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ziol

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About ziol

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    Usuario Activo
  • Birthday 08/09/1952
  1. Me encuentro que para el único uso profesional que le doy al iPad, es relativamente incomodo. Y no precisamente por falta de potencia. Más bien es la filosofía subyacente. Necesito llevar un determinado número de gráficos —fotos, mapas, diagramas y dibujos— y documentos en PDF. No me importa que no quepan todos, y que tenga que cargar o descargar según el caso. Pero tengo un inconveniente que para mi es importante con los gráficos, no puedo ver el nombre de los ficheros ni su tamaño en píxeles. Ni tampoco los puedo ordenar a mi gusto, ni desde el ordenador. Con los PDF está mucho mejor, aunque, seguramente por mi incompetencia, en el iTunes el iMac tengo una lista inmensa de documentos y versiones anteriores que no sé eliminar, y que me hacen perder el tiempo cuando he de marcar qué documentos sincronizo o no; sería muchísimo más feliz si al conectar el iPad con un ordenador, actuara como una memoria externa donde pudiera echar o borrar los ficheros que quisiera, perdería muchísimo menos tiempo. Las restricciones sobre el movimiento de fotos me perjudican mucho, en general no estoy en línea —si lo estuviera, seguramente no necesitaría llevar mi dispositivo— y cuando me pasan algunas, me las he de guardar en una memoria USB y colocarlas luego en casa, de la misma manera que si tengo que pasar alguna a otras personas, lo hago desde la copia de las fotos del iPad que llevo en la memoria; muy lógico el procedimiento no es, pero es lo que hay. Todas estas tribulaciones que tengo, no son en absoluto de potencia. Quizás haya aplicaciones de terceros que las solucionen, pero sinceramente, me da muchísima pereza buscarlas y, sobre todo, probarlas. Cambiar la filosofía no lo van a hacer y esto me lleva a pensar que, en vez de tener dispositivos cada vez más integrados, mucha gente acabará optando por un portátil para determinadas cosas; una tablet para otras que sí pueda hacer y que el portátil pesaría demasiado; y el ordenador de casa para trabajar con comodidad.
  2. Para muchas personas, pasar tanto a la renta básica universal como a la repartición del trabajo, sí que son cambios muy importantes.Algunos, seguramente con «mentalidad algebraica» vemos que son relativamente equivalentes y que quizás se habrían de aplicar según las circunstancias; en ocasiones repartir el trabajo sería lo ideal, pero en otras, es preferible que lo realicen los más adecuados, y ya haremos llegar una parte de los beneficios a los que no entren en el mercado laboral por muy diversas causas: desde la edad, causas físicas, capacidad laboral real, o situación social que los puede hacer más provechosos para la sociedad si se dedican a cuestiones que actualmente no se considerarían trabajos pero que son positivas para la comunidad. O sea que cuando hablo de repartir el trabajo, no estoy diciendo nada absolutamente nada en contra de la renta universal. Además, esta renta eliminaría de empresario una cierta responsabilidad, aunque sea solo moral y no legal, sobre sus trabajadores: si yo soy un empresario y encuentro a un individuo más productivo, no tendría la reticencia moral de dejar a una persona sin nada —o sin nada al cabo de cierto tiempo como ahora— si lo substituyo. O me permitiría dedicar muchas más horas a cuestiones por las que no recibo dinero, porqué sabrá que al menos para vivir ya tengo. Y naturalmente que mi reparto del trabajo no incluye en absoluto el trabajo creativo que en todo caso tendría que tener vías de financiación más independientes de las llamadas «industrias culturales».
