Republic: the Revolution
Jugando con cosas serias   
Monday, 19 de December de 2005
Hay juegos sobre temas serios, y con curvas de aprendizaje duras, y con requisitos técnicos altos. Republic reúne las tres: es un reto en más de un sentido.

Durante nuestras pruebas de Republic hemos desistido al menos en tres ocasiones. Y las tres hemos vuelto a ponernos frente al Mac: algo tendrá.

De conspiradores y revolucionarios

El juego es una mezcla de rol y estrategia en un entorno bastante poco habitual: el protagonista debe crear y dirigir una facción revolucionaria para derrocar al tiránico gobierno de Novistrana. Para ello, contamos con un líder con cara de joven Lenin y con una serie de seguidores, cuyo número y habilidades irán subiendo poco a poco según ejecutemos con éxito distintas acciones políticas.

Esas acciones empieza siendo sencillas (campañas puerta a puerta, carteles, reconocimiento de zonas) y se complican (pintadas, mítines, suelta de folletos, favores, contactos) y endurecen (cobro forzado de deudas, difamación de facciones contrarias, destrozos urbanos). La competencia no es sólo "el sistema", sino las distintas facciones políticas análogas a la nuestra.

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El objetivo inmediato de la competición es lograr el mayor porcentaje de apoyo de los distintos barrios de la capital, divididos en tres tipos que se corresponden con el tipo de recurso que obtenemos gracias a su apoyo. Esos recursos se consumen al realizar las distintas acciones, y se pueden ver afectados por el control de los distintos edificios clave que hay en la ciudad. A su vez, los distintos tipos de acciones tienen diferente efecto según el barrio y el lugar donde las realicemos.

El éxito o el fracaso en las acciones influirá sobre la determinación de nuestros seguidores (además de en el apoyo ciudadano), pudiendo causar deserciones... y al revés, proporcionando puntos de aprendizaje para perfeccionar al seguidor.

Los objetivos secundarios de Republic forman una trama cada vez más compleja, análoga a misiones. Vamos recibiendo objetivos de "contactos externos", "antiguos mentores" y similares. Ya sea el control de un barrio, o lograr un apoyo mínimo en toda la ciudad... o incluso organizar la fuga de activistas de la prisión, ocultarlos y protegerlos.

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Cuando los adornos estorban

Todo ésto suena interesante, al menos para ciertos tipos de jugador... y por éso pedimos el juego al fabricante. Pero Republic tiene problemas.

El interfaz de juego se divide en tres partes: el sistema de gestión de recursos y asignación de misiones, la vista "satélite"... y la vista normal. La vista normal es una completa renderización en 3D de la ciudad y todo lo que pasa en ella, incluyendo hasta el cambio de la sombra a lo largo del día, coches, personas...

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En este entorno 3D se suceden las animaciones que ilustran los eventos, y podemos ver a nuestros seguidores desplazarse y operar siguiendo las órdenes recibidas, con el detalle suficiente para ver la acción a gusto. A gusto, claro está, de quien tenga un buen ordenador... para concretar, un ordenador con más de 1,2 GHz y una tarjeta gráfica de más de 64 MB, porque el mínimo teórico de 32 no es suficiente: la lentitud de los eventos en pantalla hace que no se pueda manejar el resto del interfaz.

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El entorno 3D es un estorbo en más sentidos. Ver animaciones de cada conversación o mítin o evento, en las que los protagonistas balbucean un símil de eslavo que no se entiende, aporta poco después de la primera vez... pero si te las pierdes, no puedes usar los controles de detalle (sentido de la pintada o de la oratoria, objetivos de la conversación). Claro que dado el bloqueo del interfaz, tampoco hay modo de usarlos bien...

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Suponemos que las 3D deben ser poco menos de obligatorias... pero en este caso son una desventaja.

Y además, Feral ha vuelto a sacar el juego con algunos problemas (ciertamente muy menores) de estabilidad y de detalle. Por ejemplo, no se puede dar nombre a los juegos grabados.

Por no mencionar los manuales... el manual online es una simple guía del interfaz, y el otro tampoco está a la altura de ilustrar a un usuario hispano parlante (algo que sería de esperar en un juego por lo demás bien traducido al español... diálogos aparte). Y es una pena, porque este juego requiere una buena explicación: una vez que se entiende, y mientras dura la paciencia con la parte en 3D, es un buen entretenimiento.

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En conclusión

Republic: the Revolution permite jugar a algo que no se ve con frecuencia en el ordenador, y la idea del juego está sinceramente bien. La lógica interna está muy bien. A quien le guste la política (especialmente "de base"), esta es una forma muy concreta de situarse en los pies de un activista en una sociedad que necesita cambios. Y también es un agradable juego de rol.

Eso sí: es necesario contar con un Mac con buena tarjeta gráfica... y bastante paciencia. No os olvidéis de grabar de vez en cuando.

Resumiendo, 6 macus sobre 10. Si le quitaran el extra de 3D, serían al menos 8.


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