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La abuela de Macuarium y la madre de MacByte
Detrás de las organizaciones hay personas, por Liam O'Neil

01-10-2.002



Este martes hizo un año que falleció una anciana a la que se describió como la abuela de Macuarium. Este término implica un hecho importante: detrás de este algo (una publicación digital) hay un alguien, dos personas que constituyen su mayor fuerza impulsora: Miguel e Itziar. Dos personas entrañables detrás de una publicación entrañable.

Detrás de cada organización siempre hay unos seres humanos concretos, de carne y hueso, que les imprimen sus valores, prioridades y carácter. No nos es extraño describir una empresa, una publicación o una ONG en términos de personalidad humana: una es simpática; otra es solemne y pedante; ésta, seria y fiable; aquélla, prepotente; y aquélla otra, creativa e inquieta.

Gran parte de la tortuosa trayectoria de Apple ha discurrido paralela a la relación de la empresa con una persona: Steve Jobs. Actualmente, podemos describir a Apple como una empresa entusiasta que se lo juega todo por la innovación revolucionaria. Igual que cierto tipo que yo me sé. Atrás ha quedado el quiero y no puedo de una marca que intentaba ser a IBM lo que Pepsi es a Coca-Cola. Apple ha recuperado su esencia al recuperar a Steve Jobs.

Buen rollo

Cuando hace varios años hice una web para una ONG, lo conté a un montón de revistas diferentes relacionadas con internet o informática. Aunque muchas de estas publicaciones informaron sobre la web, sólo en un caso recibí una respuesta personal a mis mensajes. A las pocas horas de haber hecho el envío, ya tenía en mi buzón un correo de una tal Núria Almiron, que dirigía la versión española de la revista MacFormat. Me dijo que intentaría incluirla como web del mes o algo así y me dio los datos para contactar con una revista sobre internet del mismo grupo editorial. La impresión que me formé de Núria ese día fue de una persona que transmitía buen rollo.

Un tiempo después supe que dejaba la revista y le escribí una notita deseándole (de todo corazón) lo mejor para el futuro. Recibí una respuesta, inmediata, dándome las gracias.

No volví a saber de ella hasta varios años después, cuando anunciaba un nuevo proyecto editorial, la revista MacByte. Le deseé éxito y me contestó, en seguida, agradeciéndome los buenos deseos. Nuevamente me quedé con la impresión de que se trataba de una persona estupenda y decidí que su proyecto merecía todo mi apoyo. Desde ese momento me convertí en un fiel lector y un colaborador incondicional de MacByte.

Lo que la empresa editora no parece haber entendido nunca es que MacByte era la revista de Núria Almiron. Lo importante no era el algo, sino el alguien. Aunque tras la salida de Núria unos profesionales muy dignos y competentes siguieron haciendo la revista, es innegable que Núria, como alma mater del invento, imprimió una clara personalidad a lo que, de entrada, no era más que papel con tinta.

Detrás de los gigantes

Puede ser reconfortante, pero también inquietante, pensar que no sólo detrás de la mercería de la esquina, sino también detrás de las empresas gigantescas y casi omnipotentes, hay unas personas de carne y hueso, con sus grandezas y mezquindades, sus rarezas y hábitos inconfesables, sus intereses creados, sus talentos, su creatividad, su generosidad y también su avaricia, egoismo y delirios de grandeza.

Incluso los gobiernos tienen una forma de ser y ésta es un reflejo de sus responsables. El gobierno de Aznar, el gobierno de Bush y el gobierno de Berlusconi, por poner sólo tres ejemplos, transmiten una personalidad, al márgen de su mejor o peor gestión.

Coche usado

En los años 60 circulaba por Estados Unidos un póster con la foto de Richard Nixon, el presidente de mirada huidiza y tendencias paranoides. Debajo decía: "¿Le comprarías un coche usado a este hombre?"

Creo que deberíamos recuperar ese lema y aplicarlo no sólo a la hora de ir a votar (que también) sino cada vez que compremos en una tienda o leamos un periódico. Recordar que detrás de las cosas y de las organizaciones hay personas de carne y hueso.

Si pensamos en Bill Gates, un hombre al que, sin haberse presentado nunca a unas elecciones, ya le hemos otorgado una cuota gigantesca del poder mundial, cabe hacer la misma pregunta. ¿Te fiarías de Bill Gates a la hora de comprar un coche de segunda mano? O dicho de otra manera: ¿entregarías las llaves de tu ordenador, tu sistema operativo, tus finanzas, tu trabajo, tus comunicaciones y tu información personal a este hombre cuyo plan de negocio es el juego sucio, la chapuza y la competencia desleal?



 

 

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