El New York Times ha publicado este fin de semana una historia que veníamos venir desde hace tiempo, y que va a marcar el inicio de una nueva pugna entre los propietarios de los activos y los entusiastass que quieren construir algo nuevo con ellos, preferiblemente sin pagarlos. Y no me refiero a una repetición del caso Napster.
Desde hace bastante tiempo, en muchas ciudades de todo el mundo vienen creciendo redes inalámbricas que dan acceso a internet a cualquier usuario que pueda conectarse a ellas utilizando el protocolo que en el Mac llamamos AirPort. Estas redes están construídas en torno a personas que conectan estaciones base con sus accesos de banda ancha a Internet. Y normalmente, lo hacen gratis.
¿Una iniciativa interesante? Desde luego ¿Legal? Probablemente ¿Con futuro? Me temo que no.
El problema es muy sencillo: las personas que están ofreciendo acceso lo están haciendo a partir de un suministro contratado con terceros. Y esos terceros, normalmente, han puesto un precio a ese suministro que está en función de lo que esperan que consuma una persona normal de sus características. Y se están encontrando que por el mismo precio, está navegando media comunidad de vecinos y los usuarios de portátiles que pasan por la zona. O lo que es lo mismo, les está costando más de lo que esperaban.
Pero ese no es la raiz del problema. La raiz es que las empresas de telecomunicaciones empiezan a plantearse entrar en el mercado wireless, porque (como decíamos hace poco en Macuarium Redes Airport del tamaño de ciudades, entre otros) cada vez está más claro que se puede hacer una explotación comercial seria. Siempre y cuando, por supuesto, se elimine antes a las alternativas gratuitas.
Dicho de otra manera, las empresas de telecomunicaciones están empezando a tener motivos serios para querer acabar con las redes urbanas gratuitas. Y ahora están buscando cómo hacerlo.
Entran los abogados
El primer golpe lo ha dado Time Warner Cable. Han enviado una carta a varios ("menos de una docena") de los usuarios de su servicio de cable-módem en Nueva York. En ella se avisa de que "operar redes inalámbricas e invitar a otros a utilizarlas libremente" constituye una "violación de sus acuerdos de suscripción", invocando una cláusula de sus contratos que les prohibe "redistribuir el servicio de conexión a Internet" que se les suministra.
De acuerdo con el New York Times, estos "pocos defensores de las redes libres inalámbricas" son personas que habían llegado a realizar modificaciones para aumentar el alcance o la capacidad de sus redes inalámbricas. Según el presidente de Time Warner Cable of New York City, Barry Rosenblum, no hay problema con redes domésticas, pero sí con los que proveen acceso gratuito a Internet a los de fuera. "Estamos intentando evitar que la gente redistribuya el servicio que les vendemos. Nuestro problema es cuando la gente específicamente aumenta la señal para compartirla con otros fuera de casa".
Sin embargo, y opinando sin ver el contrato, el tema puede ser espinoso. Es probable que la mayor parte de esos usuarios se achante y desmonte la red, o cambie de proveedor (aunque las redes de cable son pequeños monopolios en cada zona), pero también es posible que alguno plante cara, ya sea solo o ayudado por la asociación NYCWireless, y ponga en cuestión el concepto de "redistribución" y el derecho de Time Warner Cable a coartar sus actividades.
Salvo sorpresas, el término "redistribuir" se refiere a la reventa de un servicio recibido. Su extensión a los miembros de una familia o asociación sin que medie compensación alguna no parece cuadrar con el sentido original evidente del término, y en caso de ir a juicio, en EEUU (como en todos los países desarrollados) la interpretación de los contratos se hace a favor del cliente.
O dicho de otro modo: Time Warner Cable puede tener motivos para querer evitar que esos caballeros fomenten redes gratuitas (desde el exceso de coste hasta la pérdida de negocio) pero puede que no tenga el derecho legal a impedirlo. Si alguna de esas personas (cuyo escaso número hace pensar en que Time Warner ha probado a ver qué pasaba con la idea de establecer un precedente... o no perder demasiado) planta cara y gana, podemos ver consecuencias bastante curiosas :-).
Huele a miedo
De acuerdo con el señor Rosenblum, "nuestro objetivo es proteger nuestra base de clientes", porque a sus ojos cada usuario de una red inalámbrica gratuita es un suscriptor menos. Pero la falta de seguridad en sus derechos es tan grande que confiesa que Time Warner Cable no planea extender la campaña a otras zonas... y no habla de intentar meter en vereda a los usuarios que han montado redes inalámbrica menos espectaculares que la "docena" original.
De hecho, dice que no tienen modo de saber cuántas de esas redes gratuitas existen, o cuanto dinero están costando a la empresa. Para lanzar los avisos que han enviado, tuvieron que guiarse por lo que publica la propia asociación NYCWireless ;-). De hecho, uno de los amenazados ha resultado ser una persona que sencillamente dijo estar interesada en montar una red: "No tengo ningún equipamiento inalámbrico; nunca lo he tenido", decía Justin Cobb, de Manhattan, bastante molesto de que se le esté acusando de una actividad criminal.
