Mi objetivo: “ser diferente”
Siempre he querido ser diferente. Posiblemente porque cuando era muy niño se me marginaba debido a que estaba un tanto “gordito”.
Todo esto cambió cuando me di cuenta de que ser diferente era muy apreciado y valorado. Así que, con catorce o quince años ya me gustaba la música “heavy”, claro, porque así despuntaba de mis compañeros. Saber sobre un tipo de música que nadie conoce te hace parecer un gurú de la música.
No sé si el ser diferente fue una propuesta consciente o simplemente un feliz resultado no planeado, pero esta característica siempre me ha acompañado en la vida.
Y claro, cuando comienzo mis estudios universitarios (de Psicología) me hago “conductista”. ¿Qué que es esto? Pues la escuela psicológica que tiene menos seguidores de entre las cinco o seis que existen. No podía ser de otra manera (mi obsesión por la diferencia y yo).
En la facultad de Psicología de Granada daba clases un profesor que era también “diferente”. Y no solo porque fuese conductista, sino porque a veces acudía a dar sus clases con una camiseta de Mickey Mouse. Ese tipo era interesante de verdad. Me asaltaba una gran curiosidad conocerlo personalmente, aparte del aprecio intelectual que sentía por él.
En una ocasión tuve que ir a su despacho para preparar una serie de trabajos monográficos acerca de Historia de la Psicopatología.
Aquí empezó todo
Entré en su despacho y vi, entre decenas de posters de la NBA y juguetitos de Disney una caja color beige que tenía una disquetera “rara” y que tenía todos los dispositivos integrados. Se trataba (ahora lo sé) de un Cuadra 660 AV. Yo me quedé con esa imagen que me venía a la cabeza de cuando en cuando. Pero yo vivía ajeno a la informática y a los ordenadores. No los necesitaba, de momento…
Finalizados mis estudios de Psicología decido irme a estudiar el Doctorado a la Universidad de Almería. ¿y por qué a Almería? Porque allí estaba, recién trasladado, el profesor peculiar que me cautivó con aquella “caja rara pero integrada”, al cual admiraba yo tanto (en su sapiencia psicológica).
Pues bien, el primer día de mi llegada a Almería entro en su despacho a entrevistarme con él y otra sorpresa: veo un raro aparato informático también integrado pero muy cabezón de color azul. ME ENAMORO. Dios, qué bonito. Pronto descubro que se llama iMac y que lo puedo ver en El Corte Inglés y en tiendas Apple, pero… ¡ES MUY CARO!
La cosa es que a mí me quedó una especie de deseo incumplido de trastear y enredar en ese chisme tan BONITO.
A la semana de estar estudiando mi doctorado en Almería me doy cuenta de que necesito la informática. He de pasar una serie de cuestionarios y redactar informes y la máquina de escribir se me queda obsoleta.
Solo ante el peligro
Mi profesor pone ante mis manos ese raro aparato color beige que ya conocí en su despacho de Granada, el Quadra. Me entrega un manual de instrucciones y me deja ante el Macintosh sin ni pajolera idea de coger el ratón.
Tanto es así que me fue imposible ese primer día integrar mis movimientos oculares con los del ratón. Me llevé el libro a casa y todo me parecía muy raro. Que si alias, que si expulsar disco, que si Macintosh HD...
Pero fue mi primera experiencia con la informática. Y claro, en un momento determinado tengo que sacar el disquete y no sale. Me voy a buscar a mi profesor y le explico el problema. Ni corto ni perezoso echa mano de un clip, le da forma recta y lo introduce por un agujerito al lado de la disquetera. Y yo pensé: ¿esto es algo cutre no?
Me gustaba aquello de Claris Works, sonaba muy personalizado. Pensé que era el nombre que mi profesor había dado al programa en honor a algún antiguo amor llamado Claris o Clarisa. ¡Y no estoy bromeando! Es que era muy pez.
Es por esto que yo soy un Switcher peculiar, porque aún habiendo dado mis primeros pasos informáticos en un Mac, no fue hasta mucho después que volviese, esta vez con todas las consecuencias, al mundo Mac, ya como propietario de uno de ellos.
Y me compré mi primer PC, con Windows...y otro y otro...
El verano de ese mismo año tenía que hacer trabajos para el doctorado pero no regresaba a la Universidad hasta el invierno así que tuve que echar mano del ordenador de un buen amigo. Aquello era diferente. Se llamaba Windows 3.11 y aunque era similar al sistema operativo con el que me había iniciado me pareció más confuso. Pero me adapté muy pronto. Yo le hablaba de los Mac (con lo poco que sabía en aquel momento) y ya podía articular diferencias entre ambos sistemas operativos con ventaja para Mac.
