El planeta de los
simios
Dentro de miles de años,
un grupo de arqueólogos descubrirá los
restos de nuestra civilización. Lo que les estamos
dejando parece hecho a propósito para jorobarlos;
es una lástima que no podamos estar allí
para ver sus caras de desconcierto y desesperación
ante el rompecabezas.
Todos los días, aparece
una publicidad de un nuevo negocio brillante punto com.
Las publicidades inundan los diarios, revistas, televisores,
carteleras públicas y demás espacios que
cobran el segundo o el centímetro cuadrado. Y
la gente, en lugar de sentir una compulsión por
conocer ese nuevo sitio, experimenta un deseo irresistible
de abrir su propio negocio brillante punto com.
Nuestros arqueólogos
del futuro dispondrán de instrumentos capaces
de interpretar nuestros procesos mentales, y ante los
resultados obtenidos se preguntarán si todavía
tendrá vigencia la garantía del aparato.
Descubrirán que la avalancha mediática
dispara en la gente un complejo mecanismo: se calcula
subconscientemente la pila de billetes que hicieron
falta para pagar toda esa publicidad, se la expresa
en superficie, y se concluye que teniendo un punto com
se lograrían empapelar las paredes con billetes
de cien.
Los arqueólogos pasarán
años investigando porqué la gente ansiaba
su propio punto com para recibir esa pila de billetes,
en lugar de ansiar su propia agencia de publicidad.
Como durante esos años de investigación
seguirán cobrando su sueldo, no me parece apropiado
profundizar en ese problema y facilitarles el trabajo,
dado que a ellos les pagarán y a mí no.
El menos común
de los sentidos
Como todo medio, Internet tiene
características propias que implican ventajas
y desventajas con respecto a los demás. Con la
excitación producida por la fiebre del oro, se
dejan de lado el sentido común y la evaluación
de las desventajas del medio, engendrando miles de proyectos
contrahechos que mueren por aborto espontáneo.
Sin embargo, algunos pocos proyectos de seis o más
cabezas logran ver la luz y sobrevivir unos meses, y
esos son los peores: los medios y la opinión
pública toman estos engendros deformes como ejemplos
para seguir produciendo monstruosidades. Cuando esos
proyectos finalmente fracasan, miles de idiotas quedan
rascándose la cabeza sin entender qué
fue lo que falló, como no lo habían entendido
desde el principio.
Las estrategias comerciales
en la web pueden enmarcarse dentro de una de estas tres
categorías: bajar costos, agregar una fuente
de ingresos, o crear una nueva empresa. En todas pueden
hacerse cagadas.
Trabajando con
nuevas tecnologías: bajar costos
Cualquier empresa puede aprovechar
las tecnologías nacidas con Internet para bajar
costos, reformulando productos, servicios o mecanismos
productivos de manera más eficiente. Por ejemplo,
manejando la información electrónicamente,
reduciendo costos de impresión y distribución.
O automatizando la comunicación con clientes
habituales y proveedores, simplificando la administración.
La teoría es maravillosa,
pero en la práctica, muchos ejecutivos no terminaron
la escuela primaria. Si reducir los costos en $1000
mensuales requiriese una única inversión
de $2000, la tecnología nunca sería incorporada
por considerársela demasiado cara. Un año
más tarde, la empresa habrá perdido $10.000
por no haber implementado la tecnología en su
momento, aunque probablemente el jefe siga en su puesto.
Pero hay algo peor que un gerente
que no invierte en tecnología por ignorante:
un gerente que invierte en tecnología por ignorante.
En muchas empresas, el mail corporativo ha logrado que
la gente deje de hacer su trabajo, para pasar a perder
el tiempo enviando mails sobre el estado en que está
su trabajo. Eso, en los pocos minutos en los que no
están ocupados visitando sitios como éste.
Agregar una fuente
de ingresos: ganar más
Una empresa puede crear un nuevo
punto de venta en Internet, o un producto/servicio que
aproveche el nuevo medio. Es el caso de una librería
con cincuenta sucursales que proyecta un sitio de venta
online.
