Un artículo de InfoWorld sobre las redes inalámbricas gratuitas que están surgiendo en varias ciudades ha despertado la polémica en todas partes: desde los usuarios de esas redes (como el BAWUG) pasando por los sites de los defensores de todo lo “open source” (como Slashdot) pasando por empresas y revistas de todos los pelajes. Como llevamos tiempo siguiendo el tema y la verdad es que nos gusta, y como el artículo de InfoWorld está lleno de errores, hemos investigado un poco y aquí tenéis las conclusiones.
¿De qué estamos hablando?
Los Grass-roots Networks (“redes de base”), también conocidas como Symbiotic Networks (“redes simbióticas”) o Parasitic Networks (“redes parásitas”) según de qué lado esté el que habla, son un fenómeno que lleva años fraguándose en los EEUU. Se trata de redes inalámbricas que permiten acceder a Internet de banda ancha gratuitamente desde cualquier punto en el que tengas acceso a ellas, y están causando los primeros dolores de cabeza a las empresas.
La experiencia de uso de estas grandes redes inalámbricas (WLAN) es impresionante. Como ya hemos comentado, estuvimos usando una en la Expo de Nueva York, en Julio (de hecho usamos varias: AirPort te muestra todas las que puede encontrar, y puedes intentar unirte a la que quieras... porque lógicamente las hay que exigen contraseña. Como la de Steve Jobs ;-)), y la flexibilidad de trabajo y la sensación de libertad que da un iBook con tarjeta AirPort en esas condiciones es increíble. A pesar del exceso de usuarios. A pesar de las diferentes zonas. Es una gozada. Imaginar una red así por toda la ciudad es algo increíble :-).
Usuarios, unidos, jamás serán vencidos
La raíz del movimiento es muy sencilla: en EEUU las conexiones de banda ancha no son tan raras como aquí (especialmente en las ciudades), gracias sobre todo al cable. Además, llevan tiempo experimentando con distintas tecnologías de redes inalámbricas... y llevan ya unos años con AirPort, que ha llegado a España mucho después de que allí dejase de ser una novedad.
Esto significa que tienen mucho ancho de banda que no usan, y que existe una tecnología capaz de permitir que cualquiera que pase cerca de una conexión a internet equipada con su estación base correspondiente, pueda conectarse a Internet... a 11 MB por segundo.
El primer paso fue crear areas de acceso a internet en zonas especializadas, como universidades. Varias estaciones base coordinadas en una misma red podían dar cobertura a una gran área, y un usuario podía circular de un punto a otro del área sin el menor problema, sin conectar y desconectar: es una sola red.
Luego, alguien que había experimentado la libertad de moverse sin perder la conexión se puso a trabajar en aumentar el alcance del invento. Usando el protocolo AirPort pero modificando las estaciones base (mediante aparatos de más potencia y mediante antenas de lo más curioso... el artículo de InfoWorld habla de latas de patatas fritas Pringles) se podía lograr un alcance muy superior al del sistema que vende Apple.
Y finalmente, a un grupo de gente se le ocurrió coordinarse y crear las primeras redes abiertas inalámbricas, en las que cualquiera que circule por la zona cubierta con una tarjeta compatible AirPort puede conectarse y acceder a Internet gratuitamente.
¿Porqué? Porque es una gozada. Porque les sobraba ancho de banda. Porque no hay ninguna empresa que de ese servicio (los de Richochet lo intentaron y han quebrado... y eran muy malos). Y porque a los usuarios les encantaba poder organizar algo que evidentemente ponía los cuernos a las empresas proveedoras, a las normas y al sistema de mercado. Era alternativo. Era “pensar diferente” de un modo práctico.
La utopía que no existe
Por supuesto, aunque la idea es magnífica y funciona en San Francisco, Los Angeles, Nueva York, Seattle (donde dicen que empezó; creo que no es cierto), Aspen, Portland, hasta Londres (a su manera), y en muchos aeropuertos y hoteles por todo el mundo, tiene sus fallos.
- Cobertura. Las primeras redes empezaron a funcionar en las ciudades californianas hace años, y son las primeras que dan una verdadera cobertura de casi toda la ciudad. Pero se trata de una cobertura irregular, que depende de la saturación de cada zona, de los puntos de acceso disponibles, del ancho de banda contratado por los usuarios y empresas (sí, desde “internet cafés” hasta gente con ganas de dar guerra), de las averías que se producen...
- Calidad. Es evidente que si demasiada gente intenta usar la conexión a la misma hora, va a haber problemas con el ancho de banda... Es decir, estas redes son muy útiles para aparcar el portátil en un parque o una terraza y bajar el correo, navegar un poco, etcétera, pero desde luego no están pensadas para servir una página web o dedicarse a bajar MP3 sistemáticamente.
- Interferencias. AirPort no es el único estándar inalámbrico; hay al menos otro con bastante implantación para redes empresariales. Y son incompatibles... lo que significa que no en todas partes se puede contar con una buena red AirPort de amplio alcance.