  3. ❀ Soy aficionado a los experimentos mentales. Voy a pensar que vivo en una isla con mis tres hermanos y sus familias. Trabajamos y vivimos de la agricultura, que nos ocupa toda la jornada laboral. La isla, como su nombre indica, está bastante aislada; pero un día, por el procedimiento que sea, consigo un tractor y ahora, para explotar los campos de la isla y producir el sustento de todos, basta una sola persona. A lo mejor, se nos ocurre algo qué hacer para los otros tres —toda una jornada laboral— pero lo más probable, es que no haya posibilidades, y si uno, liberado de su trabajo en el campo decide que va a ser actor, las otras personas no vamos a estar cada día consumiendo su trabajo durante toda su jornada, o no le vamos a comprar todos los cuadros si decide ser pintor a tiempo completo. Lógicamente, somos familia, y nos repartiríamos el trabajo, y el resto de las horas las dedicaríamos a temas más personales y domésticos, muchos de ellos fuera de la esfera directamente productiva. ❀ Hace muchos años, casi 50, recuerdo una película corta de ciencia ficción: un trabajador —o varios, no me acuerdo— con unas mazas escribían en una máquina de escribir gigante, letra a letra, documentos para un departamento administrativo oficial o de una gran empresa. Los documentos tenían muy poca información, eran un dato o una confirmación de un trabajo, pero se escribían largo encabezamiento igual en todos ellos consistente en el nombre, títulos y calificación administrativa de la persona a quien iban dirigidos. Un día, uno de los trabajadores le sugiere al supervisor, que el tratamiento, al ser siempre igual, se podría abreviar con una siglas. Pero el supervisor responde que esto dejaría sin trabajo a la mitad de los empleados de la oficina… Ya hace más de medio siglo del guión, el problema viene ya de lejos, pero todavía estamos en la tesitura de creer que es bueno, globalmente, crear trabajos, por inútiles que sean, para mantener ocupada la población. Y esta creencia se ha mantenido cuando muchos trabajos empiezan a no ser útiles, o lo que es peor, a consumir recursos escasos y generar globalmente, en definitiva, pérdida de bienes o servicios. ❀ No hace ni una semana estuve viendo un programa sobre las pensiones. Nadie se daba cuenta de que la idea de pensiones, sean solidarias —los jóvenes pagan las de los mayores— o capitalizadas, no dejan de ser metáforas: realmente las pensiones son una parte de la producción que va a parar al estado en forma de impuestos y luego se redistribuye. Que se asignen estos impuestos en función de lo que cobran las personas que producen, es simplemente una conveniencia de unos tiempos con más demanda laboral que oferta, pero no quita el hecho que realmente las pensiones vengan de una parte de la producción, que debería de ser absolutamente independiente de si esta producción viene de humanos o de robots. Claro que cambiar esto implica cambiar muchos paradigmas, algunos de los cuales con miles de años de vigencia y que reglamentarlo puede ser difícil, pero imposible, seguro que no es.
  4. El cuadricromatismo se produce solo en mujeres que sean portadoras del daltonismo, en uno de sus cromosomas X el gen correspondiente a uno de los pigmentos de los conos es defectuoso y la respuesta espectral es distinta a la de los conos habituales- En el otro cromosoma X tendrá codificado el gen correcto. Y resulta que el las hembras de mamíferos, en cada célula funcional, uno de los dos cromosomas X está desactivado al azar, si no fuera así expresarían el doble de muchos genes y sería problemático. En la retina, de los conos sensibles al verde, una mujer cuadricromática tiene de dos clases. Normalmente con cuervas espectrales de respuesta algo distintas. En definitiva, el espacio de color que tiene es de cuatro dimensiones. Y aquí viene el problema, los colores que vemos en una pantalla estás formados por las emisiones de tres clases de fósforos, un espacio de color tridimensional. Ser cuadricromática no representa ninguna ventaja, en cierto modo puede ser un inconveniente porqué sería como alguien tricromático con unos ajustes algo distintos a la mayoría. El cuadricromatismo se aprecia con color natural, con objetos con un espectro continuo, incluso con iluminación fluorescente, que es poco continuo, no ven los matices que sí ven con incandescencia. Por otra parte, un catálogo pantone impreso lo está con unas tintas concretas, con espectro reflexivo relativamente continuo. Pero se ajustan con un colorímetro de tres canales, pensado para la vista normal. En otro catálogo impreso con otras tintas, un color concreto, al colorímetro de tres canales o al ojo normal se vería igual, pero para una cuadricromática, podría representar un color diferente. A este problema hay que añadir que el gen anómalo puede ser el correspondiente a los rojos o a los amarillos, con la cual cosa, incluso un catálogo ajustado para un tipo de cuadricromáticas, no lo sería para las otras.