Lo lógico sería
que nuestra librería invierta en su nueva sucursal
una cifra comparable a lo que invertiría en un
nuevo local, y que al replantear muchos procesos administrativos
para el proyecto, termine mejorando los de las otras
sucursales. Sin embargo, la mayoría de los empresarios
no suele obrar de forma lógica; en algunos casos
por no disponer de información ni preocuparse
por conseguirla, y en otros por no disponer de cerebro.
Lo más probable sería
entonces que nuestro empresario fuera incapaz de valorar
la rentabilidad de un emprendimiento on-line, y ya sea
por sobreestimarla o por no querer arriesgarse, termine
invirtiendo la décima parte de lo necesario para
tener un sitio que funcione decentemente. El resultado
será un sitio que funcionará una de cada
diez veces, y que perderá el 90% de sus clientes.
Crear una nueva
empresa: apostar a largo plazo
Los preferidos de los medios
masivos son los tipos que se han vuelto millonarios
con Internet. Es evidente que se trata de tipos muy
inteligentes; si no fuera así, estarían
trabajando como jefes de redacción, pautando
notas sobre los que se han vuelto millonarios con Internet.
De igual manera, los redactores no entienden cómo
esos tipos se volvieron millonarios; si lo supieran,
no estarían escribiendo sobre ello a cambio de
un sueldo miserable. Ante la ignorancia, arriesgan teorías
que publican como verdades comprobadas; de lo contrario,
nadie las leería.
El secreto debe estar en
la publicidad
Algunos suponen que las publicidades
reportan enormes beneficios. Lo llamativo de la publicidad
en Internet es que siempre refiere a otro sitio en Internet;
de esa manera, los sitios menos visitados anuncian en
sitios más visitados, esperando atraer gente
que aumente sus posibilidades de cobrarle publicidad
a sitios menos visitados aún que ellos. En este
tipo de pirámides, los únicos que ganan
son los que están en la punta; todos los demás
se limitan a observar cómo la plata viene por
abajo y se va por arriba. Yahoo es uno de los sitios
más visitados del mundo, y por ello uno de los
pocos que realmente gana dinero mediante la publicidad
- el resto, a lo sumo podrá cubrir algún
costo, si es que la geometría de su trapecio
particular se lo permite.
Sin contenidos, nadie viene
a mirar la publicidad
Como los buscadores reciben
el grueso de las visitas, alguna mente brillante decidió
inflarlos con contenidos y concentrar todo en un solo
lugar, dando nacimiento a los portales. El término
"contenidos" describe bastante bien la clase
de gas utilizado para inflar el sitio: ya no se habla
de arte, de información o lo que fuere, pues
se conciben los sitios como meros recipientes a llenar.
Los diseñadores, artistas y periodistas podrían
ser reemplazados por enfermos de diarrea; en muchos
casos, así ha ocurrido efectivamente.
Los portales son una contradicción
en varios sentidos. En primer lugar, el valor de la
web viene de su diversidad; los buscadores no se oponían
a la diversificación, sino que la hacían
humanamente accesible. Nadar contra la corriente, tratando
de concentrar todo en un solo lugar, es producto de
la codicia; suponerlo un excelente negocio, de la estupidez.
Por otra parte, los buscadores son sitios concretos
y sencillos, rápidos de cargar y utilizar, y
muy prácticos como página de acceso a
Internet; los portales, en cambio, son innavegables
por su afán de abarcar mucho sin conocer el refrán.
La bolsa está llena
de oportunidades
Gracias a la fiebre del oro,
algunos sitios lograron cotizar muy alto en la bolsa,
de acuerdo al valor que se les suponía a futuro.
Las acciones subieron gracias a la creencia de que los
sitios generarían pingües ganancias algún
día, pero como a medida que pasa el tiempo esa
suposición se demuestra cada vez más ilusoria,
los valores se van desplomando. Elsitio.com, el único
sitio argentino que logró cotizar en NASDAQ y
el modelo a seguir para todos los demás, vio
caer su valor en picada. Impsat, la empresa de telecomunicaciones
que es accionista de elsitio.com, decidió tirarle
como salvavidas las cuentas domiciliarias de acceso
a Internet; con ello perdería dinero, pero no
tanto como el que perdería si su inversión
se evaporara. Los antiguos usuarios de Impsat recibieron
un pésimo servicio y se preguntan qué
hicieron para merecer eso; los que fantasearon con millones
armando sitios iguales a elsitio.com, simplemente se
lo merecen.
