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Civilization III
Yo de mayor quiero ser una potencia mundial, por Manuel Medina

30-09-2.002



Civilization III es la tercera entrega de la celebérrima saga de Sid Meier. A quien la conozca de anteriores versiones no puedo decirle nada que no sepa ya. Pero quienes se asomen por vez primera a este juegazo (cosa que recomiendo vivamente) pueden encontrar alguna orientación en los siguientes párrafos.

Toma de contacto

Civilization III no exige demasiada máquina, aunque agradece los megahertzios. Apenas un mínimo de 128 MB de RAM. La instalación completa requiere 658,1 MB libres en el disco y la normal 448,2 MB y no hay más que ejecutar el fichero de instalación que veremos en el CD. Es compatible con Mac OS 9.x y Mac OS X.

Lo primero que llama la atención en el juego es la espectacularidad cinematográfica de su presentación. También sorprende, y muy agradablemente, la sencillez y la claridad con la que se muestra la pantalla de juego, la disposición de los menús y el "tablero" con sus unidades. El interface ha mejorado mucho desde versiones anteriores, y ahora el juego funciona prácticamenta a pantalla completa, sin interferencias de los pequeños controles.

Una breve presentación

De entrada hay que decir que Civilization III es un juego de estrategia pura y dura por turnos. ¿Y eso de qué va?. Si uno conoce el RISK, el Monopoly y el ajedrez ya tiene una idea aproximada (aunque incompleta) de lo que Civilization III ofrece. El juego consiste en conducir a una civilización desde sus albores hasta la conquista del espacio.

Para ello habrá que construir ciudades, alimentar a la población, desarrollar la tecnología apropiada, aprovechar los recursos naturales de nuestro territorio, comerciar con otras civilizaciones, procurar diversiones y entretenimiento a nuestros ciudadanos, recaudar impuestos, mejorar las infraestructuras y, por supuesto, armar un ejército y defendernos de nuestros enemigos (o conquistar a otras civilizaciones, todo va en gustos).

Cada civilización tiene unas cualidades frente a los demás. Unas son más guerreras, otras tienen un mayor sentido comercial, otras tiran por la ciencia. Tendremos que potenciar las cualidades de nuestra civilización cara a establecer la estrategia, para afianzar nuestro dominio cultural. Pero sin olvidar el resto de los aspectos.

Empezar a conocerse

El modo Tutorial es útil para no perderse, especialmente si no se conoce el juego.

Como en la vida había jugado a Civilization III comencé por el modo tutorial. Y aconsejo que quien no conozca el juego haga lo mismo. El modo tutorial va mostrando paso a paso en qué consiste el objetivo y los elementos del juego. Y resulta imprescindible, porque el juego es complejo aunque apasionante.

Un interface muy limpio: con estos controles y el control-click se maneja el juego

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La civilopedia no ha cambiado mucho, aunque las Maravillas son algo diferentes y las unidades también

Arriba a la izquierda se sitúan las opciones del juego: el menú principal con las preferencias y los ajustes del juego; la Civilopedia, que no es más que una enciclopedia que explica qué son y para qué sirven cada uno de los elementos que configuran el juego y la estrategia a seguir, (y a la que también se accede haciendo Control+clic sobre cualquier elemento); y los Consejeros, que resultan de extrema utilidad y de los que tenemos uno para cada aspecto de nuestra civilización: Asuntos Exteriores, Comercio, Cultura, Defensa, Ciencia y Tecnología...

Eso sí, los consejeros tienen una idea muy exagerada de su propia importancia...

Abajo a la izquierda tenemos el mapamundi del tablero con la situación de las ciudades de todas las civilizaciones y a la derecha un visor con algunas opciones más (la Diplomacia, el Espionaje, un Histograma que muestra el grado de desarrollo de nuestra civilización frente al resto, el punto en el que se encuentra la construcción de la Lanzadera Espacial…).

