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Esa fantástica cosa llamada "Progreso"
A dónde diablos nos lleva la tecnología, por Jesús Lobejón

15-11-2.002



Las ciencias adelantan que es una barbaridad: ya lo decían años ha. Para botón una muestra: la del SIMO, que recientemente hemos tenido. Es fascinante ver la cantidad de gente que mueve el mundo de la infotecnología. Y dicen que hay crisis (qué sería si no la hubiera -o hubiese-).

Pero no puedo evitar tener la sensación de que es también -al menos en parte- algo vacuo. Que no son sino estruendosos fuegos de artificio, que durante un rato nos mantienen aturdidos y deslumbrados como a niños, pero que igualmente al terminar y volver a casa, sólo dejan un agridulce recuerdo y un cierto olor a pólvora quemada.

Y eso que llamamos "progreso" huele más que nunca a algo extraño. Parece que no se sabe muy bien dónde vamos, pero todos dicen que estamos de camino. Es el cuento del burro y el dueño que lo azuza con la zanahoria atada a un palo; sólo que tanto la bestia como su jinete tienen los ojos vendados... Y los consumidores, desgraciadamente, somos los que andamos detrás de la zanahoria del perfecto equipo informático, sin saber exactamente qué será eso.

Porque pensemos, ¿a dónde nos lleva la tecnología tan cambiante? ¿Hacia qué deriva con su vorágine de megahercios, terabytes y megaflops? Lo único que sabemos seguro es que más tarde o más temprano se nos va a clavar en el bolsillo la dolorosa factura de la renovación de máquinas, sistemas, programas, periféricos...

Qué bien lo expuso mi buen colega Paco Román en su artículo de hace unas semanas: cada vez intuimos de manera más aguda que las empresas del ramo quieren hacer su agosto a costa de nuestros sueños de perfección. Ese G5 que no llega... Esa impresora que imprime más negro, más real, más rápido. El "Citius, Altius, Fortius" de las máquinas, qué narices...

Estamos tan al día que sabemos lo que va a salir antes casi de que realmente salga. Ávidos de información, buscamos rumores sobre si se renovará o no la gama baja, si cambiará la alta, o si saldrá definitivamente esa gama media que tenga el precio de la inferior y las prestaciones de la superior (bendita quimera).

Me miro en el espejo y me digo: "Pobre diablo, dónde te has metido". Condenado al verdadero infierno: el del reciclaje continuo, el aprendizaje constante, y la renovación ad infinitum.

Bendita ignorancia, a veces

Pero me dirás, estimado lector/a: "Sarna con gusto...". Es cierto. Nos lo tenemos merecido. A quién se le ocurre volverse loco por un montón de circuitos (y no de carreras), chips (de los que no se comen), y puertos (que ni son de montaña ni de mar).

Los tecnoanalfabetos nos miran a veces con ojos compasivos, pensando lo que nosotros sospechamos que piensan: "Qué tío más raro, todo el día delante de esos trastos de colores". O nos clavan la puya de su ignorancia, soltándonos: "Oye qué lámpara (o qué tele) más bonita te has comprado" -refiriéndose a tu "súper-nuevo-estupendoso-y-flipante" iMac o eMac. Esta claro: lo último que se les ocurriría poner en su vida es un ordenata, mientras que nosotros estamos abonados y/o vendidos a la moda de lo ultimísimo.

Y mientras el tito Jobs nos vende el estilo de vida digital y tal, con -como no- un Mac en medio de todos los cachivaches sin los cuales ya no sabemos vivir (porque si no tienes un reproductor MP3, cámara digital de fotos y vídeo, DVD casero, Palm y teléfono móvil con Bluetooth, tío, es que eres un desecho humaaano), otros nos venden el futuro metido en un móvil. Mira, mensajitos sonoros como los que hacía con mi LC del 91... anda vídeojuegos como los de mi Nintendo HandHeld de hace una década, y mira, puedo poner fotos, como ya hacía con el correo electrónico hace 5 años...

El progreso es otra cosa

Por favor, ¿de veras somos tan ingenuos? ¿De verdad se reduce el avance tecnológico a añadir pantallas planas, poner más colorines y añadir cuatro bobaditas a los aparatos? ¿Dónde está la tan cacareada quinta generación de ordenadores, con los cuales podríamos comunicarnos en lenguaje natural? Apple lleva años sin mejorar sustancialmente su sistema de reconocimiento de voz, y ni siquiera tiene algo rudimentario en castellano; el Viavoice prometido para nuestro idioma tampoco llega -ni parece que vaya a llegar, y eso que decían que con sistema X estaría en camino... El sistema de reconocimiento de escritura sí es un paso, pero llega muy tarde, cuando ya todos tecleamos más rápido que escribimos.

Ni el estilo de vida digital, ni el todo-en-uno en un móvil tan pequeño con el que me cueste hasta pulsar las teclas sin usar mondadientes... Yo lo que quiero es que los cachivaches y ordenadores que utilice se adapten a mí, que me hagan ganar tiempo y me hagan las cosas más sencillas, no al revés...

Desde ese punto de vista, el sistema X es un avance y un freno. Un avance porque ya no existen pérdidas de tiempo con reinicios constantes. Un freno porque -no nos engañemos- resolver los problemas puede ser ahora cuestión casi de horas, no de minutos. Aunque afortunadamente, reinstalar es aún mucho más rápido que un Windows -no soporto la idea de tener que pasar más de una hora esperando a que instale un sistema operativo- y la sencillez sigue primando en tareas como configurar, instalar y utilizar programas.

Utilizar PC no es que me parezca una tortura, es que es una pérdida constante de tiempo. Gota a gota, pero el cubo de mi paciencia se desbordaría al fin y al cabo. Digan lo que digan, se puede constatar que lo que te ahorras con tecnología barata lo pierdes en minutos de vida, que se te escapa como arena entre los dedos. Esperemos que nuestro Mac no nos traicione, vendiéndonos a la "potencia Unix" a costa de chuparnos más la sangre. Hasta los vampiros se han vuelto digitales.

Y sin embargo, no puedo evitar seguir colgado de Macuarium, de la web de Apple y de los boletines de correo, para ver si ya está aquí, si ya ha llegado el nuevo xxxx que me permita hacer yyyy y me cueste zzzz menos. Una ecuación que resulta más compleja que hallar la fórmula de la progresión de los números primos.

En fin, que esa fantástica cosa que llamamos "Progreso" no nos obnubile con sus sintéticos encantos. Las personas somos y seremos siempre lo importante, los verdaderos motores y destinatarios de lo que hagamos con la tecnología. Y el día que pensemos lo contrario, malo...



 

 

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