A mis 40 años, cuando me siento para tratar de recordar mis primeras experiencias con los ordenadores, no puedo evitar que me vengan a la memoria aquellos antiguos Sinclair de principios y mediados de los 80 que acostumbrábamos a programar en lenguaje Basic.
Mis primeros contactos con la informática
Teníamos algún Spectrum en clase e incluso su hermano menor, aquel de 1 Kb, con una ampliación de memoria a 14 Kb, el cual sería el "hazme reír" de cualquier teléfono móvil actual.
Los afortunados de la clase disponían de los Commodore 64, que salían más caros que un Mac actual, si ajustamos el precio de la época a la inflación.
Aunque la gente me decía que eso era el futuro, yo insistía en que todo lo que aprendíamos no nos serviría de nada, pues los ordenadores que estaban por venir serían mucho más intuitivos. Me chocaba que para hacer algo con el ordenador hubiera que ser un "experto informático".
Siempre acostumbraba a ponerles el ejemplo de los coches explicando que, a principios del Siglo XX, quien tenía un coche debía ser medio mecánico y saber desmontar y montar todo el motor, cosa que ahora ni por asomo se hace, pues mucha gente ni sabe cómo se abre el capó, pese a que vaya en coche cada día.
Para mí aquella época era lo mismo, al menos en cuanto a informática de usuario. Quizás la informática profesional sí que tuviera sentadas unas amplias bases, pero los ordenadores personales estaban en pañales.
No compré ordenador alguno en esa época: Proporcionalmente eran carísimos y nunca me han entusiasmado los videojuegos. Me parecían divertidos, pero no como para gastarme lo que entonces costaban. Además, como en aquellos tiempos sólo teníamos un televisor en casa, debería haberme comprado también un monitor o un televisor portátil y eso habría sido pedir demasiado.
Recuerdo aquellos monitores de "fosforo verde" que se vendían en las tiendas de informática para acoplar a los ordenadores de la época.
Eran los tiempos que corrían y me hubiera dado con un canto en los dientes de haber tenido la osadía de pedir uno de esos juguetes.
La segunda mitad de la década de los 80
Fue cuando empecé a trabajar en la administración pública. Allí apenas tocaba los ordenadores.
Había muy pocos en la oficina y la interfaz de usuario era inexistente: te sentabas ante un armatoste con pantalla negra y caracteres en verde.
Solía estar casi apagada y había que introducirle una serie de códigos para obtener el tipo de información que deseaba solicitar. Solían ser combinaciones de cinco caracteres alfanuméricos.
Una vez introducido el código había que introducir el número de DNI u otro dato similar y te aparecían un montón de códigos que te tenías que saber de memoria: Que si el 1 es que está de alta, que si el 5 es un accidente de trabajo, que si el 100 es para pedir no sé qué de la empresa... me veía superado por todo aquello.
De todos modos, la mayor parte de mi trabajo consistía en coger esas enormes tiras de papel continuo e ir rectificando errores que, al día siguiente, alguien pasaba al sistema en el departamento de informática.
El primer contacto con un PC
Hasta ahora sólo había manejado terminales, pero entre el 89 y el 91 trabajé en otra oficina pública, situada en un piso, donde para unas 15 ó 20 personas sólo había un PC con MS-DOS.
Lo utilizábamos para emitir recibos, hacer escritos y recopilar los datos de la contabilidad general.
En muchas ocasiones mi trabajo fue de puro mecanógrafo para transcribir complicadísimas escrituras (algunas de más de cien años) de los Registros de la Propiedad y otro tipo de documentos a un antiguo WordPerfect nada intuitivo y que funcionaba a base de comandos.
También metía datos de fusión en una base de datos, aunque en aquellos tiempos yo no sabía fusionarlos. Me limitaba a transcribir lo que me mandaban en una máquina que entendía mal.
Aunque aquel tipo de trabajo me gustaba más que atender al teléfono o a las visitas, le tenía mucho respeto al ordenador y no intentaba cosas nuevas, pues el DOS no da pie a que se intente experimentar si no se sabe utilizar.
De esa oficina, una vez aprobadas las oposiciones, me fui otra vez a la Delegación. Allí me encontré de nuevo con los terminales algo mejorados, pues junto a los indescifrables códigos ya aparecía algún nombre que no hacía tan necesario sabérselos de memoria o tener permanentemente al lado la tabla para entenderlo.
También los PCs tenían aplicaciones basadas en DOS, pero con funcionamiento por menús a través de flechas. Este avance te permitía hacer cosas con los programas guiado por la intuición, de modo que empecé a cogerle el gusanillo y a aprender a hacer cosas que algunos compañeros no sabían y para realizarlas tenían que recurrir a la máquina de escribir tradicional.
Ahí, con las primeras interfaces por menús, empezó a serme agradable el uso del ordenador, pese a lo primitivo de los programas.
Por fin un terminal para mi solo
En el siguiente traslado de oficina tuve para mí solo un terminal ICL y un viejo Bull a 8 Mhz que procedía de un embargado a una empresa deudora y contenía datos de clientes sudamericanos.
Eran máquinas muy primitivas, pero me sentía a gusto utilizándolas.
Con el Bull continué aplicando los conocimientos de WordPerfect y llegué a utilizarlo con agilidad.
Lo de utilizarlo con agilidad es un decir, pues para hacer una fusión de ciento y pico datos con un texto empleaba cerca de una hora.
También tenía programas para emitir recibos y otras cosas que, sin ser maravillas, me eran útiles.
