Como los viejos
Telefunken, como el Citröen R-5 que todavía
vemos circulando, Apple siempre ha construido máquinas
indestructibles, y, para colmo, se ha esforzado en que
no quedaran obsoletas. Con tan buen estilo
como pésimo olfato comercial, sus sistemas operativos
se iban planchando sobre modelos antiguos con retoques
mínimos (todavía conozco una Sociedad
médica que gestiona su secretaría de 2.000
y pico socios en un LCIII, con FileMaker. Evidentemente,
están en el 7.5, pero no echan de menos nada
de lo posterior).
Recuerdo una conferencia de
un directivo de Apple, explicando en off porqué
Apple nunca sería nada -o, dicho de otro modo,
porqué Apple siempre perdería la batalla
de la imagen... En aquella época, Apple vendía
escáneres, impresoras, monitores, ... y ordenadores.
No sólo tenía
que competir con IBM, Compaq, Fujitsu, qué sé
yo cuantas marcas habría en aquellos años,
publicitándose con millones y millones de pesetas
en revistas, prensa, televisión, radio, ferias,...
sino, además,
intentar convencer y vender en todos los otros segmentos.
Agfa, Canon, Epson, Hewlett Packard,... Es decir, Apple
contra el mundo. Por muy grande (que no lo era)
que fuera su presupuesto, ¿qué grado de
impacto podía tener la publicidad de Apple contra
toda la presencia sumada de los demás en la cabeza
del consumidor? La manzana era pequeña, insignificante.
Y así era percibida por el público. Un
producto minoritario se achicaba aún más
ante
la diversificación de sus impactos.
La -cruda- realidad del mercado
y los dineros han ido -literalmente- obligando a Apple
a simplificar su línea, no sólo de ordenadores
(camino que ha decidido seguir recientemente Compaq)
sino de periféricos, no tanto por la sin razón
de que Agfa, Epson, fabriquen el doble de productos,
unos para comercializarlos con su marca -más
baratos- y otros con la marca de la manzana, (esta tecnica
se realiza habitualmente en otros sectores, como televisores,
como jabones, ...) sino por una necesidad de concentrarse
en el núcleo duro del negocio (el que nadie más
fabrica) y de concentrar presupuestos e impactos.
Sin embargo, a pesar de todo,
el parque de "máquinas viejas" totalmente operativas
y funcionales decrece muy poco a poco. Todos los que
hemos madurado con Apple, amamos nuestros primeros ordenadores,
y no nos importa
invertir para mantenerlos al día.
La arribada de Jobs cambió
definitivamente el pensamiento de la compañía.
La estrategia estaba clara: captar a los novatos, reilusionar
a los viejatos y, sobre todo, mostrar un mercado, el
de Macintosh, marquista y acostumbrado a soltar la mosca
cuando merece la pena, como dinámico y atractivo.
Para materializar esa estrategia,
nada mejor que coger el hacha. De momento, cambiemos
todos los puertos del ordenador, y el que quiera periféricos,
o compra (tarjetas) o compra (nuevos): promesa a los
fabricantes de que Apple es un mercado nuevo y virgen.
Fuera ADB, SCSI, y (de paso) la disketera.
Para conseguir esa atención
del mercado, nada mejor que rediseñar los productos.
Apple lanza la moda en los ordenadores (Aún recuerdo
cuando Acer (fabricante de PC's) causaba sensación
por que sus ordenadores tenían la
carcasa negra). Colorinchis, nuevos teclados, nuevos
ratones,... promesa a los fabricantes de que el mercado
Apple se va a hacer notar.
Sin embargo, con tarjetas aceleradoras
o sin ellas, los primeros PowerPc, para muchas cosas,
siguen chutando. Se siguen instalando el 8.5, el 8.6,
el 9.0... Esta situación, que en la alianza
Wintel es impensable (ya se encarga Windows de obligar
a la renovación de los chips), en Apple puede
frenar el consumo. Es decir: tenemos un problema.
Pero también tenemos
la solución: cambiemos de carril.
El que quiera seguirnos, que
compre un ordenador nuevo. Hagamos un sistema operativo
al estilo Microsoft, es decir, que no valga para los
ordenadores más antiguos (vale que el X todavía
se podría instalar, pero seguro que el
XI, no).
Es decir, garanticemos a la
industria que la venta de programas, de juegos, de software,
en Apple, va a explotar, que vamos a presentar una plataforma
virgen, plena de oportunidades, donde todos empiezan
de cero.
Esa es la guinda de la tarta
de la Manzana.
De los comentarios finales cuando
comiencen a venderse los OS X, de la capacidad de migración
del Mackero y, consecuentemente, de la renovación
del parque de máquinas, depende todo el futuro
de Apple.
Un batacazo en las ventas del
OS X provocará que se desmonte todo el castillo
de los Imac, los Ibook, los G4 y los PowerBooks translúcidos.
Entonces, todo parecerá como una buena idea para
la que el mercado no estaba preparado. Como mal menor,
Apple quedará como fabricante de máquinas
magníficas pero con un OS deficiente. Sin Os
X, no hay tiendas Apple, ni adaptación al Linux,
ni PDA,...
¿Qué pasará
si Apple, a pesar de haber retrasado su comercialización
por razones indeterminadas, no consigue evitar fallos,
bombas, incompatibilidades, incongruencias,....?
El OS X es la clave de la revitalización
de la manzana, y Apple ha emprendido un camino sin retorno.
El S XXI se lo está jugando al OS X. En cualquier
caso, la apuesta está hecha, y a los mirones
sólo nos queda cruzar los dedos y desear que
sea ganadora.
Think & Smile (& wish
the best)