El Coyote refleja mi propia historia
de frustración y enemistad con todas las herramientas,
multiplicada sólo ligeramente.
-Chuck Jones
28-06-2.000
El Coyote o, para usar su nombre completo, Wile E. Coyote,
es una de los personajes más conmovedores creados
por Chuck Jones. A diferencia de sus otros malos,
como el Pato Lucas -que se deleita en el placer de incordiar
a sus semejantes- o Elmer -que mata por afición,
o al menos lo intenta- el Coyote lo que quiere es comer.
En el fondo se trata de una
víctima trágica. La arrogancia, auténtica
chulería, del Correcaminos -que se comporta más
como verdugo que como víctima- hará que
cuando por fin el Coyote lo atrape y se lo zampe, muchos
respiremos aliviados.
Pero como todos los personajes
trágicos, desde el tiempo de Eurípides,
el Coyote tiene un defecto fundamental de carácter:
su problema es no saber reconocer su derrota a tiempo.
Como dice Chuck Jones, "el único enemigo
del Coyote es su abrumadora terquedad. Como todos nosotros
en al menos algunas ocasiones, persiste en un curso
de acción mucho tiempo después de haber
olvidado sus razones originales para haberlo adoptado
". El astuto carnívoro predador se ha convertido
en fanático irreflexivo.
La mayoría de las frustraciones
del personaje provienen de su relación con la
tecnología. Ante una presa infinitamente más
veloz, tiene que echar mano del tradicional ingenio
de los de su especie para idear métodos a cual
más creativos para atrapar al maldito pajarraco.
Sus trampas a base de dinamita, poleas o señuelos
suelen ser absolutamente lógicas y racionales.
Si, por ejemplo, tu presa alcanza velocidades vertiginosas,
parece inevitable buscar una solución que pase
por el método tecnológico de aumentar
tu propia velocidad -por ejemplo, ponerte patines y
atarte a la espalda un cohete gigante marca Acme (proveyéndote,
claro está, de gafas y casco, la seguridad ante
todo). En ocasiones sus estratagemas rozan la genialidad,
como cuando ha pintado un túnel simulado en la
superficie de la pared rocosa, con carretera y punto
de fuga incluido para lograr un impecable efecto de
realidad virtual, con el fin de que su víctima
se estampe contra la roca. Son planes que no tendrían
que fallar.
Las soluciones del Coyote son
un remedo de los intentos del ser humano por hacer frente
a su propio medio hostil, desde tiempos remotos hasta
nuestros días. De hecho parte de la gracia del
personaje reside en que la tecnología que adopta
es la nuestra: la empresa Acme le proporciona todo tipo
de artilugios tecnológicos que nos son plenamente
familiares, desde un tirachinas (gigante, eso sí)
hasta las interminables cajas de dinamita que nuestro
héroe recibe por correo regularmente.
Pero las cosas fallan. Los designios
más perfectos resultan patéticamente insuficientes.
El universo parece confabularse con el Correcaminos
para frustrar al pobre y hambriento Coyote.
La forma en que se tuercen los
planes es absurda e inexplicable. La realidad se comporta
como no tendría que comportarse. El Correcaminos
entra por el túnel pintado en la pared, desafiando
las leyes de la naturaleza y de la lógica (las
cosas vuelven a su orden cuando el Coyote intenta hacer
lo mismo y se estampa). Hasta la misma gravedad -sobre
todo la gravedad- actúa de forma caprichosa cuando
los planes del Coyote están en juego.
Pero el problema nunca es la
naturaleza en sí, sino sino la forma patética
en que la tecnología, diseñada para controlar
o canalizar las leyes del universo, no cumple su función.
La dinamita estalla cuando no debe, el cohete atado
en la espalda se vuelve incontrolable. La roca -manejada
por principios de la física tan elementales e
indiscutibles como la polea o la palanca- no cae hasta
que el Coyote se pone debajo para inspeccionarla.
Cuando las cosas no funcionan
como deberían, la relación del Coyote
con la tecnología nos es plenamente familiar.
A todos nos ha sucedido: un disco duro que se estropea
en el peor momento, un fallo absurdo e inexplicable
del software o el hardware del que dependen meses de
nuestro trabajo, un artilugio que casca nada más
agotarse la garantía, un aparato o un programa
perfecto que no podía fallar -pero que falla.
(La NASA sabe lo que es adentrarse en el territorio
del Coyote.) Incluso el Macintosh, una tecnología
amigable y fiable donde las haya, parece fallar sólo
cuando más nos puede fastidiar. Como la dinamita
Acme.
En el fondo el Coyote nos da
risa porque somos como él, y sus experiencias
son las nuestras. Todos somos Wile E. Coyote cuando
se trata de enfrentarnos con la tecnología.