Lo más llamativo de aquel Bull era sin duda que no sufría bloqueos ni se perdía información, aunque por si las moscas siempre tenía copias de seguridad de mi trabajo.
Pero nuestro idilio entró en su ocaso cuando mi querido Bull empezó a mostrar síntomas de demencia senil y cada vez con más frecuencia solía repetir una embarazosa frase: "El sistema está corrupto".
No se exactamente la razón, pero deduzco que, en una oficina del Estado, esa crítica al Sistema no era muy bien vista por mis superiores, de modo que un buen dia se lo llevaron (seguro que ahora está en Guantánamo con un mono naranja) y nunca más volví a saber de su suerte.
Ya era hora: Windows al fin
Poco después nos pusieron ordenadores/terminales/todo en uno con Win95. Eran unos Mitac Péntium II a 350 Mhz que los he tenido hasta el marzo de este mismo año.
Al principio no iban mal pero cuando empezamos a utilizar la intranet, páginas oficiales de Internet, correo electrónico Lotus Notes, etc., los bloqueos eran exasperantes.
Reiniciar tres o cuatro veces en una jornada de trabajo era algo totalmente habitual.
Pese a que Windows 95 no era una gran cosa, me permitía curiosear por los entresijos y empecé a aprender bastante a nivel de usuario, cosa que los anteriores OS no me permitían con facilidad.
Mi primer ordenador personal
En casa no compré ordenador hasta que pude tener conexión a Internet, hace cuatro años, cuando adquirí un Packard Bell. Aunque era bastante bueno por aquel entonces, me quedé con las ganas de comprar un iMac de los que tenían carcasa de color.
Me dejé convencer por los "bienintencionados" y expertos conocidos de siempre, pues yo estaba prácticamente decidido a comprarlo.
Podría haber sido un macquero desde mi primer ordenador doméstico, pero no anduve muy lanzado y me dejé arrastrar por la corriente.
La utilización que le he dado: navegar, enviar correos, gestionar fotos o escritos y demás cosas sencillas, me hace pensar que los poquísimos programas que compartí no han valido la pena y que a buen seguro habría compartido más cosas en foros macqueros que con mis conocidos y amigos.
Seguro que si tuviera aquel iMac de hace cuatro años estaría ahora utilizándolo con OSX instalado y funcionando a la perfección.
Y finalmente de PC a Mac
Pero como no hay mal que cien años dure, mi Packard Bell empezó a ir fatal, con continuas averías.
Al final sólo lo utilizaba para navegar y poco más. Así que empecé a pensar que tenía que cambiar de ordenador.
Ahora sí tenía clarísimo que compraría un Mac dijeran lo que dijeran los demás.
Para mayor desconcierto de mis allegados comencé a experimentar un misterioso placer con el hecho de llevarles la contraria.
Finalmente me decidí por un portátil, pues pienso que son más prácticos aún sin tener un sobremesa: El PowerBook me gustaba mucho, pero era demasiado caro en comparación con el iBook.
Cuando vi que el iBook incorporaba ya el G4 me decidí: Ese es el que quiero, me dije.
Hubieron de transcurrir algunos meses pero finalmente lo compré y tras algunas incidencias con el pedido llegó a casa.
La adaptación, aún estoy en ello, me ha parecido mucho más simple de lo que me esperaba.
Al principio pretendes buscar lo mismo que tiene un PC pero pronto te das cuenta que no es exactamente igual.
En base a mi experiencia creo que alguien que no venga del mundo Windows y encienda por primera vez un ordenador, se familiarizará mucho mejor con un Mac que con un PC Windows.
Las ventanas me confundían un poco al principio, pero cuando descubrí Exposé y la posibilidad de poder visualizarlas todas y pinchar la que desees la cosa se hizo mucho más atractiva.
He configurado Exposé para que en la esquina inferior derecha me muestre todas las ventanas que hay abiertas (F9), en la inferior izquierda todas las ventanas de la aplicación en uso (F10), la superior derecha me muestra el escritorio (F11) y la superior izquierda activa el salvapantallas.
Escribo estas líneas cuando sólo llevo tres meses con mi Mac y cada vez lo encuentro más lógico y amigable.
Pienso que el ordenador está para que lo uses, no para enfrentarte con él cada vez que pretendes hacer algo. No obstante no es una simple máquina utilitaria: tiene ese "algo" especial de todos los Macs que lo convierten más en un estimado colaborador que en una herramienta cualquiera.
Todavía me faltan muchas cosas por explorar a fondo, pero estoy francamente contento con mi compra.
Cuando veo otros portátiles Windows por precios similares o superiores al mío, con mucho menos estilo y diseño y con una base más gorda, no puedo evitar pensar: "qué tontería comprarse eso cuando existe el iBook".
También creo que quien se compra ordenadores económicos, de esos clónicos hechos a piezas, podría optar por el estupendo eMac, el cual cada día está más barato, pese a que ve incrementadas sus prestaciones, aunque mucha gente no lo sabría apreciar.
Esta es mi historia de switcher hasta el momento. Quizás no sea gran cosa, pues he hablado poco de mi experiencia con Mac y mucho de mi historia informática.
Tal vez lo ideal sería explicar las historias de switchers tras unos años, o tras haber experimentado varios cambios de una plataforma a otra, aunque en Macuarium tenéis ejemplos para todos los gustos.
Ojalá pudiera estar explicando cómo fue mi incorporación hace cuatro años con mi iMac, pero las cosas no vuelven atrás, así que debo alegrarme de haber cambiado de carril al cabo de unos años.