Ojo con Explorer 5
11-04-2.000
Sí, es
bonito. Sí, tiene un motor rápido. Si, Netscape
ha sacado un preview que debió dejar madurando en casa
un mes mas, a ser posible tapado para que no llamara la atención...
Y sí, Explorer 5 tiene algunas prestaciones únicas
que le dan una cierta gracia.
Pero Explorer 5 sigue siendo un producto de Microsoft, al menos
de momento (apuesto a que no mucho tiempo más), y se nota.
Se nota en cómo hace cosas extrañas con la privacidad
de los usuarios. Como muestra, un botón:
Un usuario que lo instaló, probó, de dejó
de lado en favor de sus herramientas habituales, comentaba ayer
que se le ocurrió volver a abrir Explorer y mirarlo un
poco. Y, bajo Edit / Preferences / Network / Site Passwords, se
encontró el listado de todas las cuentas de correo que
maneja, con sus claves en la mayoría de los casos, y lo
mismo de los sites de FTP con los que trabaja.
Pero lo más fuerte del asunto es que, como hemos dicho,
Explorer recogió todos estos datos a pesar de que no estaba
en uso: el usuario navegaba con Netscape y usaba Eudora. Explorer
no había vuelto a funcionar desde el día en que
se instaló.
Y lo mejor es que no se sabe cómo desconectar este "diario
de navegación". Al parecer, cientos de usuarios están
experimentando el mismo tipo de sorpresa.
Microsoft Explorer tiene desde hace tiempo la capacidad de auto-rellenar
las claves: recuerda, si se le instruye para que lo haga, el contenido
de los campos de los formularios que uno va llenando para acceder
a diversos servicios. Esto es una ventaja inapreciable -en el
buen sentido- porque uno puede beneficiarse de ella, pero también
controlarla: se puede indicar que no se conserve la clave, y así
no se corre el riesgo de que el siguiente usuario del ordenador
pueda, por ejemplo, introducirse en el servidor del Banco y operar
en tu nombre.
Si Explorer 5 no permite controlar esta característica,
como parece, el auto-rellenado (o la función a la que sirva
esa acumulación de datos y claves) no es una ventaja sino
todo lo contrario. Imagina a un usuario de un cibercafé
con Macs que entra en su cuenta de HotMail, recoge su correo y
se va. Y luego llega otro usuario con mala idea y se introduce
tranquilamente en su correspondencia. No es la idea más
agradable del mundo.Pero tampoco lo peor que podría pasar.