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Historias de Switchers X
Por Rodolfo_36

21/4/2005

YO NO CREO EN LA FIDELIDAD, LAS COSAS HAY QUE GANÁRSELAS DIA A DIA

Y... ¿quién soy yo?

Siempre fuí un bicho raro o, como dice mi padre, un espiritu de contradicción. Alguna razón tendrá cuando todas las mañanas, mientras los casi doscientos PCs de mi instituto arrancan sus sistemas operativos tristemente compilados en una lluviosa ciudad americana, yo enciendo la pantalla del mío para ver a nuestra Macu nadando orgullosa en los oceános del software libre y de inmediato coloco a su lado mi Powerbook para que no se sienta sola en aguas tan ajenas. Yo soy así, la pieza que nunca encaja, la rueda que no se puede equilibrar, el elemento que queda fuera del diagrama de Euler-Venn... ¿Acaso no es eso pensar diferente?

Yo también tuve mis principios...

No me dejáis alternativa; contaros mis principios equivale a reconocer lo viejo que soy. Podéis imaginarme en mi cama, a los quince años, programando un Sinclair ZX-81... en una libreta de papel. Asombrosa máquina con sus 1024 bytes de memoria que se acababan antes de que comenzara mi imaginación. En los archivos de mi mente, protegidos contra borrados accidentales, podríais encontrar nombres extraños como Dragon 32, Oric-1, Oric Atmos, Einstein, New Brain, y otros más conocidos como Commodore VIC 20, Commodore 64 o Sinclair ZX-Spectrum. Todos ellos pasaron por mis manos hasta que por fin conseguí mi primer ordenador personal, un Amstrad CPC464, que cambié por un Amstrad CPC664 como pago por programar la aplicación para el alquiler de cajas de pescado en el Puerto Pesquero de Alicante. Con 17 años, no es de extrañar que tuviera mis primeros escarceos con el lado oscuro: para el programa utilicé M-Basic en un Apricot F1, un ordenador basado en un 8086, con MS-DOS... pero que no era un PC. Microsoft acababa de entrar en mi vida.

... pero los perdí

Y lo hice a lo grande, puesto que no comencé mi travesía del desierto sin pasar por un maravilloso Atari 1040ST, al que considero el auténtico precursor de mi etapa maquera. Un mega de memoria, sonido y video impecables para la época y una interface de usuario a años luz de todo lo que Redmond pudo ofrecer durante años. Lástima que mi unidad fuera casi un prototipo, con un teclado adaptado al español con pegatinas, y que el software no se conseguía, ni siquiera pagando, con la facilidad de hoy en día. Aún vive este aparato, cómodamente almacenado en el armario-museo de un amigo tras pasar un tiempo en manos de mi padre, tras comprarme en 1985 mi primer PC: un Atari PC3. Y pasaron las diferentes versiones de MS-DOS, y las de Windows, y mi interés nunca consumado con OS/2, hasta que en 1996 instalé mi primera distribución de Linux, intentando recuperar mi pasión por los ordenadores. Los cuelgues y bloqueos, los pantallazos azules de la muerte y los saludos con los tres dedos (Control-Alt-Del) fueron pasando progresivamente a la historia...

Mire, compare, y si encuentra algo mejor...

Internet es una ventana al mundo. Sus cristales no siempre están limpios y, además, no se puede abrir. Pero es grande y abarca a todas partes. Una conexión rápida, muchas horas libres que matar, y el mundo es tuyo... siempre que no lo quieras tocar. Entre 1996 y 1998 pasé dos años en el limbo de una estancia postdoctoral en Inglaterra y tuve a mi disposición... una conexión rápida y muchas horas libres que matar, así que como no sólo de lo único vive el hombre, dediqué el resto de mis horas de navegación a otros temas que me interesaban, en especial los sistemas operativos alternativos. Poquito a poquito me fuí haciendo asiduo de las web especializadas y conociendo mejor lo que había al otro lado de mi PC. Los Macs fueron entrando en mi vida, sobre todo con Mackido, una web estupenda desgraciadamente desaparecida (aunque visitable en http://www.mackido.com ) y mi pasión con los NeXT y el OpenStep que usaba en mi Linux como gestor de ventanas y aplicaciones.

La ley del deseo

Ya de vuelta en nuestro país, al Tío Rodolfo podíais encontrarlo con facilidad en cualquier web relacionada con Linux, aunque seguía sin perder de vista a los Macs. Poco a poco, el gran momento se iba acercando. Sabiendo que la compatibilidad con los formatos de archivo no iban a ser problema para mí, comienzo a jugar con la idea de comprar mi primer Mac, pero me frena lo que leo en los medios especializados: esperas interminables para conseguir los equipos, mala asistencia técnica, falta de seriedad, etc. Mi deseo se enfría, pero no se apaga. Como tantas cosas importantes, todo se decide en unos momentos donde embriaguez e inspiración se entremezclan. Compro un portátil Toshiba que me da mucho peor rendimiento y calidad de lo esperado y, antes de darme cuenta, lo vendo y casi de noche llamo por teléfono a una tienda maquera de Valencia con una pregunta sencilla y directa: ¿tenéis en tienda un iBook de 12” con lector de CD? Acababa de cruzar mi pequeño Rubicón... ¿me ahogaría en él?

