La trampa de Google (III): Android, ese monopolio

by Miguel 177 views0

Android es un sistema operativo creado por Google y licenciado gratuitamente a cualquier fabricante que cumpla sus condiciones. Es un sistema que se promociona como “código abierto”. Cualquier puede tomarlo, evolucionarlo, y hacer con él lo que prefiera, sin necesidad de usar las aplicaciones ni el store de Google. Amazon lo hace. Es lo habitual en China. Y sin embargo, es la causa de un proceso que la Comisión Europea tiene abierto contra Google por “abuso de posición dominante”.

Las acusaciones son que Google perjudica la competencia, principalmente al:

  • Requerir e incentivar que los fabricantes sólo instalen sus propias apps/servicios, especialmente su buscador.
  • Agrupar obligatoriamente algunos productos de Google con otras apps y servicios.
  • Reducir la capacidad de los fabricantes para usar y desarrollar otras versiones de Android.

¿Qué quiere decir todo esto?

De entrada, Android no es monolítico. Tiene dos partes bien diferenciadas: la abierta, el Android Open Source Project (AOSP) que cualquiera puede usar, y la capa cerrada propiedad de Google, compuesta esencialmente por sus aplicaciones. Un poco como Apple con Darwin y Mac OS X.

Google empezó manteniendo versiones abiertas de casi todas esas aplicaciones. Pero según Android empezó a ser dominante, ha ido dejando de hacerlo. Así, cada vez que un producto cambia de nombre o aparece en el Play Store, suele significar que una nueva pieza ha pasado de abierta a cerrada (y la pieza abierta ha dejado de ser desarrollada, con lo que pronto pierde compatibilidad, usabilidad e integración con los servicios web de Google). Ron Amadeo hace un repaso histórico del proceso (y de las piezas implicadas) en ArsTechnica aquí.

Estas aplicaciones incluyen funciones de búsqueda, control de teclados, cámaras, y otras prestaciones bastante básicas. Cualquier aspirante a hacer su propia versión de Android se encuentra con que tiene que reconstruir, desde muy abajo, la mayor parte de lo que un usuario utiliza. Las versiones AOSP son fósiles: en F-Droid puede verse el puñado de aplicaciones que funcionan en Android a secas.

Y por ahí es donde Google tiene cogidos a los fabricantes en una pinza doble. Si quieren Gmail, Maps, Google Now, Hangouts, YouTube, o incluso el Play Store (y los quieren porque sus clientes los quieren), los fabricantes tienen, en la práctica, que unirse a la Open Handset Alliance. No es que sea obligatorio, no, pero prueba a que te licencien Android sin ser miembro. Y una condición para ser miembro es comprometerse  a no fabricar aparatos Android “no aprobados por Google”. Es decir (por ejemplo) que Amazon no puede encargar sus Fire (un Android no-Google) a ningún fabricante que ya haya firmado con Google.

En resumen: si quieres Gmail o YouTube, tienes que licenciar el Android de Google y no puedes dar soporte a ninguna versión diferente (entre otros aros por los que pasar).

Y si usas el Android de Google, tienes que usar sus aplicaciones porque vienen con él. Todas, Obligatoriamente. Y cuidado con montar una app que bloquee a una de las de Google porque te pueden declarar incompatible (caso real). Se pueden instalar competidores (Samsung lo hace), pero no impedir que la de Google funcionen. En cuanto a las búsquedas, Google y sus abogados admiten que requieren a los fabricantes que usen la búsqueda de Google como pago por ofrecerles la suite sin coste de licencia.

Finalmente, Google Play (el Store de Android) y las APIs de Google no funcionan sobre Android que no sean el de Google. Lo que significa que la mayoría de las apps desarrolladas para Android no funcionan, por dictamen de Google y no por razones técnicas, en (por ejemplo) un Fire.

Como en el caso de Microsoft hace unas décadas (y como le acabará pasando a Facebook), usar de esta manera su posición dominante en el mercado de smartphones (el 80% que dicen que tiene es bastante dominante) para colocar sus aplicaciones estrella y dificultar la competencia, suena bastante mal. Incluso si no hablamos del modo en que usan la doble llave entre Android y sus aplicaciones para impedir la competencia en el propio sistema operativo.

Dicho de otro modo: visto desde aquí, Google usa la demanda de sus apps, y sus prácticas de licencia, para mantener un monopolio de Android. Y usa su control de las versiones de Android para reforzar el dominio de sus apps y debilitar o excluir a la competencia.

Google ya ha negado que las cosas sean así (no reconoce ser dominante ni el papel de sus apps), en su respuesta a la Comisión Europea. Veremos si les convence más que en el caso contra Google Shopping.

Para ampliar:

La trampa de Google (I): Aplicaciones que no venden

La trampa de Google (II): Hardware sin beneficios

Google tras Android: Fuchsia.

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