  5. Hay una solución conocida al menos desde que estudié la asignatura de óptica allá por 1972, recuerdo perfectamente el profesor que nos lo explicó, que consiste en usar unas gafas con uno de los cristales con un ligero filtro en la banda del rojo y el otro en la del verde. Aquel profesor nos contó que las personas con estas gafas, distinguían los colores muchísimo mejor que sin ellas. Muchos años más tarde he visto de cerca algunos problemas que tiene esta propuesta. En primer lugar, el daltónico puede ni haberse dado cuenta de su problema, he convivido con tres que saben que son daltónicos porqué de adultos alguien se dio cuenta e insistió en hacerles el test, hasta aquel momento tenían la impresión que esto de los colores era un poco como lo que nos pasaba de niños a personas que los vemos normalmente: había muchísimos nombres de colores —en mi caso los recuerdo de señoras hablando de ropa— que yo solo tenía una idea muy remota de a qué colores correspondían, concretamente en la gama de morados, lilas, violetas, fucsias, magentas y similares que para mí, que ahora que me sé los nombres, distingo perfectamente, pero que de niño era consciente de no saber exactamente qué eran. Estas personas que han vivido con su daltonismo sin enterarse, no están muy dispuestas a usar unas gafas que consideran antiestéticas o al menos raras. Pero de este tipo de gafas, en más de 40 años que sé de su existencia, muy pocas veces he encontrado otras referencias, si no llega a ser por el Dr. Vidal, seguramente no me habría fijado nunca. Otra cosa sería con niños, ignoro ahora si en los exámenes médicos obligatorios en las escuelas se pasa el test de daltonismo, por los años 90, a mis hijos no se lo pasaron. Y, por ejemplo en la facultad de magisterio donde estudió mi hija, de como tratar el daltonismo en clase —al igual que, por ejemplo, las técnicas para escribir en los zurdos— no les dijeron nada. Es un tema muy desconocido. En sentido exactamente contrario, la inmensa mayoría de las mujeres cuadricromáticas, mi esposa por ejemplo, no se dan cuenta en absoluto de que pueden distinguir muchos más matices de color que los hombres, o que las mujeres «normales». Claro que las ventajas que les representa en la vida real son nimias, yo solo he encontrado una en un asunto muy minoritario: ven mucho mejor que yo el color de las estrellas, con un poco de práctica pueden distinguir a ojo el tipo espectral de una estrella brillante, o no tan brillante con el telescopio.
  6. Conseguir el 70% de rendimiento con un dispositivo que cuesta la mitad que un molino con aspas y que, además, puede funcionar con vientos más débiles, en principio, es interesante. Permitidme una reflexión sobre el tema de la energía, la ciencia en general y su relación con la sociedad. En el tema de la energía, sobre todo cando se trata de energía a gran escala con implicaciones sociales, siempre tenemos el problema de la incultura general. Recuerdo que hace casi cincuenta años, cuando yo tenía doce, el Sr. Cuadrenys —de los buenos profesores, me acuerdo perfectamente— nos explicó lo que era la energía. Curiosamente, en el programa de aquellos tiempos, los distintos sistemas de unidades, el «MKS» —ahora sería el sistema internacional—, el «CGS» y el «Técnico», eran temas muy importantes. Por lo menos sirvieron para obtener mucha agilidad en el cambio de unidades… Quizás tres años más tarde, simplemente