El resto, como hemos dicho, lo ocupa la pantalla principal del juego: una visión isométrica del mapa por el que se desplazan nuestras unidades, diseñadas de un modo y con unas animaciones que no dejan echar de menos las sofisticaciones de tres dimensiones de otros juegos.

La otra pantalla importante también es reconocible a pesar del lavado de cara: se trata de la de la gestión de ciudades, donde dispondremos la producción de la ciudad y la ocupación de sus ciudadanos (productores, bufones, recaudadores, científicos), así como su distribución por el territorio. En un interface sumamente limpio podremos ver tanto lo que produce la ciudad como lo que recibe, el estado de ánimo de sus ciudadanos, la contaminación, la corrupción, el nivel de cultura...

Esencialmente lo mismo que en ediciones anteriores, con un buen lavado de cara y más información

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Hay muchas pantallas más, y la importancia de los menús contextuales es mayor que otras veces, pero en esencia, con éso se gobierna el juego.

Modos de juego y condiciones de victoria

Los modos de juego son esencialmente dos: por escenarios, de los cuales el juego incorpora muchos, y se pueden descargar muchos más de Internet; o en juego normal, con un planeta generado aleatoriamente en torno a las preferencias que elige el jugador, y una línea de acontecimientos plenamente abierta. En el segundo modo se pueden especificar tanto las condiciones geográficas (tamaño, proporción de tierra, humedad, rugosidad) del planeta como la cantidad de civilizaciones que lo ocupan, o las condiciones de victoria, entre otras cosas. En el primero, lógicamente, cada caso es distinto.

Cuando se domina la mayor parte del mundo y se crea una civilización muy adelantada, se gana “culturalmente”.

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Estas condiciones de victoria incluyen muchas posibilidades: aparte de las clásicas de una victoria militar, existe la cultural (cuando tu civilización es tan grande y superior que directamente no tiene rivales), la diplomática (cuando consigues hacerte con la dirección de las Naciones Unidas, la espacial* (el que consigue lanzar antes su misión colonizadora a Alpha Centari)...

Cuando te vota la gran mayoría de las naciones del consejo, ganas también

Realismo y rigor histórico

Civilization III está perfectamente logrado. El rigor histórico es muy elevado. A medida que se va desarrollando tu civilización vas alcanzando cronológicamente los mismos hitos tecnológicos que conocemos de la Historia: por ejemplo, antes de vivir la Revolución Industrial hay que descubrir y desarrollar la máquina de vapor y esto no es posible si no se dispone de carbón. Y así, con multitud de aspectos del juego.

La historia se divide en Edades sucesivas, cada una con una serie de tecnologías que podemos alcanzar

Asimismo, los acuerdos diplomáticos que podemos negociar con otras civilizaciones dotan al juego de muchísima diversión. Podemos establecer alianzas militares y embargos comerciales contra otras civilizaciones. Y dependiendo del estado de nuestras relaciones diplomáticas lograremos unas cosas u otras. ¡Pero mucho cuidado con traicionar los tratados o nos veremos convertidos en parias... o incluso envueltos en la guerra!

La importancia y las posibilidades de la diplomacia y el comercio han aumentado mucho, lo que hace el juego más lógico y flexible

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También podemos comerciar con otras civilizaciones para intercambiar recursos estratégicos naturales (petróleo, aluminio, hierro...) o productos de lujo (seda, pieles, incienso…) o simplemente incrementar las arcas de nuestro tesoro. Ahora que si uno es usurero en sus condiciones o regatea demasiado podemos llegar a perjudicar el estado de nuestras relaciones diplomáticas.

Uno de los aspectos curiosos de Civilization III es que podemos elegir el régimen político por el que regir nuestra civilización: Despotismo, Monarquía, República, Comunismo, Democracia… cada uno de ellos representan ventajas e inconvenientes frente a los demás. De nosotros dependerá la estrategia que adoptemos en cada momento según el grado de desarrollo de nuestra civilización.

