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Ley del silencio ante Microsoft

28-02-2.000

 

La revista Wired publica, en su versión online (o al menos aún no lo he visto en la impresa) un artículo llamado "Fear and trembling in Silicon Valley" (Miedo y temblores en Silicon Valley) una historia que debería ser lectura obligatoria para todos los que aún piensan que todo el juicio contra Microsoft no es más que el montaje de una panda de mediocres incapaces de competir con Gates.

Hemos hecho un extracto, centrándonos sobre todo en la parte que tiene que ver con Jobs, pero nos ha parecido lo suficientemente importante como para traducir todo el argumento. Ahí va.

Miedo y temblor en Silicon Valley

"Si el Departamento de Justicia quería buscar sanciones severas para Microsoft, iba a necesitar el apoyo de los líderes de Silicon Valley. No apoyo para el fiscal, sino para los remedios serios (las medidas legales a aplicar contra Microsoft para evitar que siga afectando negativamente a la competencia, N. del T.) . Y no un apoyo sutil, clandestino, de puertas adentro, sino claro, directo y público. Apoyo del tipo que da forma a la cobertura de los medios de comunicación y a la opinión editorial; del tipo que llega al hombre de la calle; del tipo que convence, y mueve votos, en el Congreso. Klein (el fiscal) sabía que la fase de buscar remedios iba a ser intensamente política. Necesitaba que se oyera al Valle.

Lo que consiguió fue un silencio atronador."

Nadie quería aparecer como la voz de los perjudicados por Gates a la hora de pedir sanciones concretas. Klein tuvo que maniobrar como loco para conseguir reunirse con los líderes afectados, y lo intentó todo para convencerles de que respaldasen alguna solución concreta. Gente como Scott McNealy de Sun, Eric Schmidt de Novell, Jim Barksdale ex Netscape, Ray Lane de Oracle, scott Cook y Bill Campbell de Intuit llegaron a reunirse para acordar alguna medida, pero no se llegó a nada.

La acusación esperó entonces a que todos estos millonarios mudos tuvieran pruebas de que el Departamento de Justicia iba en serio, de que podía ganar. "Si Jackson nos dá la razón claramente", decía un abogado del fiscal en Febrero, "todos esos tipos que ahora tienen miedo de hablar harán cola para testificar en la fase de propuesta de remedios".

Pero el informe de Jackson llegó, y les dio la razón... y de Silicon Valley siguió sin salir una sola voz de altura que apoyara la causa del Departamento de Justicia a la hora de proponer remedios concretos.

La acusación necesita ayuda

La razón de que Klein necesite este apoyo es muy sencilla: si el juez falla contra Microsoft, y especialmente si lo declara monopolio, la defensa de Microsoft es la que está inundando los medios de comunicación: vale, son un monopolio, pero un monopolio de algo superado, dueño de una tecnología arcaica que, en la edad de Internet, no puede esperar seguir dominando el mercado.

Lo que quiere el Departamento de Justicia es alguien de peso que argumente que las fuerzas del mercado y las nuevas tecnologías no son suficientes para contener el poder de Microsoft. No han pedido que se apoye un posible remedio u otro (estructural, de conducta, o mixto) sino que se pidan "remedios serios". Que alguien serio dentro de la industria diga claramente que para contener a Microsoft no basta con unpar de azotes judiciales. Lo que quiere es que pidan algún remedio, lo que sea. Porque si Microsoft puede definir el marco del debate, Klein sabe que tiene la batalla política perdida.

Los remedios propuestos ya han sido descritos aquí. Los estructurales consisten en distintas variedades de división de la empresa y su propiedad intelectual, de las cuales parece estar imponiéndose una que se llama "picar la empresa", separándola en tres compañías de sistemas operativos y dos con los activos de Internet y resto de software.

Lo que busca Klein es alguien de peso que no sea Larry Ellison ni Scott McNealy (el uno por bocazas y el otro también), alguien que hiciera de cara visible de la industria a la que Microsoft depreda. Barksdale, Campbell y pocos más están en la categoría necesaria. Pero el problema es que se niegan. Todos se niegan.

Campbell empezó por dejar claro que creía que Microsoft conseguiría librarse de la acusación y dar un baño a sus abogados, y se negó a participar. Ahora que ha visto que las cosas van en serio, parece que se siente obligado a declarar y lo hará por alguna variedad de reforma estructural porque está convencido de que una restricción a la conducta de Microsoft sería válida el tiempo que tardaran en encontrarle las vueltas.

El reino del terror

Nadie está dispuesto a ponerse en frente de Gates en el papel que pide Joel Klein. Nadie.

Ted Waitt, el presidente de Gateway, es "joven, guay, coletudo, iconoclasta y asquerosamente rico. Las relaciones de su empresa con Microsoft son difíciles si no hostiles. Como le dijo a uno de los intermediarios de Klein, "Gates ya me odia". Pero ¿testificará? No. ¿El informe de Jackson ha afectado a su decisión? Aparentemente no. Waitt sigue tan callado como una mosca -una mosca joven, guay y coletuda - cuando se trata de proponer remedios."

O el propio Eckhard Pfeiffer, ex CEO de Compaq, "un hombre que sabe donde están enterradas las víctimas de Microsoft al menos tan bien como cualquier otro de su industria. Pfeiffer ya no lleva Compaq; ya no depende de Microsoft para ganarse la vida. ¿Habla? Ni de broma."

