¿Un largometraje montado en un Mac? Parte
III, por William McGrath
O, cómo sobrevivir a la fascinante aventura de ser pobre
16-03-2.000
Tras el rodaje, me fui a Guadalajara, México, a impartir un
curso de diseño multimedia en una universidad. Durante todo ese
tiempo me asaltaron las dudas sobre los problemas que me esperaban cuando
volviera a Madrid; problemas con el software (un programa nuevo, y por
tanto seguramente inestable y con rarezas), el hardware (¿cuánto
disco duro es suficiente para montar un largometraje?) y la angustia
de que todo dependiera de equipos prestados, o más bien, de momento,
de equipos prometidos.
De vuelta en Madrid nos pusimos en marcha. Alejandra Goyarrola, de
LaCie, nos facilitó un disco duro de 50 GB, sin ningún
problema. Una pieza clave del puzzle estaba en su sitio.
Apple nos dijo que el G3 prometido no podría dárnoslo
antes de tal fecha, y para devolver unas pocas semanas después.
Empieza el via crucis de los Macs. Luego la fecha prometida se volvió
a retrasar. Yo tenía un G3 266, pero ni instalándole una
tarjeta Firewire me funcionaría: hace falta al menos un procesador
a 300 MHz. Finalmente un amigo, el realizador Dimitar Venkov, me ofreció
su G3 azul.
Pero Mimo, tú necesitas ese ordenador, ¿no?
Sí lo necesito, pero está claro que tú más.
Así empezamos a montar. Decidimos primero hacer un trailer para,
por un lado, tener algo que enseñar y, por otro, adquirir algo
de experiencia con un proyecto pequeño. Fue una buena decisión:
aprendimos mucho, sobre todo de nuestros errores. La principal conclusión
de esta etapa fue la importancia de organizar todos los planos capturados
y los archivos de audio de forma muy sistemática; cuando empezamos
el montaje definitivo, fui muy riguroso al guardar el material por secuencias,
tipos de plano (máster, contraplanos, recursos, etc.), decisión
de la que nunca me arrepentí.
Finalmente, tras varios retrasos, Apple nos facilitó un equipo,
y pude devolver su ordenador a Mimo. Paco Lara, de Apple, estuvo estupendo
a la hora de conseguirnos el máximo plazo posible, pero aun así
hubo que enfrentarse a la falta de recursos de Apple España.
Y siempre me rondaba por la cabeza una pregunta: ¿no tendrían
que ser ellos los primeros interesados en que esto funcione? ¿No
sería lógico que nos pusieran alfombra roja en algo que
evidentemente les beneficia? ¿No sería una excelente inversión
por su parte incluso traer un ordenador desde otro sitio para asegurarse
que Lost, Perdidos en Nueva York sale adelante? Evidentemente, no. Misterios
del mundo empresarial.
Cuando todavía nos faltaba bastante tiempo para acabar el montaje,
Apple nos retiró el ordenador que nos había prestado.
En Hipermac se mostraron muy dispuestos a echar una mano, pero finalmente
fue MacLen, un distribuidor que se está volcando a tope
en temas de arte digital y vídeo, quien nos prestó otro
G3 y un disco de 9 GB. Pero costó más retrasos, casi un
mes sin trabajar desde que perdimos un ordenador hasta que recibimos
otro.
Pero estábamos en marcha. Y ahora a echarle meses de trabajo,
incluyendo domingos y fiestas de guardar.