Vende tu cámara

by Miguel 102 views0

Cada vez es más frecuente. Esa cámara réflex, tesoro de la familia y orgullo de uno de sus miembros, en cuyos objetivos y manías se ha gastado tanto tiempo y dinero, se pasa las vacaciones en el armario. Ni siquiera viaja. La foto obligatoria de cada año sobre el Pretorio de Tarragona, o frente a las olas, o en el jardín de los abuelos, se toma con un iPhone. Especialmente si es un iPhone 7+.

Y cada vez es más frecuente porque cada vez compensa menos cargar con una cámara “prosumer” y sus objetivos. Un buen teléfono no es barato, pero no hay color, y es difícil justificar el coste e incomodidad por la diferencia en resultados.

Una buena cámara hace cosas que un teléfono sólo puede aproximar. El efecto de profundidad de campo (por el que vemos el fondo difuminado), o la capacidad de captar mucha más luz en situaciones poco iluminadas. Hay  maneras de compensarlo hasta cierto punto (periféricos, software) pero es verdad que en las situaciones límite hay diferencia.

Pero esas prestaciones adicionales de la cámara réflex ya sólo son relevantes en unos pocos casos, para unas pocas personas. Ya con el iPhone 6, hubo más de un caso de fotógrafos de primera fila que dejaron la cámara atrás. Y los resultados lo justifican.

En cambio, hay cosas en las que la cámara sale perdiendo y no son sólo el peso. El interfaz de uso, la facilidad de edición y postproducción inmediatas, las conectividad (incluyendo la posibilidad de colocar la imagen en ese panel de anuncios de fotógrafos, Instagram) son exponencialmente mayores en el teléfono. Sentarse delante de un Mac a trabajar con Lightroom durante horas es algo que raramente merece la pena… o hace ya falta para lograr una buena imagen. Con Snapseed, o cualquiera de dos docenas de competidores más que asequibles y mayormente intuitivos, el trabajo de casi cualquier usuario está cubierto.

Salvo por el fotógrafo profesional o semiprofesional, las cámaras tradicionales tienen ya poco sentido. Y es normal. Como señalaba la semana pasada Frederic Filloux, sólo la división de fotografía de Apple (el Apple Imaging Group) emplea más de 1000 ingenieros. Más que varias empresas de fotografía juntas.

Otra cosa son productos que van más allá de las cámaras actuales como Light.co. O que intentan aliarse con los teléfonos en lugar de competir con ellos. Uno que nos gusta es la cámara DxO One, con un sensor muchísimo más grande que el del iPhone (por tanto capaz de captar imágenes con mucha menos luz) además de 20 megapíxels. Pero sobre todo, además de funcionar sola, está pensada para enchufarse en el puerto de un iPhone y funcionar en simbiosis completa.

En un mundo en el que la capacidad de proceso y el software marcan cada vez más el resultado, para el común de los mortales y la mayor parte de los aficionados a la fotografía, la óptica y el sensor no justifican cargar con dos kilos de cámara.

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Buenos consejos para usar el iPhone como un fotógrafo profesional.