De todas formas mi presupuesto no era muy boyante (igual que ahora) y me compré un PC 486 DX, eso sí, de segunda mano, porque yo lo veía como algo temporal.
Al tiempo me hice con un Pentium MMX, también de segunda mano y un poco más tarde con un portátil Pentium II usado.
Entre tanto, yo seguía viendo a esos maravillosos cabezones en las estanterías de El Corte Inglés.
Pero, ¿iba a seguir sin ser diferente?
Hace tan solo un año que me hice definitivamente Switcher. Tenía que comprar un ordenador porque el portátil pc tenía la disquetera y la unidad Cd-Rom fastidiadas, aparte de unos cuantos pixeles muertos y algunos otros heridos de gravedad. Y pensé que ahora o nunca.
O me compraba un Mac o seguiría en la espiral del PC perdiendo parte de mi identidad como “chico diferente”. Porque yo presumía de haber usado otro sistema operativo que casi nadie conocía, más que por el logotipo de la manzana.
Pero quería presumir de verdad, demostrando la belleza exterior e interior del Mac.
Buscando buscando...Ostras, Macuarium
Buscando un Mac de segunda mano llegué hasta la Comunidad Macuarium y ya me quedé para siempre. Fue en el Zoco donde compré mi primer Mac.
¿Cuál? ¿No lo adivinais? Pues un precioso iMac G3 strawberry que sacó por fin aquella espinita que tenía clavada desde que lo ví por primera vez en el despacho de mi profesor por el año 1.998.
Claro, yo tenía en la cabeza aquel maravilloso sistema operativo llamado Mac Os 8 y a la amada de mi profesor, la tal Claris. Bueno, ya para esta fecha sabía que Claris nunca fue un amor de mi profesor, sino el nombre del programa ofimático.
Pero me llevé una sorpresa: Aunque yo ya había leído, sobre todo en los foros de Macuarium acerca de Mac Os X, no pensaba que podría haber un sistema operativo tan bonito.
Lo tenía todo, una belleza de ordenador, mi cabezón, y un bonito sistema operativo llamado Jaguar.
Y luego el portátil: sólo podía ser un iBook
Cubierto ya mi deseo y por problemas de espacio vendo mi iMac y me compro un precioso iBook G3 de 14”.
Estoy literalmente enamorado de él. Cuando lo veo ahí, tan planito y sobre todo comparándolo con esos ladrillos de PCs, que son tan gruesos que necesitas una escalera para llegar hasta el teclado.
Me plantean la posibilidad de cambiar de sistema operativo: De Jaguar a Panther. Y yo pienso: “no debería hacerlo ya que ando escaso de RAM (384 MB) y tampoco habrá tanta diferencia entre un sistema operativo y otro”.
Claro, yo venía del mundo PC en donde un nuevo sistema operativo significa menos estabilidad y más pesadez.
Y coño, (perdón) que instalo Panther y resulta que mi iBook va más rápido que con Jaguar.
Algo debe ir mal pensé. No es normal que un sistema operativo superior agilice los procesos y la velocidad de mi máquina. Pues sí señor, así era y así es. Esto lo cuento a mis amigos peceros y me toman a risa. Y claro, ya no puedo vivir sin el exposé y el resto de funciones de trabajo que tengo configuradas en las respectivas esquinas de mi pantalla.
Mis sobrinos se querían quedar con mi portátil
La última anécdota ocurrió hace tres fines de semana: Estaban mi hermana, su marido, su hija de 12 años y su hijo de 9 pasando unos días en mi casa.
Mi sobrina es una chatadicta y messengeradicta. Cuál es mi sorpresa que la descubro, a los cinco minutos de estar chateando con sus amig@s, con ocho o nueve conversaciones simultáneas y controladas a través de Exposé.
Tanto le gustó que la oí decir al padre: como te vas a cambiar de ordenador, dile al tito que te ayude a comprar uno de estos que va más rápido que el tuyo y además tiene esto tan chulo de “colgar las ventanas”.
Pero es que al día siguiente me encuentro al pequeño (9 años) metido en Safari buscando imágenes de Spiderman 2.
Le digo que arrastre las imágenes que le gusten al escritorio y que luego yo se las guardaría en un archivo y quedó alucinado. Ahí estaba el chaval, que apenas llegaba a la mesa del ordenador arrastrando y soltando sus imágenes favoritas de Spiderman y otras hierbas al escritorio.
El padre se quedó alucinado y me dijo que estaba pensando seriamente en comprar uno de estos.
Creo que pronto vamos a tener otro nuevo Switcher.
camarmac
¿Quieres leer otros artículos de esta misma serie?
Historias de Switchers I, Por MacAlvy
Historias de Switchers II, Por Masivi
Historias de Switchers III, Por GONTZAL