Cuando un ordenador no es sólo
un ordenador.
11-10-2.000
Las cosas muchas veces no son sólo cosas. Desde
siempre ha sido muy frecuente que el ser humano dé
un significado adicional a ciertos objetos: al convertir
un trozo de tela en una bandera, por ejemplo.
Las tecnologías, cuando
son suficientemente potentes como para transformar radicalmente
nuestra vida, también suelen dotarse de connotaciones
simbólicas. Así, las tecnologías
de la navegación que los griegos adoptaron de
los fenicios y que abrieron nuevos horizontes a la Grecia
arcaica, se convirtieron en el símbolo de una
nueva forma de ver el mundo. El barco, en La Odisea,
es más que un medio de transporte: es el emblema
de la nueva era de exploración, expansión,
crecimiento económico y auge cultural. Representa
apertura ante el oscurantismo, esperanza ante la decadencia,
y también el riesgo del cambio ante la estabilidad
de lo tradicional.
Otro ejemplo es el ferrocarril,
que fue visto (por ejemplo en la iconografía
soviética) como encarnación de una nueva
era de prosperidad -horizontes luminosos, cosechas abundantes
y campesinos sonrientes- y también (como en las
novelas de Thomas Hardy) como destructor de los valores
tradicionales de la sociedad rural.
La informática ha transformado
el mundo y parece inevitable que se convierta en símbolo.
Pero la tecnología en sí es algo insulso,
neutro, poco sugerente. Para dotarla de un significado
ulterior hace falta la imaginación del visionario
o el poeta. Alguien como Steve Jobs y Steve
Wozniak, por ejemplo, que desde el nacimiento de
la informática personal asociaron su invento
a valores cercanos al pensamiento utópico. Su
cometido no era fabricar máquinas, sino transformar
el mundo, una persona por vez.
Su máquina se alejó
de la nomenclatura al uso y fue bautizada como Ordenador
Manzana. (Las risas de los tiburones empresariales habrán
retumbado por todo el distrito financiero de San Francisco.)
El nombredescribía una tecnología que
debía parecerse a una manzana: sencilla de usar
y de comprender, amable, que se adaptara al ser humano
sin hacer que el humano se adaptara a ella. Estos dos
visionarios, y algunos otros pioneros, tomaron como
punto de partida la ética de la utopía
hippy que pervivía en la zona de San Francisco
y la trasladaron a la tecnología naciente.
Otros se apuntaron a la informática
personal navegando bajo el signo del dólar. Eran
otros valores, otra filosofía, otra visión.
Cuando una persona opta por
un Mac, no se pone a reflexionar sobre los valores simbólicos
de la tecnología, por supuesto. Pero a cierto
nivel todos intuímos que el ordenador de la manzanita
es algo más que una mera máquina. Todos
estamos tomando una postura ética, estética,
filosófica ante la revolución digital.
Sin necesidad de ser filósofos, sabemos en el
fondo que el Mac encarna -aunque sea de forma imperfecta
y parcial- lo que muchos quisiéramos que fuera
el mundo.