con un nivel de secundaria, era perfectamente posible haber interiorizado conceptos como los dos primeros principios de la termodinámica, el rendimiento de un sistema, las perdidas de energía en una linea eléctrica, la potencia necesaria para diversos dispositivos, etcétera. En otras palabras, lo básico que afecta al día a día de las personas, de todas, no específicamente científicos e ingenieros. Pero, ¡ay! cuanta gente acababa aprobando el examen correspondiente sin haber interiorizado los conceptos. Y hablo de hace cincuenta años, cuando la enseñanza secundaria era, dicen, mucho más elitista que ahora. La constatación, claro, es que las cosas están —no voy a decir peor—, igual. Tengo una hija que terminó la carrera de magisterio hace seis años. Había estudiado el bachillerato de ciencias —muy natural viviendo en casa—, para maestros ha de haber de todo. Pero en su grupo en la universidad, creo que eran unos 70, recuerdo que un día me contó que sólo tres sabían hacer ecuaciones de segundo grado, y que solo ella recordaba lo que era el segundo principio de la termodinámica. Esto último, me temo, que fue porqué se lo había explicado yo mucho antes de que el bachillerato se lo contara el profesor. ¿Ha de saber —y especialmente asumir— el segundo principio un maestro de primaria? Seré minoritario, pero creo que sí. Yo, a mis hijos, cuando estaban en edad de primaria, ya les contaba estas cosas, y sospecho que si ella era la única que con 20 años lo recordaba, fue porqué era un tema que había vivido desde pequeña como normal. Seguro que a los ocho años no les enseñé a hacer ningún cálculo del tema. pero sí, les enseñé resultados concretos del tipo, con esta gasolina el coche puede hacer estos km, pero hay una competición donde con un litro de gasolina hacen tantos centenares de km y, a su nivel, les explicaba como se las arreglaban. De la misma manera que en casa, algún día, les conté que los electrodomésticos que calientan, como las estufas o la plancha, gastan mucho más que los que simplemente hacen funcionar un motor, como la aspiradora o la nevera. En definitiva, vivir la ciencia práctica desde niños, puede ser la única manera de asumirla de adultos para la mayoría. Y una mayoría social que entienda y asuma los principios de la ciencia, creo que es esencial para que las decisiones que se acaben tomando en este campo, sean lógicas, más allá de las modas o los grupos de presión. Yo mismo, creo mucho en la eólica. Pero soy consciente de, por ejemplo, las necesidades de trasporte de energía que tendríamos si fuera la fuente de energía mayoritaria —creo que asumibles—, y también de que transformaría el paisaje, aunque menos de lo que lo transformó la agricultura, y en menor medida la urbanización, desde hace miles de años. La decisión de si queremos este modelo o no, sólo se puede tomar racionalmente —y también democráticamente— desde una población que mayoritariamente haya asumido los principios de la ciencia implicados.
  7. Seguramente mi respuesta también es un poco rara, pero a pocos metros de mi casa hay una escuela, y por la tarde cuando salen los alumnos, veo —y especialmente escucho cuando se mueven sobre las baldosas de la acera— algunos con carteritas o carritos con ruedas, algunas no demasiado grandes, a la medida de un niño de 6 o 7 años, pero en las que sospecho que cabría lo que necesitas. Eso sí, los diseños acostumbran a ser «infantiles».