El mismísimo Lou Gerstner, CEO de IBM, le dijo a Scott MacNealy al comienzo del juicio: "Vé tú a cargar contra esos molinos, hijo. Yo me quedo a mirar."

Los que controlan el flujo del capital-riesgo en California, los que "han pasado horas quejándose a Klein en privado del peligro que la rapadidad de Microsoft representa para el clima de inversión de Silicon Valley. Si la amenaza es real, ha llegado el momento de explicarlo. ¿Cuántos inversores han sacado la cabeza y levantado la voz? Ni uno."

"Tedd Waitt necesita acceso a Windows 2000 tan pronto como sus competidores lo tengan; no puede decir nada que ponga eso en peligro. Eric Schmidt necesita acceso a las APIs de Microsoft para que el software de Novell funcione con Windows, y no va a jugar con eso. Sin Microsoft Office, Apple está muerta. ¿Va Jobs a arriesgarse a perder Office? Vamos ya..."

Jobs y el juicio

Como dice Wired, el caso de Jobs es muy representativo. "Nadie en el mundo de la alta tecnología entiende mejor que Jobs lo que es tener la supervivencia de tu empresa a la merced de los caprichos de Bill Gates. Es incuestionable que, sin Microsoft Office, todas las campañas publicitarias serían inútiles; sin Office, el Mac estaría muerto. Cuando se firmó el famoso (o infame, según las simpatías de cada uno) pacto entre Apple y Microsoft en Agosto de 1.997, a Jobs se le dijo que podía quitar Netscape y poner Explorer como navegador por defecto del Mac, o afrontar la pérdida de Office. Jobs se rindió. No tenía elección".

En 1.998 la amargura de Jobs ya era rabia. Antes de decidir presentar el caso, un abogado del gobierno fue a verle a Cupertino para pedirle ayuda para preparar la acusación... y se encontró con una explosión de las que Jobs solía tener hace años cuando algo le molestaba de verdad. Según Wired, gritó al pobre abogado que "¡El gobierno es una mierda! ¡El gobierno es una mierda! No habéis hecho nada, no os habéis enterado, habéis sido demasiado lentos, nunca cambiaréis nada". Veinte minutos de filípica que incluyeron todo tipo de argumentos sobre cómo Microsoft estaba acabando con la innovación y envenenando la industria. Y que acabaron (Atención, por favor) con Jobs comprometiéndose a apoyar cualquer intento serio de detener a Microsoft con un cheque de su bolsillo por 10 millones de dólares - 1.600 millones de pesetas - para un fondo legal de apoyo.

Ahora que el juicio ha tenido lugar y casi está ganado (aunque cabe recurso) hay que ponerse a definir el remedio que se pide. Y "Joel Klein llega a Silicon Valley en busca del apoyo de Jobs. Lo necesita. Nada nuevo, lo que buscado siempre: durante el jucio tanto el Departamento de Justicia como el senador Orrin Hatch le suplicaron que testificara. Jobs permitió que un ejecutivo de máximo nivel de Apple, Avie Tevanian, lo hiciera. Pero en cuanto a testificar él mismo, Jobs se arrugó."

"Klein debe haber esperado que el panorama legal llevara a Jobs a un cambio de opinión. Debe haber esperado que en este momento central de este juicio antimonopolio histórico, uno de los auténticos líderes y visionarios de la industria estaría dispuesto a salir al centro del escenario y decir cuatro verdades. ¿Y cómo respondió Jobs?". Diciendo que sí, pero. Pero que sólo si Andrew Grove, el presidente del consejo de administración de Intel, "sale" con él.

Y si bien Grove sabe de Gates y sus malas obras, en carne ajena y en carne propia, más que nadie, y tiene de verdad el peso como para plantarse frente a Microsoft, el hecho es que no hablan del monopolio "Wintel" por nada. Que Grove declare no es una posibilidad creíble. Jobs se ha escurrido de momento, prometiendo nada más que hablará con periodistas sobre la necesidad de los "cambios estructurales", aunque sin dejarse citar.

En los últimos días se ha especulado con que Jobs abandone la retaguardia y ponga su carisma encima de la mesa, lo que podría cambiar el tono del debate no sólo por lo que Jobs pueda decir y cómo lo haga, sino por el ejemplo que podría dar a la industria.

Ley del silencio

De momento, sin embargo, "el silencio de Steve Jobs lo dice todo, no sólo sobre él sino sobre el estado de la industria tecnológica hoy. Como ya sabemos, estamos en medio de la 'mayor creación legal de riqueza en la historia del planeta' y Silicon Valley es el epicentro. El dinero ha creado un Valle repleto de firmas llevadas por gente de agudo intelecto, fiera competitividad, inmensa ambición empresarial, y audacia financiera. '¿Cuánto dinero hay que tener para ser capaz de decir la verdad?', se pregunta Bill Joy, legendario guru del software, científico jefe de Sun y crítico deslenguado de Microsoft. 'Parece que cuanto más dinero tienes, menos coraje te queda, lo que es extraño, y triste' ".

"Y sin embargo, tal el el clima de miedo e intimidación que rodea las cosas de Microsoft que hasta una figura tan impolítica como Jobs se siente obligado a callar, como casi todo el mundo en la primera liga de la industria, desde Andy Grove a Lou Gerstner, de John Doerr a John Chambers, de Steve Case a John Bezos. Cada silencio tiene sus motivos. Pero colectivamente, el silencio de toda una industria manda un mensaje claro y alto. De hecho, a su modo, puede que éste sea el testimonio más elocuente que nunca ofrezcan los líderes de la industria".

 

 

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