De repente,
Nuria
 |
Nuria Almirón
es una de las personas que más han hecho por la información
maquera en este país. Esta columna es una muestra de
lo que se puede leer en su
nuevo site... y un recordatorio de que sigue habiendo gente
que escribe lo que piensa, y encima piensa que da gusto.
|
iBooks y reducción de costes
13-12-1.999
iBooks y reducción de costes
En casa encargamos un iBook a principios de setiembre y no fue hasta
hace unos pocos días que nos entregaron nuestro "ejemplar". Supongo
que dos meses y pico es "poco" tiempo de espera para una maravilla como
ésta pero, aún así, habríamos preferido
tenerlo antes, francamente. La de ventas que habrá perdido Apple
con el desfase que ha habido entre la fecha anunciada de salida al mercado
del producto y la fecha real en que han empezado a llegar máquinas
a las tiendas (además con cuentagotas). En las clases de marketing
de la facultad de comunicación recuerdo nos insistían
en la regla de oro para no defraudar al cliente: ¡que el producto
estuviera en la tienda cuando éste acudiera a buscarlo!. Apple
no sólo incumple esta regla reiteradamente sino que además
consigue unas expectativas previas en forma de listas de espera que
muy pocos fabricantes pueden permitirse. Un lujo del que es mejor no
abusar, especialmente con un producto como el iBook, con un poder de
atracción enorme sobre usuarios nuevos o de PC, nada habituados
a listas ni desfases de esta índole.
Pero aquí lo teníamos por fin. Nuestro esperadísimo
iBook llegó sin la RAM adicional solicitada (y sorprendentemente
también sin el Mac OS 9), pero ello no nos desanimó en
absoluto, pasar unos días con la configuración de serie
no podía ser tan grave. Le instalamos enseguida todos nuestros
programas y utilidades habituales, nada del otro mundo pero sí
unas cuantas horas de trabajo de instalación y personalización.
Cuando terminamos esta tediosa pero obligada tarea y reiniciamos la
máquina empezamos a notar que aquello no era el cohete que nos
habían prometido. Para empezar, nuestro pequeño bombón
naranja se encallaba unos buenos segundos al arrancar. A las pocas horas
de usarlo nos dimos cuenta que esos "parones" eran una constante. Para
abrir menús, ventanas o desplazarte por el escritorio, padecíamos
constantes colapsos que se desatascaban al cabo de unos pocos, pero
molestos, segundos. Al intentar abrir aplicaciones incluso llegaron
a aparecernos bombas. Con nuestra anterior experiencia con máquinas
con piezas de hardware defectuosas de fábrica empezamos a temblar.
Evidentemente la primera reacción fue reinstalar el sistema de
cero, algo realmente desmoralizante cuando no hace ni unas horas que
has sacado el ordenador de su embalaje de fábrica. No sirvió
de nada. Finalmente nos enfrentamos a la cruda realidad: ¿no sería
todo debido a la falta de memoria? Todos los síntomas así
lo indicaban y aunque siempre hemos sido conscientes de la tradicional
escasez de RAM con que Apple entrega sus máquinas, nos parecía
imposible que ello llegara a cotas de impedir poder trabajar con el
ordenador con los mínimos necesarios. Se nos ocurrió que
tal vez fuera un problema con la memoria virtual que viene activada
por defecto (pues el iBook se sirve con solo 32 MB de RAM física).
La desactivamos y...
el por qué de tantos parones, lapsus y encalladas se puso
en evidencia. Lo primero que obtuvimos al arrancar fue un mensaje de
"No hay suficiente memoria para abrir el Finder". Por lo visto, el iBook
iba tan corto de memoria que incluso parte del Sistema y del Finder
utilizaban la memoria virtual, con la consiguiente pérdida de
rendimiento. Nuestros esfuerzos para reducir el sistema al mínimo
y poder trabajar sin memoria virtual fueron infructuosos y tuvimos que
enfrentarnos a lo inevitable: deshacer la mayoría de pasos hechos
durante la configuración de la máquina para dejarla prácticamente
como venía de fábrica. Desnuda y al mínimo pero
al menos capaz de poder arrancar el procesador de textos. De esta forma,
precaria pero efectiva, hemos conseguido sobrellevar la falta de RAM
de la mejor forma posible sin tener que esperar de brazos cruzados mientras
llega la memoria adicional. Ahora el iBook ya no muestra bombas ni se
encalla constantemente pero no tiene prácticamente nada instalado
y el rendimiento conseguido está muy por debajo de sus posibilidades.
Y aquí nos preguntamos: ¿No es una contradicción
tanto anuncio de máquina superveloz que pulveriza a los Pentium
y que, en la práctica, no puedas aprovechar todo su rendimiento
al completo tal y como viene de fábrica? Es posible sobrevivir
sin más RAM pero nadie se compra un último modelo solo
para sobrevivir.
Tal vez sea una buena estrategia para reducir costes empresariales
pero a mi me parece, como mínimo, de lo más insólito
que se comercialicen máquinas con cuya configuración de
fábrica apenas se pueda trabajar.
P.D. Eso si, el resto es fabuloso (especialmente la pantalla).
Núria Almiron
Nuria@blausoft.com