- Proveedores de acceso. Los ISPs que venden el acceso a Internet por banda ancha normalmente lo hacen asumiendo que el consumo medio va a ser una cantidad concreta, apropiada al tipo de contrato –empresa, residencial-. Cuando hay doce “residenciales” enchufados a la misma conexión, y encima se conectan esporádicamente otros setenta, el consumo crece bastante y las tarifas planas se vuelven inviables. Las ineficiencias que esto crea acabarán por hacer que las empresas modifiquen los contratos de suministro o pasen al cobro por consumo o por tramos... es decir, como hacen ya en España la mayor parte de las empresas de cable. Y esto nos lleva a...
- La economía. La gracia del invento es que se usa algo que antes se pagaba pero no se usaba: el exceso de ancho de banda de mucha gente. Según las redes crecen y se complican, y su uso se hace más común, acabamos teniendo que pagar consumo extra. Si cada vez se une más gente con nuevos puntos de acceso, eso no es un problema, pero si sólo se unen consumidores, el problema de la calidad de la conexión puede ser muy real... y la gente puede desanimarse.
- La tecnología actual. Las latas de Pringles usadas para mejorar la recepción dejan muy claro que fallan partes del sistema: las antenas que deben transmitir la señal, por ejemplo. O el número de estaciones base que pueden compartir área sin que el solapamiento cause problemas. O...
- La ley. No está legislado que se pueda hacer uso de las ondas de esta manera. Claro que tampoco está legislado lo contrario... ;-).
- La seguridad. Aunque la mayor parte de lo que se dice sobre ese tema sea producto del desconocimiento de lo que hace AirPort, el hecho es que se está dando acceso a la red a gente que no conoces para que lo use como quiera...
Y sin embargo, merece la pena
A pesar de todos estos problemas, las redes siguen creciendo y mejorando. Y es que todos los obstáculos anteriores no son un problema si se tiene en cuenta que:
- Valen para lo que valen. No se trata de hacer internet gratuita a costa de un par de miles de idealistas, sino de permitir la movilidad de los usuarios y de garantizar un acceso mínimo.
- Son de los usuarios. Esto significa que dependen del entusiasmo de gente voluntaria, y eso es el mismo fenómenos que ha cambiado la cara del mercado de software en los últimos años... solo que en vez de programar, estos caballeros pagan un poco más y se curran una antena con sus propias manos (lo que a los estadounidenses parece encantarles).
- La tecnología está a su favor. Tanto AirPort (que, como ya hemos comentado, está a punto de doblar su alcance y mejorar su ancho de banda) como los productos que se basan en él (y que fabrica cada vez más gente) van a seguir dotando a estas redes con los medios para dar mejor servicio. Mejor seguridad, mejor coordinación, menores problemas.
- Aun no tienen competidores. Como comentábamos ayer hasta que el protocolo de telefonía UMTS esté disponible y existan redes que lo usen, no hay otro modo de conectar el portátil a internet de banda ancha.
- La competencia. En EEUU ya hay unos cuantos políticos que están viendo estas redes no como un problema sino como todo lo contrario: un modo de proporcionar acceso a Internet a todo el mundo. Es decir, justo lo que no es. Para transformarlo habría que meter dinero público en el pago de las conexiones... y eso es exactamente lo que ya está ocurriendo en más de una pequeña ciudad (Jacksonville es un ejemplo). En cuanto la presencia de una red ciudadana se empiece a percibir como una ventaja diferencial entre un lugar y otro, todos los alcaldes de EEUU se pondrán a la cabeza del movimiento (allí se pelean por los trabajadores cualificados). Y los promotores de urbanizaciones. Y los dueños de hoteles. Y... Toda una industria se está preparando para dar acceso WLAN, gratis o no. Esto es imparable. Al menos al otro lado del charco.
Si se puede hacer en Londres...
... a lo mejor es trasplantable a otras ciudades no estadounidenses. Pensemos en Sevilla, o en Madrid, o en Barcelona... o en Caracas. Hay zonas del casco urbano donde hay suficientes usuarios con banda ancha como para replicar el experimento... y de momento, muy pocos usuarios de AirPort que no sean mackeros.
Podría ser interesante ;-). Si alguien se anima, que lo apunte en el GAWD, donde se lleva la lista de todos los proveedores WLAN del mundo. Y ya puestos, que nos avise :-).
Y si se puede hacer gratis...
... seguramente será más fácil aún hacerlo de pago, ya sea directamente (ISPs como Telefónica) o indirectamente (empresas especializadas o incluso cooperativas de usuarios, como proponen en Slashdot).
Sería un concepto distinto, mucho menos “hippie” y más complicado, pero imagina tener acceso a Internet en cualquier punto de la casa o la oficina, sin lio de cables ni configuraciones de redes, y encima poder salir a la calle y seguir teniéndolo...