Lo esencial es la compra-venta
Pero no sólo se producen
monstruos tomando a deformidades como modelo - la miopía
es capaz de producirlos partiendo de algo bien hecho.
Ebay.com es uno de los pocos sitios que planteó
un concepto revolucionario en su momento: en su caso,
la subasta on-line. Lo importante de la idea no es que
haya gente que compre y gente que venda, sino que el
martillero se quede con una comisión. Ante el
éxito de ebay.com, cientos de emprendedores se
lanzaron a copiar el modelo, pero sin ponerse los anteojos:
resignaron la comisión para atraer gente y se
condenaron a no poder cobrarla nunca, pues en cuanto
traten de hacerlo, su público migrará
a la competencia. Una forma de resolver el problema
sería que se pongan todos de acuerdo en comenzar
a cobrar comisiones el mismo día, pero conociendo
lo fuerte y obstinada que es la codicia, me inclino
a pensar que el único que podrá cobrar
comisiones será el que sobreviva a la quiebra
de todos los demás.
Para vender on-line basta
una página
Hay casos más tristes
aún. Sitios como amazon.com lograron vencer,
mediante una excelente logística, la desconfianza
del público ante las compras online (lo cual
sin embargo no le ha dado un balance positivo: se dedica
a comprar compulsivamente otros sitios, en gran medida
para asfixiar a la competencia cuando todavía
está aprendiendo a respirar). Más de uno
parece creer que el secreto del éxito de Amazon
está en la forma en que armó los menúes
o los colores que utilizó en la página.
Esta gente se dedica a fantasear con integrar la legión
de nuevos ricos, contando exclusivamente con su incapacidad
para resolver un pedido en menos de veinticuatro meses,
y el invalorable apoyo de los estratosféricos
costos de envío del correo local.
Dándole de comer al
pez grande
Agotadas la publicidad, la publicación
de contenidos, la cotización en la bolsa y las
transacciones online, ha surgido una última idea
brillante sobre cómo debe ser eso de ganar millones
en Internet: creando un site para que lo compre otro
más grande. O sea, armar un negocio con una rentabilidad
tan baja que no valga la pena explotarlo, pero esperando
que alguien con la visión comercial necesaria
para haber amasijado millones, sea lo suficientemente
imbécil como para adquirirlo.
Conclusión
Si nadie entiende de dónde
sale tanto oro, es simplemente porque no es oro todo
lo que reluce. Son muy pocas las empresas nacidas en
Internet que tengan la credibilidad suficiente como
para atraer compradores, y son menos aún las
que tienen un balance positivo. Habiendo cerca de diez
millones de dominios "punto com" registrados,
hay muy pocos nuevos ricos; como en la ruleta, la casa
siempre gana, y en Internet la casa son quienes cobran
por la conexión, el registro de los dominios
y demás elementos de la infraestructura - en
pocas palabras, quienes tienen las cabinas de peaje.
Internet no fue desarrollada
por expertos en marketing para asegurar negocios, sino
por ingenieros para asegurar comunicaciones (tal vez
es por ello que aún funciona). Los factores que
pueden hacer de Internet una clara y verdadera fuente
de ingresos están al alcance de muy pocos, capaces
de soportar la enorme infraestructura que está
detrás de sus páginas.
El resto de los grandes sitios
-esos que gastan millones en publicidad sin que nadie
entienda de dónde salen- apuestan a que tarde
o temprano aparecerán los cambios que permitirán
convertir el plomo en oro, y que cuando ello suceda
más vale estar allí con una marca bien
reconocida; es por ello que buscan atraer a la gente
con contenidos, servicios y cuanto chirimbolo ande suelto.
Estos sitios durarán tanto como la paciencia
de sus accionistas.
Benito J. Cámelas
CEO de La Bondiola Software
www.labondiola.com
PD: Espero que los arqueólogos
del futuro sepan agradecerme por haberles evitado una
visita al frenopático. No hay de qué.