El placer en la madurez

Los veteranos sabéis mucho más de firmware, PRAMs y extensiones del kernel, pero cuando en el Foro aparece alguien describiendo sus gozos al abrir la caja de su primer Mac, ahí, amigos míos, los recién llegados os aventajamos en la frescura de nuestros recuerdos.

Y es que la gente de Cupertino sabe cómo envolver una joya. Incluso mi mujer, de natural fría para los adelantos electrónicos, no se ha perdido la apertura de ningún equipo Apple que ha entrado en casa. La belleza y el tacto de mi pequeño Blanquito es parte ya de mi relación personal con los ordenadores.

A pesar de la novedad no hubo sorpresas, salvo el hecho de que Steve Jobs parecía dar por hecho que todo el mundo debía saber por instinto cómo se usa el teclado de un Mac, ya que la documentación al respecto era inexistente, lo que me llevó a escribir una carta al director de la revista maquera de mayor circulación en nuestro país, que fue contestada por correo electrónico de manera extensiva y muy educada por su director.

Una vez solventados mis problemas con el teclado comencé a dejarme ver por los foros de la revista en cuestión, así como por los de la propia Apple.

Los acontecimientos se iban acelerando. Oigo hablar de la existencia de Macuarium, y hago visitas furtivas al foro. Una vez que el experimento iBook había tenido éxito, comienzo a pensar en cambiarlo por un Powerbook, pero no logro venderlo. Al cabo de unos meses, publico mi primer post en Macuarium, un anuncio de venta de mi Blanquito. Poco a poco, los mensajes se irían acumulando...

No tenía dudas a priori, pero la constatación era ya completa: se puede vivir muy a gusto con un Mac, así que era momento de deshacerme de una vez por todas de mi PC.

Estamos cerca del verano de 2003 y aparece por fin el PowerMac G5 tras meses de espera. Funcionando con mi iBook a dos pantallas como ordenador principal espero tres meses a que los problemas iniciales de suministro se reduzcan y por fin me decido a comprar uno.

Llamo a la Apple Store y comienzo a conocer el lado oscuro de Apple: me atiende un chico con quien no sé si debo hablar en inglés o en castellano, que me insulta tres veces durante nuestra conversación por no dominar nuestro idioma, y me despide con un “¡adiós tio!” que me deja de piedra, y finalmente me pierden el dinero de la trasferencia y me toca a mí y a mi banco resolverles el entuerto.

Por fin llega el aparato, al que llamo Imperioso en honor al imperioso deseo que tenía de comprármelo, en el cual este texto está siendo escrito. Salvo el ruido que produce y la falta de atención por parte de Apple para solucionarme un problemilla que ellos mismos causaron, ninguna queja tengo de él. Aquí estaba hace un momento, con siete programas abiertos, haciendo sonar a los Doors mientras codificaba los últimos CDs comprados por mi mujer para pasárselos a su iPod Mini. Todo ello sin un corte ni una queja...

Durante el otoño vendí por fin el iBook en el Zoco de Macuarium y, aprovechando una visita a mis padres en Alicante, me acerqué al centro comercial a ver si tenían un Powerbook de 15”. Salí de allí con uno de 17”, uno de los aparatos más hermosos fabricados por el hombre. A fecha de hoy, varios meses después, Alicantino no me ha dado ni una sola queja. Ninguna.

Este es el inicio de una gran amistad.

Ésta es la historia de un bicho raro con ordenadores raros. Pero rareza y conformismo son palabras mal avenidas; es más, generalmente son términos opuestos. Si le preguntáis a mi mujer os dirá que yo no creo en la fidelidad. Las cosas hay que ganárselas día a día. Ella se la gana con creces, y mis Macs de momento, también.

No hay nada que no pueda hacer con ellos; ni siquiera hay nada que no pueda hacer mejor con ellos. Hoy en día, sin duda alguna, son la mejor opción generalista para la computación personal, así como en ciertas áreas especializadas. En otros campos Linux puede ser competitivo, mientras que sinceramente creo que Windows no puede ser defendido con seriedad en ningún ámbito mientras no se resuelvan sus problemas de seguridad y de falta de estandarización.

Por ello no me veo volviendo a los PCs, ni siquiera con Linux, a corto o medio plazo, y me apena ver los problemas que periódicamente aparecen de falta de calidad en algunos productos y de seriedad en el servicio. Somos nosotros los que tenemos que poner coto a estas actitudes mediante presión constante y premio a la gente que nos dé el mejor trato.

No tengo dudas de que esto será así, y de que mierda de Keynote a mierda de Keynote, iremos todos viendo como los Macs van alcanzando el peso en el mercado que merecen por su calidad estética y tecnológica. Y puestos a pensar en un futuro, sino probable, sí justo... ¿porqué no imaginar a Steve Jobs con una imagen de Macu estampada en su jersey negro, reconociendo el impagable papel del principal recurso maquero en habla hispana?

Rodolfo Canet (Rodolfo_36)

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