En resumen, parece que esta primera andanada ha sido bastante torpe. Es probable que no consiga lo que busca. Pero está dejando claro cuáles son las intenciones de las grandes empresas de telecomunicaciones.
Una muralla de arena
Mientras las redes gratuitas urbanas sigan siendo, como hasta ahora, cosas de pocos cientos de metros, no habrá demasiado que puedan hacer para dañar de verdad el modelo de negocio de las grandes. De hecho, algunas de ellas son socios en iniciativas para dar acceso gratuito en las cercanías de terrazas o cafés.
Pero eso puede cambiar. No solamente hay una serie de pequeñas empresas proveedoras de acceso de banda ancha que se declaran "amigas" de las redes libres (de acuerdo con uno de ellos "es cuestión de hacer los números"), sino que las tecnologías que pueden convertirlas en realidad están creciendo y acercándose al mercado a pasos agigantados. Algunas de esas tecnologías son las sucesoras de las 3G y 4G. Otras llegarán mucho antes ;-).
Antenas inteligentes
Una idea que está aumentando exponencialmente el alcance y la capacidad de las estaciones base son antenas que, en lugar de emitir omnidireccionalmente, usan un conjunto de antenas coordinado para determinar de dónde viene la señal de cada aparato conectado a la red, y dirigir la trasmisión hacia él de forma mucho más directa. Uno de los fabricantes, ArrayCom, tiene un producto llamado IntelliCell que ya ha sido instalado en casi 100.000 estaciones en Japón, China y Taiwán... y que puede añadirse a una estación base tradicional multiplicando su capacidad entretres y siete veces. Un conjunto de ocho antenas de una firma rival obtiene mejoras del 500%.
Imagina lo que significa esto para una red urbana.
Ericsson. Lucen y Nokia tienen sus propias versiones de la tecnología. Curiosamente (dado que viven de vender estaciones base de telefonía digital a empresas como Telefónica o Retevisión) no parecen muy interesadas en promover una tecnología que reduciría enormemente el número de antenas necesario para cubrir una zona. Con un poco de suerte, los clientes se darán cuenta ;-).
Conexión por relevos
Yendo más allá, hay una idea que puede realmente significar el despegue de las redes inalámbricas en las grandes ciudades. Se trata de lo siguiente: primero se distribuyen una cierta cantidad de "puntos de acceso de vecindario", o NAPs por sus siglas en inglés, que consisten en estaciones base inalámbricas conectadas a internet de banda ancha. Los usuarios de la zona instalan a su vez antenas propias que les permiten acceder al servicio a través del NAP...
... y a su vez (esta es la parte buena) sirven de repetidor, dando acceso a usuarios fuera del alcance del NAP original. Según crece la red, mejora la conexión y se extiende el alcance más y más lejos del NAP original. Este método es técnicamente muy superior al tradicional, y mucho más eficiente (usa menos de una diezmilésima parte de la potencia que necesita el sistema tradicional)... además de requerir muchas menos estaciones base para cubrir un área dada. Bastaría con que hubiera suficientes usuarios para que la cobertura fuera completa. Y tampoco haría falta contar con antenas en lugares elevandos: la red de usuarios rodearía los obstáculos.
Y tampoco es una fantasía: ahora mismo una versión desarrollada por Nokia (llamada RoofTop) está funcionando con éxito en Santa Rosa, California; y se está implementando por más de 50 proveedores de acceso. Los costes de instalación están permitiendo ofrecer banda ancha inalámbrica por 50 dólares (menos de diez mil pesetas) al mes. Hay varios startups más trabajando en esta tecnología.
Redes ad-hoc
Por si fuera poca flexibilidad, hay más :-). Se están desarrollando tecnologías, basadas en las utilizadas por los militares, para que los equipos dotados de conexión inalámbrica sean capaces de formar redes espontáneamente, sin necesidad de estación base. Como hace Bluetooth, o...
... exacto, como hace AirPort cuando un ordenador sirve de estación base para otros. Este concepto puede extender enormemente las redes que comentábamos en el punto anterior, permitiendo que sean variables en función de dónde se encuentren los usuarios (cosa muy útil si hablamos de portátiles o de redes telefónicas) y que puedan transmitirse datos entre sí aunque no cuenten con un acceso al resto de Internet.
La parte esencial es encontrar un protocolo común que permita que unos se entiendan con otros y compartan la red. Eso puede obligar a contar con sistemas híbridos capaces de adaptarse de un modo u otro según las circunstancias... o limitar el desarrollo de la idea. De momento, empresas como MeshNetworks y Cellonics están en ello, pero no hay aplicación comercial. Otra cosa es lo que corra por los campos de maniobras de la OTAN ;-).
¿Un futuro diferente?
Dicho de otra manera, por mucha resistencia que planteen las empresas de telecomunicaciones tradicionales, e incluso suponiendo que ganen las primeras batallas legales, parece que el futuro no está en grandes redes homogéneas diseñadas centralizadamente, sino en pequeñas redes compatibles, variables, que podrían perfectamente tener un hueco para organizaciones gratuitas de ciudadanos.
Los operadores de red, como dice el Economist, seguirán siendo necesarios para el tráfico a larga distancia, pero su papel podría hacerse mucho menos importante en el futuro. Si es que el futuro se construye como hemos comentado.