¿Un largometraje montado en un Mac? Parte
IV, por William McGrath
Firewire
17-03-2.000
Muchas personas, cuando oyen del equipo que utilizamos (un G3 azul y
blanco y un disco duro de 50 GB, básicamente), nos preguntan
qué tarjeta digitalizadora tenía el ordenador.
Ninguna.
¿Cómo que ninguna? Alguna tarjeta digitalizadora
habréis usado, una Targa o Miro, o algo así, ¿no?
Y te miran como pensando que no tienes ni idea.
No, ninguna tarjeta digitalizadora. Rodamos en vídeo digital
(hay varios formatos, nosotros utilizamos miniDV), de modo que la información
ya viene en ceros y unos. Si ahora esos datos los pasas por una tarjeta
Targa, o lo que sea, como sucede con los sistemas Avid, tienes que sacarla
por analógico (un cable de vídeo por componentes), enchufar
dicho cable a la tarjeta y volver a digitalizar. Yo aquí estoy
hablando de otra cosa: el paso directo de los archivos digitales desde
la cinta hasta el disco duro, sin que en ningún momento la información
deje de ser digital.
Claro, esto supone el traspaso de enormes cantidades de datos en tiempo
real, y para eso hace falta una conexión muy rápida: el
puerto Firewire.
Esta tecnología desarrollada por Apple, se conoce también
por su número de homologación (IEEE 1394). Sony la aplica
en sus equipos con el nombre de i-Link. Actualmente todos los principales
fabricantes incorporan un puerto IEEE 1394 en sus equipos de vídeo
digital.
La conexión Firewire también permite controlar el equipo
de vídeo desde el ordenador, de modo que puedes marcar los puntos
precisos de entrada y salida de cada captura e incluso capturar por
lotes.
Los planos capturados se guardan en un formato llamado DV Stream, que
a diferencia de un archivo QuickTime normal, conserva toda su información
original y ocupa relativamente poco espacio en el disco duro. De todas
formas estamos hablando de Gigas, muchos Gigas.
¿Cuantos? Realmente es engañoso hacer el cálculo
de tantos segundos por Gigabyte o lo que sea, ya que no sólo
hay que contar con el material que capturas (y siempre vas a capturar
un poco de más), sino además con los renders, esos archivos
que genera el programa cuando tiene que inventarse fotogramas nuevos.
Por ejemplo, si haces un encadenado, en la zona en que se superponen
los dos planos que estás encadenado el programa tiene que generar
unas imágenes que no existen en ninguno de los planos originales.
Esos son archivos que ocupan mucho espacio (y que, por tanto, de vez
en cuando hay que tirar a la papelera: con cada cambio puede que se
queden obsoletos algunos renders anteriores, y no hay disco duro que
aguante tanto).
Para nosotros, un disco externo LaCie de 50 GB con conexión
Ultra2 Wide (una conexión también muy rápida),
casi nos fue suficiente, aunque al final tuvimos que complementarlo
con otro disco de 9 GB (también Ultra2 Wide). Y claro, contábamos
con el disco duro del ordenador mismo para las aplicaciones (Sistema,
Final Cut Pro, Photoshop, After Effects, Flash para los títulos...).
No conviene utilizar el disco de las aplicaciones para las capturas,
ya que siempre va a estar algo fragmentado (la información acaba
guardándose a trozos en distintas partes del disco) y eso le
resta velocidad.
Creo que hubo gente que tuvo serias dudas sobre si todo este invento
Firewire y el programa Final Cut Pro iba a ser suficiente
para montar un largometraje con calidad altísima para su posterior
paso a cine de 35 mm. Eran dudas razonables. Nosotros decidimos apostar
por la tecnología de Apple y nos jugamos mucho en ello. Me encanta
poder decir que el ordenador de la manzanita no nos defraudó.
Tenemos un largometraje para demostrarlo.