La importancia de jugar por turnos

Por momentos se echa de menos que el juego no se desarrolle en tiempo real. Entiendo que resultará muy complicado para un juego tan elaborado prescindir de los turnos, pero a la hora de mover unidades o de vigilar el ritmo de producción de tus ciudades se ralentiza en demasía el desarrollo de la partida, especialmente cuando el número de civilizaciones y el grado de desarrollo del juego avanzan. Sin embargo, poco a poco se va aprendiendo a aprovechar al máximo los turnos, pues en cada uno no tienes límite a la hora de disponer de los diferentes elementos.

Otro aspecto en el que la estrategia en tiempo real se añora es a la hora de batallar. Las unidades atacantes y defensoras se enfrentan diligentemente por turnos al modo del RISK. Aunque la suerte interviene muy poco en este juego (un aspecto muy a resaltar, en mi opinión), las batallas se ralentizan un tanto debido a esto. Aunque la animación y el sonido de las mismas son estupendas. Y también resulta muy interesante estudiar tácticamente qué unidades envía uno frente al enemigo en función de su resistencia, movilidad y potencia de fuego.

La opción de controlar hasta cuatro unidades al tiempo (mediante la creación de unas unidades-contenedor llamadas Ejércitos) tiene unas limitaciones muy serias que los desarrolladores han ido eliminando con los parches, pero sigue sin estar lograda.

Son pequeños detalles que jugadores de estrategia en tiempo real provenientes de Warcraft, por ejemplo, pueden achacarle a Civilization III.

Haciendo la guerra, de vez en cuando

La guerra es uno de los aspectos más enrevesados de Civilization III. No es fácil que se provoque un conflicto espontáneamente. Y hay que tener cuidado con los acuerdos diplomáticos y alianzas que uno alcanza porque una pequeña escaramuza en la esquina contraria del mapa, puede arrastrarnos involuntariamente a un conflicto de imprevisibles consecuencias.

De todas formas, la guerra es el peor de los estados posibles de cara al progreso de tu civilización. Especialmente si disfrutas de un régimen político democrático. Entonces la mayoría de la población protesta y provoca disturbios en tus ciudades en cuanto el conflicto se alarga, disminuyendo considerablemente la producción.

En cualquier caso, en mi opinión el juego se excede con los efectos perniciosos que una guerra provoca en la civilización, especialmente cuando las campañas militares son exitosas. En ese caso, no se está premiando la estrategia... y esa fobia a la guerra por parte del programa puede dar lugar a anomalías curiosas.

Adicción con calidad, y de alta duración

Para futuras versiones, refinaría el espionaje, las posibilidades de negociación y la carrera espacial, permitiendo continuar el desarrollo de la civilización más allá de la Tierra. Ahora, si uno quiere seguir la historia en otro planeta, tiene que comprarse Alpha Centauri.

Pero son cosas nimias al lado de las muchas virtudes de Civilization III. Y sobre todo de su poder de adicción. Las partidas son prolongadas y complejas y aun cuando se alcanzan las condiciones de victoria, uno puede continuarlas por su cuenta.

Y no hay que engañarse pensando que es un juego relajado o sin emociones. Porque conste que Civilization III puede contener tanta acción como el propio TOPS o Medal of Honour, sin tanto disparo ni explosiones. Y resulta violento en extremo, con todas las opciones de la política internacional y la guerra a disposición del jugador y de sus rivales. Realmente puedes acabar odiando a franceses o a chinos o a cualquier otra civilización que se cruce en tus intereses :-).

En resumen

Civ III exige paciencia, atención y decisión para ganar las partidas, pero puede resultar enormemente satisfatorio. Si uno disfruta verdaderamente planificando la estrategia, pensando cuidadosamente la jugada, levantando poco a poco una ciudad o disponiendo concienzudamente la situación para hacerse con sus objetivos con los mínimos recursos, entonces no hay otro juego como Civilization III.

En resumen, y aunque no sea un juego del gusto de todos, tenemos que darle al menos ocho macus sobre 10. Le daríamos más, pero esos franceses y esos chinos son condenadamente duros de roer... ;-).



 

 

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