  8. Hace tres meses me compre un iPad Mini retina, básicamente para poder acceder a internet desde el comedor de casa —también desde el dormitorio— sin haberme de desplazar al despacho, que mis hijos de pequeños llamaban el cuarto de los ordenadores i mi mujer, más o menos, antro. Cumple perfectamente su función básica, salvo cuando algún vecino interfiere la wifi de casa… problema intermitente que todavía no he abordado decididamente. Para complicarlo, si usando un engendro de Movistar llamado portal Alejandra, intento cambiar el canal de la wifi, indefectiblemente me aparece ERROR, y de ahí no lo muevo. Pero el pobre iPad no tiene ninguna culpa en ello. Fuera de casa, en general lo uso en sitios sin wifi o sea que hay temas que quedan fuera de mis posibilidades. La aplicación iBooks, también me es muy útil, sobre todo para llevar encima mucha documentación que he pasado a formato PDF adecuado a la medida de la pantalla. Y aquí empiezan los peros de usabilidad. Para transferir los documentos no he encornado otro sistema fácil que iTunes, se añaden en una lista, se sincroniza, i listos. Pero cuando me equivoco con un documento, coloco otra versión con otro nombre etcétera, no encuentro manera de quitar de la lista los documentos que ya no voy a utilizar, las versiones viejas o erróneas, lo único que puedo hacer es marcar solo los buenos, que en estos momentos empiezan a ser muy minoría. Tengo la tentación de borrar todo el iPad (no sé como se hace), desinstalar iTunes, y volver a empezar de nuevo, pero no estoy seguro si después de todo este trabajo no volverán a aparecer todos los documentos viejos, que cosas similares me han ocurrido en otras ocasiones. Para mi, lo ideal sería que de la misma manera que hay un «añadir a la biblioteca» hubiera un «quitar de la biblioteca» o sencillamente que se pudiera hacer con Delete, o ⌘ Delete. Igual es muy sencillo, pero depuse de casi 30 años con Macintosh, no lo he sabido ver. Encuentro a faltar, también, una función de búsqueda extendida a todos los documentos, a la manera de Spotlight. Muchas de las aplicaciones, las he usado muy poco, no van en la línea de lo que necesito. Por ejemplo FaceTime, que yo no soy de llamar por teléfono hasta el punto de no usar móvil. Ni vídeos, que me da pereza grabarlos, mejor dicho editarlos, y de películas de terceros, hace como 7 años que no he ido al cine o he mirado deliberadamente alguna película por la tele. Pero esto ya lo preveía, hace 5 años que tengo un Touch y nunca le he transferido ningún vídeo. La cámara la he probado, pero como que siempre que salgo de casa llevo al menos una cámara fotográfica compacta, con muchos más ajustes, no la he usado realmente. Contactos o calendario. No las uso. En el iMac iCal tampoco lo he usado nunca y en la libreta de direcciones tengo las fichas de mis libros… La alarma o el temporizador del reloj del iPad sí que los uso. Mapas, bien es una aplicación bonita, aunque en general uso webs de cartografía y me guardo los mapas en la lista de lectura para poder usarlos sin red. Google Earth, para mí, un desastre, soy incapaz de tocar la pantalla sin girar la orientación, además, la mayor parte de las cosas que hago en el ordenador, en la versión de iPad no están. Lo borré, y eso que en el iMac la uso contínuamente. Safari es para mi muy correcta, aunque hay demasiadas webs que quieren «ayudar» y la versión a la que accedo directamente está muy recortada respecto a la del ordenador, claro que no es culpa del iPad. Afortunadamente, buscando un poco, conseguí que al menos Gmail me apareciera en versión normal. Alguna vez salta y aparezco en el escritorio, pero al volver a entrar, todo continúa en su sitio. Pages. En casa, lo uso continuamente, pero en el iPad me es muy incómoda, y no por el teclado. Por una parte, no hay sistema fácil para transferir los ficheros al ordenador conservando algunos atributos, necesitaría que como mínimo pudiera enviar un rtf por correo electrónico y me he de limitar a txt a secas. Para escribir, acabo usando el editor de gMail dentro de Safari que además me permite, si estoy online, enviar mi texto a cualquier otro dispositivo sin problema. Fotos. Ha sido una de mis decepciones. Por una parte, por ignotos motivos, que no creo que sean la defensa del copyright, no se pueden transmitir o recibir fotos u otros gráficos con facilidad; no dispone de opciones para clasificar los documentos, empezando por ver y pode modificar el nombre del fichero, dentro de las carpetas ordena como quiere las imágenes, es igual si en la carpeta del ordenador las he numerado y puesto con fecha de