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iPod, más allá del MP3
Los usos del "gadget" de Apple se multiplican

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En la Expo que acaba de celebrase en el Moscone Center de San Fransciso, Jobs habló de muchas cosas... y entre ellas de la evolución del iPod. En los dos meses desde su lanzamiento, la pequeña criatura blanca ha vendido 125.000 unidades, conviertiéndose (esto ya no lo dijo Jobs) en el tercer lector de MP3 más vendido de los EEUU estas Navidades a pesar de su precio.

El iPod se ha ganado un lugar en la cuenta de resultados de Apple, pero está ganándose algo más: un hueco propio en el mundo Mac. Porque es mucho más que un lector de MP3 con un disco duro pegado.

Sus afortunados poseedores ya se han dado cuenta de que el aparatito se convierte pronto en adictivo. Uno lo usa, lo personaliza, lo modifica, experimenta... al final, le coge cariño. Y es porque comparte dos características del Mac: es sencillo y, a la vez, parece infinitamente flexible.

Evolución paralela

Aparte del desarrollo que Apple está dando al software del iPod e iTunes, los programadores del mundo Mac ya están empezando a darle vueltas al aparatito. Lo primero en aparecer fue una serie de herramientas destinadas a superar el primer obstáculo que se encuentra el usuario de iPod: el sistema de protección de derechos de autor que incorpora Apple, y que básicamente consiste en impedir que las canciones puedan bajarse del iPod al Mac.

El disco duro del iPod, además, mantiene esas canciones ocultas a la vista del usuario en una carpeta invisible, de modo que si uno no se esfuerza, la piratería resulta realmente complicada.

De modo que, con el fin de que cada usuario pueda mover su música entre sus Macs usando el iPod, se han desarrollado aplicaciones para Mac OS X y Classic que ven perfectamente a través de las defensas del iPod.

Más allá

Por supuesto, eso es sólo el primer paso. Una vez se ha superado el problema básico, ya no hace falta tener copia de toda la música en el disco duro del Mac: para eso está el iPod. Y aparecen soluciones que permiten descargar música al iPod directamente, partiendo de una URL recogida en Explorer. La integración del iPod en distintas aplicaciones musicales está a un paso de distancia.

Evolución divergente

Lo verdaderamente llamativo, sin embargo, es el empeño en convertir el iPod en el hijo rockero del Newton. Tiene su lógica: tamaño ideal, una pantalla suficiente para visualizar, disco duro de sobra, memoria y procesador (por cierto, Apple sigue sin decir cual ;-)) para ejecutar aplicaciones... y un puerto FireWire que lo hace expandible hasta el infinito.

De entrada, ya están surgiendo aplicaciones de lo más ingenioso que permiten sincronizar el iPod con la agenda y los contactos del Outlook o el Entourage, y nos imaginamos que dentro de muy poco pasará lo mismo con el Palm Desktop. Uno puede llevarse puestos los datos de su agenda sin tener que cargar con nada más, y los datos se almacenan en formato MP3 y se acceden a través del sistema de menús del iPod. Sencillo, eficaz, y (a falta de un sistema de entrada de información) muy útil.

Implantes y prótesis

¿Qué sería del mundo Mac sin los fabricantes de periféricos? Sin los ingenieros capaces de crear lo que Apple no fabrica, e incluso lo que no se atreve a concebir, como están haciendo ahora mismo con el iPod. Primero fueron las cosas evidentes (elementos para llevar o fijar el iPod, elementos para conectarlo a la toma de corriente del encendedor de un coche...) y ahora estamos en pleno campo experimental.

Lo último que ha sacado Griffin es una prótesis que permite controlar mediante el iPod todos los aparatos de la casa que admiten un mando por infrarrojos, usando sencillamente los menús del aparato.

Pero esta tendencia no acaba aquí. Comparando la versatilidad del puerto FireWire del iPod con los limitados puertos del Palm o del Visor, es fácil pensar en cámaras, teléfonos, tabletas digitalizadoras...

Experiencias prohibidas

Pero eso no es todo. El iPod corre el “peligro” de convertirse en un puente ideal entre el Mac y el mundo Wintel.

Para empezar, ya está disponible una beta de un clon (por llamarle algo) de iTunes... para Windows. Y se prepara otro. Los usuarios de Windows con puertos FireWire no tienen porqué renunciar al estilo de Apple, o al menos no si lo único que quieren es escuchar música.

Sin embargo, la música sólo es el comienzo. Con un disco duro, un procesador... perdón, me estoy repitiendo :-). Lo que quiero decir es que el iPod puede ser lo más parecido a un terreno neutral, en el que la compatibilidad Mac-PC de periféricos y desarrollos cobrará más importancia de lo normal. Y la masa de los usuarios PC podrá servir para ayudarnos, por una vez.

¿Dónde está el límite?

Para cualquiera con un poco de imaginación, Apple no ha sacado al mercado un elegante y práctico lector de MP3 sino las piezas fundamentales para construir un PDA de primera fila. ¿Le falta pantalla? Pues se le pone una, que cubra la parte posterior, por ejemplo. Y que sea táctil, ya puestos. Y ¿porqué no va a ser en color, con ésa batería que se gasta el iPod?

¿Qué necesita conectividad? ¿Y dónde está el problema?

¿Qué el mini-sistema operativo se queda corto? Eso es que no lo conocemos bien. Y esa es una limitación que durará poco.

No, el iPod no es un Mac. No es un Newton. Es un experimento mucho más grande, un cheque casi en blanco, porque son los usuarios y los desarrolladores los que van a decidir en qué se convierte. Ya hemos visto que la gente quiere llevar su agenda. Y controlar su televisión. Y... ¿Qué más?

Lo iremos viendo. Lo irán construyendo. Y curiosamente, sea lo que sea, tendrá la marca Apple.

(PD: hasta que montemos la sección iPod, podéis ver estos programas en sitios como iPod Lounge :-).)



 

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