19-04-2.000
Ya era hora... mi querido papá está utilizando
con todo gusto un engendro diabólico llamado ordenador.
Y es que lo suyo nunca ha sido eso de pulsar teclas, mirar pantallitas
y abrir y cerrar programas. "Que noooo... que eso lo hacen los
demás, los que saben. Que es algo muy difícil.
Que a mí déjame con mi papel, mi boli, mi calculadora
y mi máquina de escribir de toda la vida, grande y ruidosa
como tiene que ser".
¿Que cómo lo he conseguido? Pues aprovechando que
ahora el hombre no trabaja y tiene tiempo para hacer lo que
quiera. Lo difícil ha sido arrastrarlo hasta la pantalla
del Mac... el resto ha venido rodado. Y es que mi papi, como
muchos, el único ordenador que conocía era el
PC de la oficina, feote, viejo, lleno de achaques y cuelgues,
que le daba más pesadillas que ayuda. Si precisamente
el manejar ordenadores -lo que nunca antes había hecho-
influyó en que aceptara la prejubilación, como
muchos otros trabajadores aún activos pero algo desfasados.
¿Y qué puede hacer alguien de menos de 60 años,
con una salud de hierro, con todo su tiempo libre? Lo que quiera,
y obligado por su hija, estirándole un poco de las orejas,
molestarse en mirar la pantalla de un Mac. ¡Pero si se
le caían las babillas y todo!. No dejaba de preguntar
si de verdad "eso" era también un ordenador, que no podía
ser tan fácil. Que lo ves todo enseguida, que si la ventana
te molesta la puedes enrollar, que mira qué papelera
tan mona, que qué bien se me da esto de arrastrar ficheros
por todas partes y pegar iconitos a todos los archivos del disco
duro...
La pasmada era yo. Ése no era mi padre. Mi padre salía
poco menos que corriendo cuando veía algo parecido a
un ordenador. Incluso con el manual de informática para
torpes, no había manera.
El peligro es que ahora me encuentro a mi padre toqueteando
mi querido trasto a mis espaldas. Y es que se ha encaprichado.
Ahora tendré que comprarle algún Mac de segunda
mano si quiero poder acercarme siquiera al mío. ¡Uy!
Internet... lo que faltaba. Nada, que no podré despegarle
del ordenador, está visto. Lo impensable hace unos meses,
es ahora una realidad.
... Ya sólo me falta mi madre... otra que tal... ;)