Utilizar Macintosh es como ser
seguidor de un equipo de fútbol (y no quiero
ofender ni a unos ni a otros). Cuando nuestro equipo
(Apple) gana, ganamos todos... y si Apple pierde, todos
hemos perdido y nos vamos a casa con la sensación
de que al entrenador hay que cambiarlo, y lo injusto
de la derrota, cuando todo el mundo sabe que somos mejores.
En los últimos dos años
y medio hemos visto como Apple subía de categoría,
después salió de los puestos de cola,
y ahora está luchando por ganarlo todo.
Lo de Nueva York y la MacWorld
era una final. No sabría precisar de qué
torneo, pero Apple se jugaba mucho. Y eso se palpaba
en todos los ámbitos: se han organizado tertulias
en los chats, los sitios de rumores estaban que echaban
humo, todos, como en una carta a los Reyes Magos, hemos
hecho nuestra quiniela. En la afición se notaba
la efervescencia, "este partido lo vamos a ganar". Todos
queríamos ver a nuestro "Team" triunfar, con
autoridad, con buen juego y, a ser posible, por goleada
(vamos, lo que se le
pide a la selección).
Día a día, semana
a semana, llegamos al momento de la verdad. Algunos,
los más afortunados, estuvieron en el estadio.
Otros nos juntamos en casa de unos amigos para verlo
en su pantalla supergigante. Los más, se enteraron
por la prensa electrónica y la web de Apple.
Una música (un tanto
pedorrilla, es verdad) ha estado machacando los oídos
de los asistentes, tal vez con el ánimo de desanimarles
y que se acomoden lo más rápido posible.
Por fin, con cinco minutos de retraso, las luces se
apagan, el silencio se enciende, y, con un manifiesto
audiovisual, resumen de la estrategia publicitaria de
Apple, la conferencia comienza. ¡Qué empiece
el espectáculo!
Las miradas, los gestos, la
pétrea postura en los asientos... todo denota
que las esperanzas, las ilusiones y la necesidad de
grandeza, aunque sólo sea por contagio, por pertenecer
a la selección de los elegidos, están
esperando para manifestarse.
Esta vez no hay tiempo que perder.
Apple quiere presionar en todas las zonas, y su capitán
Jobs muestra la estrategia. Desde el principio, los
asistentes están entregados. Cada movimiento,
cada quiebro, cada jugada, se premia con una ovación
propia del que se cree en el equipo ganador.
Hora y media después,
agotados, felices, con la sensación de haber
presenciado uno de los momentos importantes de la informática,
miles de personas se levantan de sus asientos para volver
a su vida normal... mientras, a mi alrededor, decenas
de personas se mueven con la lentitud que provoca la
conjunción de admiración y envidia.
Meneo de cabezas, sonrisas cómplices,
cabellos mesados, repaso de papeles, murmullos en ascenso.
Todo se resume en: Efectivamente, estamos en un equipo
ganador.
Demasiada información,
demasiado nueva, demasiado de prisa... demasiado de
todo.
Casi sería bueno que en la próxima de
Boston nos la repitieran, como las buenas películas,
para poder regodearnos en los detalles, ahora que sabemos
el final.
Alf