¿Os acordáis del "diseño gráfico por ordenador"? No hace tanto tiempo, ese término tan pintoresco servía para diferenciar el diseño gráfico normal del otro, el que utilizaba el Macintosh como herramienta. Sin embargo, si actualmente dijeras "diseño gráfico por ordenador", te mirarían de arriba abajo, pensarían que eres un extraterrestre y te responderían: "Claro, ¿hay algún otro?" Así va a pasar, creo yo, con los términos "vídeo digital" y "cine digital": llegará un momento en que no será necesario el apellido "digital".
¿Vídeo o cine?
Una de las cosas que están cambiando rápidamente es la definición de vídeo y cine, así como la frontera entre ambos. Si hasta hace poco el cine era algo que se rodaba y proyectaba en celuloide y el vídeo algo que se rodaba en cinta magnética y se veía en el televisor, actualmente esas categorías están perdiendo su sentido original.
La definición de vídeo no parece inamovible: a medida que vayan extendiéndose las cámaras con disco duro, por ejemplo, el vídeo no va a parecerse demasiado a lo que conocemos hasta ahora.
De igual manera, hay cine que no se filma originalmente en celuloide, bien sea porque se genera desde el ordenador (Monstruos, S.A.) o porque se graba en soporte digital (desde el miniDV de 48 horas después hasta la altísima definición de La guerra de los clones). Bien es verdad que para verse en cine, esas películas tienen que pasar necesariamente por el celuloide... de momento.
Es obvio que los sistemas de proyección digital de alta calidad no se van a implantar de la noche a la mañana; no es previsible que los dueños de las salas renueven sus costosos equipos por amor al arte. Pero sí creo que la próxima generación de sistemas de proyección va a ser digital. Una vez más, parece ser que vendrá de la mano de George Lucas, un tipo al que habría que hacerle un monumento por todas sus aportaciones a la innovación tecnológica.
La gran pantalla
Si hay que hacer una distinción entre vídeo y cine, quizá va a tener que ser en función del lugar donde se ve. Si lo ves en la tele, es vídeo; si lo ves en una sala a oscuras con pantalla grande es cine. Y digital, todo.
Habrá que suponer que va a pervivir el celuloide, aunque la diferencia de costes lo convertirá en un lujo para realizadores caprichosos y muy influyentes. Sin embargo, incluso el celuloide va a tener mucho de digital, cada vez más, en muchos tramos de la producción y posproducción. Cine digital, pues, será todo.
A vueltas con la revolución
Se ha hablado mucho de "revolución" digital. Obviamente algo fundamental ha cambiado muy rápidamente, lo que parece corresponderse con la definición de "revolución". Hoy, cualquier persona con una buena historia, si realmente se lo propone, puede acceder a la tecnología necesaria para hacer una película de altísima calidad. Esto era impensable hace apenas cinco años.
Todavía hay un embudo que impide que podamos hablar de democratización plena: la distribución. El sistema en torno a la televisión y las salas comerciales no permite que todo el que tenga una buena película pueda darla a conocer.
La banda ancha, a medida que se vaya haciendo una realidad, puede dar un vuelco a esto, aunque de momento no parece que una película en internet, del tamaño de un sello de correos, pueda considerarse cine o vídeo, sino más bien su pariente pobre. Pero todo se andará.
Calidad
El hecho de que hoy en día todos podemos acceder a papel y lápiz no quiere decir que todos seamos Cervantes. La revolución digital significa que se hará más cine, pero mucho de él será mediocre. Pero también se abrirán las puertas a los verdaderos artistas y a unos pocos genios que hace unos años habrían tenido más obstáculos.
En algunos entornos, todavía se entiende que cine de bajo presupuesto es igual a cine cutre. Incluso en algún festival dedicado al cine digital, la pésima calidad en los sistemas de proyección y de sonido parece avalar esta visión de mediocridad. El reto está precisamente en lo contrario: en demostrar que se puede crear (y proyectar) contenidos de altísima calidad con los nuevos recursos que nos brinda la tecnología.
Cambiar el mundo
No sabemos dónde va a acabar todo esto, aunque sí parece más posible que nunca que se cumpla la predicción de Jean Cocteau: "El cine sólo se convertirá en arte cuando sus materiales sean tan baratos como un papel y un lápiz".
Y, como ya había sucedido en el pasado, el ordenador de la manzanita y la visión de Steve Jobs y su equipo, han tenido mucho que ver con este cambio revolucionario. Una vez más se cumple el lema de aquellos idealistas que
querían "cambiar el mundo, una persona por vez".