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Historias de Switchers II
La transfor-mac-ción de Masivi

2/8/2004

Los inicios

Los ordenadores... qué extraños aparatos.

Recuerdo que cuando tenía unos seis años más o menos mi primo, que vivía frente a mí, llegó un buen dia a casa con un montón de cajas. ¡Era un Amstrad 8086 con monitor EGA de 16 colores!. No sabría decirlo con exactitud, pero pienso que fue alrededor de 1985.

Lo que si recuerdo fue que el equipo le costó algo más de 300.000 ptas de la época (una auténtica fortuna) y que el monitor EGA era el no va más de su época.

También recuerdo que por aquel entonces pasaba más tiempo en su casa que en la mía. Creo que fue en esa época y en esa casa cuando me entró el gusanillo por esos extraños cacharros.

Es posible que hoy en día todo el mundo los maneje a la perfección (o eso solemos creer) pero recuerdo la de tardes que pasé aprendiéndome los comandos de MS-DOS y aquellas configuraciones de los archivos AUTOEXEC.BAT y CONFIG.SYS para poder jugar a aquel juego que necesitaba memoria XMS y no EMS.

Mi primer ordenador

Qué recuerdos... Pasaron los años y conseguí mi primer ordenador, un IBM PS/2 con procesador 80286 y 16 MHz. Mucho hube de pelear con aquella máquina y, según me iba introduciendo en el mundillo, fui viendo que había algo por ahí llamado Mac: Era un ordenador raro, todo encajonado, con una disquetera sin botón (¡vaya inutilidad!) y además costaba una pasta.

El IBM PS/2 debí comprarlo en 1994 tal vez, era la época de los primeros 486/25 y los 386 DX con coprocesador.

Ahora recuerdo no sin cierta vergüenza cuando, estando en el instituto en la asignatura de lengua, nos mandaron hacer una exposicion oral con tema libre y yo, como no podía ser de otra manera, escogí como tema los ordenadores. Me puse a hablar de hardware, de software y de un montón de cosas más y, en el turno de preguntas, uno de mis compañeros me señaló que no había dicho nada de los Mac. Yo, sin saber muy bien qué contestar, dije algo así como que eran otro tipo de ordenadores distintos, pero muy caros y mucho peores (¡ah!, qué pena me doy a mi mismo... si es que la ignorancia es atrevida).

Un año después de comprar el IBM compramos un 486 DX4/100 y justo esas navidades aparecieron los primeros Pentium 60 en el mercado y poco tiempo después instalé la primera versión de Windows 95, en tropecientos disquettes.

La Universidad y el descubrimiento de otros sistemas operativos

Por fin me matriculé en la Universidad, donde aún sigo haciendo Ingeniería Informática. Normalmente uno llega allí con el chip de Windows (ME en mi caso, que empecé en 1999) y a los dos días te llevas un palo considerable al ver que todo lo mucho que creías saber no valía para nada, que hay muchas arquitecturas diferentes de la ix86 y que Windows no es el centro del Universo.

Así las cosas no quedó más remedio que pasarse a UNIX (a Linux, yo personalmente me decanté por Mandrake) y dejar un poco de lado Windows. Pero el caso es que no me terminaba de convencer: No fueron pocas las veces que intenté un cambio total de Windows (ya el 2000) a Linux, pero siempre acababa volviendo por haches o por bes. Después de mucho pelear con las terminales SPARC y con los sistemas R10000 (con sus correspondientes sistemas operativos) terminé dándome cuenta de que, aunque necesitaba un UNIX para poder hacer las prácticas y eso, no podía dejar Windows de lado.

Todo iba más o menos según lo previsto cuando hace unos meses me vi en la necesidad de adquirir un portátil (cosas que pasan por estudiar fuera de casa). Así que me pensé mucho qué máquina comprar. Mi primera idea era comprarme un PC normalito y ponerle una Debian, para poder currar ahí con las cosas de la Facultad y dejar en mi sobremesa un XP solitario para mis cosas (no juego mucho, la verdad, pero crear DVD's con Linux me parecía mucho rollo y mi pasión es el 3D Studio y el Photoshop, así que Linux no me valía de nada).

El descubrimiento de los Mac

En fin, que por ahí estaba la cosa cuando un compañero de clase (gracias Dani, me hiciste el favor de mi vida ;)) me preguntó que por qué no consideraba la idea de comprar un Mac.

Lo primero que me vino a la cabeza fue un "a este tío le patina, ¿yo un Mac? ¡por Dios!". Pero el hombre era insistente. Él se había comprado un iBook de 12 pulgadas a 800 MHz y me dijo que no juzgara sin saber, que lo viera. Claro, mi primera impresión al ver aquella cosa blanca fue de "¡qué horterada!"...

Pero lo mejor estaba por llegar:...Dani abre el portátil y me encuentro ante un sistema la mar de bonito (algo bueno tenía que tener) y que se desenvolvía con soltura.

"Pero ¿cómo? ¿seguro que solo son 800 MHz y 256 de RAM? Va muy suave".

Tengo que reconocer que se ofreció a dejarme su iBook un par de días para que lo probara, pero le dije que no.

Pero un día, pululando por la Facultad, me pilló por banda y me puso delante del cacharro blanco ese, con una cuenta de invitado ¡y se fue!. Yo jamás haría eso con mi maravilloso XP: ¡quién sabe lo que te pueden hacer!. En fin, que poco a poco me iba dando cuenta de que ese sistema era justo lo que siempre había estado buscando... un UNIX de fondo (BSD, con su gcc y todo lo demás) con lo que tenía arreglada la papeleta de las prácticas. Un entorno gráfico bonito (muuuy bonito), rápido y lo mejor de todo: ESTABLE (siempre he tenido problemas con el Gnome).

El sistema en sí genial, muy muy muy intuitivo: ... ¿quiero una foto de internet? ¡la arrastro al escritorio!, como debe ser. Unas aplicaciones muy curradas y muy funcionales y además una máquina virtual para poder emular otros sistemas por si hiciera falta.

La repera vino cuando intentó enseñarme las pijaditas (la ampliación del Dock y esas cosillas), porque para mostrarme el uso de Exposé abrió no me acuerdo cuántos cientos de aplicaciones para tener mil ventanas. Quedé impresionado, pero no por el Exposé (que me parece fantástico) sino por cómo una máquina con 800 Mhz y 256 de RAM se comía a mi XP 2600 con 512 MB.

Me convenció y me compré un iBook de 14 pulgadas. La experiencia ha sido fantástica: a todo lo estupendo que ya sabía tuve que añadir la facilidad para instalar o desinstalar cosas y el silencio sepulcral del iBook (no como las cafeteras de los PC con sus cincuenta mil ventiladores).

Como cuando algo lo ves bueno te lanzas, vendí mi PC de sobremesa, con TFT, grabadora de DVD y todo lo que tenía (todo recién comprado, con apenas tres meses) y me compré un eMac. Sigo contentísimo: tengo un sistema que funciona de verdad, que no falla, que no se cuelga (qué será de aquellos pantallazos azules...) que es cómodo, bonito, fácil, intuitivo... en definitiva, que he hecho el mejor cambio de mi vida.

La parte negativa... siempre la hay, claro... el software, casi todo en inglés y no tengo el 3D Studio (eso me ha dolido, porque con el Maya no me aclaro) pero en relación no vuelvo atrás.

No es el hecho de tener un sistema fiable, es el placer de manejarlo.

Masivi.

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