamémosle así, para no ser peyorativo) de presuntas agencias creativas. Siempre me asalta la duda: ¿hay gente tan imbécil en nuestro país como para pagar miles de euros por una agresión visual así? Lamentablemente es lo que hay y la cultura que emana de nuestros televisores (Tómbola, Operación Triunfo, Gran Hermano...) y de nuestra ministra (Ley de calidad de la enseñanza) vaticina que la cosa aun va a ir empeorando.
La irrupción de los ordenadores en temas creativos no es la causa principal de su banalización y declive. Un equipo, por complejo y costoso que sea, no es funcional por si mismo: sin software y sin un usuario que lo maneje tiene la misma utilidad que un martillo en una caja de herramientas: ninguna.
En cuestiones de arte da igual enfrentarse a un lienzo en blanco, que a una pantalla en blanco, azul o negro: esta todo por hacer. Ni siquiera sirve el recurso (¿fácil?) del plagio; quizás puedas engañar al pánfilo de que hablaba antes, pero es difícil mantener la coherencia de una creación cuando la cambias de contexto, de medio: trasladar un folleto a una Web raramente puede admitirse; sin la interactividad (de la que -casi- carece el papel) un site carece de valor.
O qué decir de esa manía de que la “imagen corporativa” de una empresa consista en repetir milimétrica y proporcionalmente el logotipo y sus características, independientemente de si se trata de una tarjeta comercial o de rotular un vehículo.
Releyendo el texto percibo que he anticiparme a la crítica: ¿rotular furgonetas puede ser considerado arte? Miguel Angel no pintó la Capilla Sixtina en plan graffiti, era un simple encargo comercial: si viviera hoy quizás le hubieran encargado “decorar” el papa-móvil.
El arte, digital o no, es otro rollo: una expresión coherente de una idea o una sensación, e incorpora un mensaje comprensible para cualquiera, independientemente de su nivel cultural. No está asociado a una firma: Dalí creó genialidades y bodrios a partes iguales; cualquier músico sabe que ha de producir machacones soniquetes para vivir de la radio-formula porque sus mas sentidas creaciones seguramente solo proporcionarán beneficios a sus herederos.
Por ello, insisto, no es posible el “es que no lo he entendido”. En la producción artística puede haber mensajes de complicidad para iniciados en el medio o la temática, pero eso no lo justifica: si te quedas durmiendo en el cine no vale el recurso de “la fotografía era genial”... era un muermo y punto.
La informática, pues, proporciona herramientas muy valiosas al creativo, pero no creatividad, como reza ese lema universitario “lo que Dios no da, Salamanca no presta”: el mejor de los equipos no genera, por si solo, ni una sola idea; ni el estúpido clip de Word, ni los libros de trucos de Photoshop te van a dar nunca el primer paso para aliviar la desoladora presencia de la pagina en blanco... eso solo esta en ti, en tu mente o en algún otro recóndito paraje de tu ser.
Y si ahí no lo encuentras no pierdas el tiempo (ni nos castigues) produciendo cosas que solo va a apreciar tu mamá (¡qué buena es!) y el imbécil de que hablaba antes... seguro, seguro que puedes encontrar una ocupación que te satisfaga a ti y a los que te rodean.
EL_PACO