Todos los que se han batido a ambos
lados del diseño y la construcción de identidades
corporativas saben lo difícil y concienzudo que es el
trabajo de desarrollo de una imagen coherente, no sólo
que estimule la promesa hacia el público objetivo, sino
que luego, a posteriori, se corresponda con la experiencia.
En la medida en que esas tres variables
funcionen en un mismo nivel, la identidad corporativa es sólida
y permitirá crecer a la compañía.
Como ejemplo, podemos traer las críticas
que generó la presentación del último PowerBook
de Apple. En el fondo, eran críticas a la incoherencia
de la imagen corporativa. Tan evidente era el fallo, que la
propia jefa de producto se apresuró a certificar que
ya se estaba trabajando en una nueva carcasa, adecuada a la
imagen de los productos (y por ende, de la compañía).
Nadie discutía su poderío,
ni sus dimensiones, ni su nuevo ratón (¡!). Simplemente,
era incoherente, impropio de la nueva Apple.
Otros hechos que hace dos años
hubieran sido interpretados como propios del patetismo del perdedor,
aumentando geométricamente el vademecum de artículos
catastrofistas sobre la desangrada Apple, hoy son, simplemente,
demostraciones de lo sobrado de fuerza que va la manzana.
¿Quién hubiera dado crédito
al rumor de que el Mac OS podría salir para una plataforma
gratuita como Linux? ¿O que Apple podría ampliar
su oferta de chips, saliéndose de la plataforma PowerPC?
¿Apple volverá a licenciar productos a terceros,
como un Palm? Increible hace dos años. Imparable hoy.
Porque (a priori) todo vale, siempre
que esté garantizado por la imagen de la manzana de Apple.
Desde esta perspectiva es más
fácil explicar las cancelaciones de las licencias a terceros,
sobre clónicos y, últimamente, programas sobre
formación en educación.
La inaudita reconversión icónica
de Apple ha trascendido a segmentos impensables. Desde impresoras
hasta tostadoras, todos reconocen el carácter visionario
de "La maquinaria es bella". Recuerdo haber leido que un fabricante
de coches (Ford, creo) estaba preparando un modelo imitando
la estética del iMac.
En estos momentos, más allá
de sus productos, su símbolo, la mazana mordida, es el
principal valor activo de la compañía, convirtiéndose
en un paraguas capaz de amparar (casi) todo.
La fuerza de una imagen corporativa
poderosa, como todas las fuerzas, tiene su lado oscuro. Puede
transmitir un sentimiento de invulnerabilidad, de impunidad,
que provoca batacazos sonados. El más antológico,
probablemente, fue la modificación de la fórmula
de la Coca Cola para lanzar la New Coke. Fue tal la oleada de
protestas sobre la compañía, que se vieron obligados
a relanzar la Classic Coca Cola.
Bajo este pernicioso influjo de la fuerza,
Apple, ha tenido que sufrir la patética escena del anuncio
de los chips y las rebajas de enero que todos sabemos. No ha
trascendido, pero el gol que Motorola (suponiendo que fuera
de verdad ella) le metió a Apple, debería haber
desencadenado una oleada de dimisiones y despidos de toda la
cadena, desde el jefe de producto hasta el mensajero, por incompetencia.
Por esa espantada, la herida de la velocidad
de los procesadores de los PowerPc estará permanentemente
en entredicho, y de paso la imagen de Apple, cada vez que anuncie
uno nuevo, estará en desventaja.
Es un caso claro en que la promesa de
la empresa (500 Mz) no corresponde con la experiencia del usuario(450
Mz), y, por tanto la identidad corporativa se tambalea.
En otra ocasión, después
de meses de rumores incansables sobre nuevos productos, iMacs
nuevos, el PowerBook, el Pda, etc. el mismísimo Steve
Jobs se presentó con una improvisada re-presentación
(lo había hecho un mes antes) sobre el OS X. Por supuesto,
falló prácticamente todo. En su alocución,
el refresco de pantalla le dejo tirado en un par de ocasiones
(al más puro estilo Gates-Windows); en la superdemostración
de cómo fulminaba los juegos en 3D, el ordenador se colgó
y hubo que suspenderla.
La identidad corporativa de Apple es
un diamante en forma de manzana. Igual que su valor es gigantesco,
se puede romper con mucha facilidad. La autoconfianza y la idea
perniciosa de que ya está todo hecho, son los peores
enemigos de Apple. Especialmente con el ego de su iCEO totalmente
recargado.
Exactamente el momento en que Apple
deje de trabajar para mantener la imagen de excelencia que está
acuñando, su imagen se empezará a desmoronar.
Ya lo han vivido otras veces. Esperemos que hayan aprendido
la lección.