Que la sociedad digital está
solo despegando en nuestro país no es ninguna
novedad. Pero en Internet no hay barreras y uno navega
entre continentes sin apenas percibir, más allá
del idioma, que ya no está "en casa". Hasta que
se topa con los bits españoles (y lo mismo vale
para los europeos, los latinoamericanos, etc.). Comparado
con el dominante y veterano escenario norteamericano,
el nuestro es todavía precario e inestable y
las experiencias pueden llegar a ser reiteradamente
desalentadoras. No hace falta navegar doce horas al
día para averiguarlo, lo cual por otro lado no
es extraño, aquí llevamos un atraso sonado
en términos de e-infraestructuras, e-commerce,
e-business y e-todo. De hecho, no es que me sorprenda
que algo no funcione en Internet, lo que me sorprende
es que ahora se inviertan cientos, miles, de millones
de pesetas y
las cosas sigan sin funcionar. Es
decir, se cuelguen, no existan, no respondan, no reaccionen
como garantizan, bloqueen el navegador, vayan tan lentas
que se arrastren o simulen funcionar correctamente pero
luego si te he visto no me acuerdo. Ante tal panorama
se comprende que la inmensa mayoría de la sociedad
española siga anclada en el mundo de los átomos.
Esta es una agenda real como la vida misma:
Domingo por la noche. Termino
de ver una popular serie americana en uno de los principales
canales por satélite por los que pago religiosamente
cada mes. Al final de los créditos aparece una
dirección en Internet. Claro, me digo, recuerdo
haber leído que el nuevo portal de la plataforma
quería emitir buena parte de sus contenidos a
través de la red. Me voy corriendo a probar esa
dirección, que por lo demás es sencilla
y puedo memorizar sin problema (dominio del portal,
barra, nombre de la serie). Llego a mi Mac, me conecto
a la red, la escribo y
Page not found.
Una educada página del hosting que acoge los
servicios de esa inmensa plataforma, en inglés,
me explica que tal dirección no existe o que
ya ha sido eliminada, me recomienda que vaya al dominio
y la busque desde la página home. Son
amables, al menos dan ideas alternativas. Unas horas
antes había estado intentado enviar mi segundo
libro al director de la colección editorial que
me lo va a publicar sin tanto éxito. El servidor
de correo de la importante universidad catalana a la
que pertenece la cuenta de correo en cuestión
me devolvía todos los mensajes desde el viernes
junto con una nota curiosa: No space left on device.
A alguien se le había acabado el espacio libre,
dudo mucho que fuera al propietario de la cuenta (por
acumulación de mensajes sin descargar), puesto
que me había respondido el jueves con normalidad.
Aquí, sin embargo, no se daban alternativas al
colapso.
Lunes por la mañana.
Queremos comprar un producto de software complementario
para una herramienta de desarrollo. El distribuidor
del producto en España, comercializado por una
importante empresa norteamericana, no lo vende directamente.
El producto sólo es posible comprarlo en Internet.
Perfecto, más cómodo aún, allí
vamos. Tras horas de infructuosos intentos la web en
cuestión nos rechaza el pedido. Parece ser que
no acepta nuestra tarjeta VISA. Llamamos por teléfono
al distribuidor quien nos recomienda consultar ¡si
tenemos fondos en la cuenta! Aunque sabemos con certeza
que los fondos están, llamamos al banco para
comentarle el problema y éste nos desvía
hacia la empresa encargada de las transacciones con
VISA. Después de las consiguientes e inútiles
llamadas de ida y de vuelta volvemos a pasarnos por
la web del producto y entonces detectamos algo muy raro.
La fecha automática que sale con el pedido indica
¡1904!. Llamamos de nuevo al distribuidor y por
fin obtenemos una respuesta coherente: vaya, el servidor
debe funcionar mal. ¿Alternativa? Hacer una transferencia
bancaria (con los costes de la misma a nuestro cargo,
claro).
Martes mediodía. Deberíamos
haber recibido ya el producto que compramos online a
nuestro distribuidor de hardware. Hace una semana y
media celebramos el estreno de su tienda online comprando
un producto. Lo celebramos, digo, porqué con
la tienda online a partir de ahora podremos saber con
certeza cual es su catálogo de productos (que
aunque no estén catalogados como "para Mac" muchas
veces pueden servir. Ejemplo: los buscadísimos
módems externos de ADSL). Lo celebramos, también,
porque se supone que así podremos acelerar el
proceso de realización del pedido y, por lo tanto,
de su recepción. La web parecía funcionar
bien porque en su día realizamos el pedido sin
problema. Cuando llamamos para averiguar a qué
se debe el retraso nos comunican que el pedido no ha
pasado por todos los trámites necesarios. Falta
el de facturación para poder cargar y enviar
el producto. Nuestro pedido pues está congelado.
¿Y como se realiza ese último trámite?
Pues bien fácil, haciendo doble clic en una barra
que está al final de la página del pedido,
y que pasa de lo más desapercibida. La chica
del otro lado del teléfono se solidariza con
nosotros. Por lo visto a todo el mundo se le escapa
el botoncito secreto la primera vez porque nada indica
que deba clicarse en él para finalizar el proceso
de compra. Por un momento nos imaginamos a este importante
distribuidor con su sistema de ecommerce bloqueado por
miles de pedidos congelados de inocentes clientes que
jamás recibirán sus productos. Caos.
Miércoles y jueves siguientes.
Acudo a ExpoInternet 2000 en Barcelona. Ha crecido notablemente
y parece bastante más animada que otros años.
No voy a extenderme en lo que hice aparte de lo de siempre:
pasarme por la sala de prensa para recoger dossieres
y documentación de la feria. El sábado,
tranquilamente en casa, hice repaso de las novedades
que se presentaban y que no conocía: algunas
comunidades de intermediarios en ecommerce que te ayudan
en la decisión de compra o canalizan los mejores
establecimientos de la web, centros de recogida de opiniones
de usuarios sobre productos o establecimientos online,
portales que te ayudan a encontrar la hipoteca más
barata o el proveedor de telefonía que más
te conviene, y un largo etcétera de proyectos
más o menos ingeniosos con nombres nuevos en
España. Me sale una lista de una docena de sites
a los que no había acudido nunca. Me siento ante
el Mac y empiezo a probar. Sólo me funcionan
un tercio de ellos. El resto no existen o están
en construcción. ¡Todos ellos tenían
stand en ExpoInternet!
Colofón: el domingo siguiente
(es decir, ayer primero de octubre) recibo un boletín
de noticias explicando que Apple perdió la mitad
de su valor en bolsa el viernes anterior. Por una vez
en mi vida me entero primero de una noticia de Apple
a través de un medio español de información
general antes que a través de un medio especializado
norteamericano. Aunque la noticia es demoledora, siento
que esto al menos es una prueba de la eficacia de algunos
servicios españoles de información pure-internet
de la nueva era. Rapidez y
precisión.
Bueno, precisión no exactamente, en el texto
de la noticia se confunde a Steve Jobs con Steve
Case (insigne presidente de America OnLine). En
fin, supongo que ya era pedir demasiado.