creación en el orden que a mi me interesa; las coloca todas a su resolución, es igual si quiero tener imágenes pequeñas para ahorrar espacio o si necesito alguna de grande —por ejemplo un mapa geológico—, todas las pone de igual tamaño y me obliga, por ejemplo, a llegar mapas partirlos en 4, 9 o 16 trozos lo cual es muy incómodo; también me sería muy útil tener carpetas a varios niveles, o algo parecido a los alias par poder ver la misma foto en varias clasificaciones sin haberla de duplicar. La cosa llega al punto que para temas de trabajo, a menudo llevo mis imágenes en un usb para enseñarlas en el ordenador del sitio al que voy. Música, correcto. Aunque no me deja organizar las cosas como tengo costumbre en el ordenador. Aunque le he pasado muchos de los vinilos —casi todos de clásica— que tengo digitalizados, en general sólo la uso en algún viaje en coche en el que no llevo el iPod que tiene las mismas composiciones. Me molesta que a las piezas les llame «canciones», cuando prácticamente ninguna de las que tengo lo son… Juegos. En esto admito que soy muy especial, nunca me he fijado en temas como el aspecto gráfico o sonoro, sino en la jugabilidad, y me encuentro que he de mirar muchísimos hasta encontrar alguno que me convenza, las webs con más o menos críticas, no me convencen; por ejemplo, si busco un juego de «cinco en raya» jamás me dicen lo fuerte que juega, que muchas veces es muy poco; o los juegos que dependen tanto del azar que para mi pierden interés… sólo puedes pasar el nivel, si a parte de jugar bien, vienen las piezas en el orden bueno… no, he encontrado muchos juegos de este estilo, no me gustan y a priori es muy difícil saber si lo serán. O los que tienen un número limitado de niveles demasiado fáciles i enseguida se terminan. O algunos que me gustaron, pienso en uno de pentominós, pero que era injugable por la complicación para hacer los movimientos más elementales. En estos momentos, de juegos, sólo tengo puesto un «buscaminas». Lo peor, es que hace casi 10 años, en un Palm, tenía como una docena de juegos que me gustaban. Quizás hay juegos de pago que son mucho mejores, pero cualquiera se arriesga cuando la inmensa mayoría de los gratis no me gustan y no tengo motivos para pensar que van a ser mejores. Tengo unos cuantos juegos de internet el la lista de lectura de Safari.
  9. Un problema tipográfico —y humorístico también— entre ciencia y paraciencia que acaba apareciendo donde uno menos se lo piensa. Entre mucha gente, esto de la astronomía y la astrología les suena bastante parecido. Incluso personas cultas, o digamos cultas en algunos aspectos, claro. Voy a contar una anécdota. En cierta ocasión, un amigo escultor —que además es novelista y ensayista— me pidió si lo podía ayudar con la orientación de una escultura. Tenía que ver con la salida del sol, un día determinado del año en la ubicación del monumento. Ningún problema, mientras aun lo tenía al teléfono abrí el programa de astronomía que habitualmente uso —Voyager III— y miré el azimut del Sol naciente el la fecha y localización que me pedía. El día de la inauguración, mi amigo escultor pronunció unas palabras… Y en un determinado momento dijo: —Tenemos aquí entre nosotros, a mi amigo “Ziol” que es el astrólogo que me ha calculado la orientación de este monolito… Por suerte, oculto entre el público, creo que sólo mi esposa me miró con cierta cara sarcástica. Si mi amigo me llega a señalar, me muero de vergüenza, delante del alcalde y toda una serie de personas a las que no conocía. Pues bien. Se da el caso que estoy planificando —todavía no he redactado nada definitivo— una narración de ciencia ficción. Y cuando digo ciencia ficción no me refiero al género, también totalmente respetable de la fantasía que a menudo se confunde con ella, un poco como los astrónomos y los astrólogos. En esta narración me tendré que referir repetidamente a la Tierra en cuanto a planeta: 1,25 masas terrestres, una gravedad del 106% de la de la Tierra, un diámetro de 1,12 tierras, etcétera. Y como que soy algo quisquilloso con las tipografías y la compaginación —aunque escriba con Pages ´08— para designar la Tierra en mis notas uso el símbolo tipográfico del planeta que existe en Unicode, concretamente el 2641 en hexadecimal. Aquí viene el problema. En astronomía el símbolo de la Tierra es un círculo con dos diámetros en cruz. En contrapartida, los astrólogos usan un círculo con una cruz exteriormente en su parte superior. Pero resulta que la ciencia y la paraciencia, como en la mayoría de los temas, no se ponen de acuerdo tampoco en las tipografías. Se ve que las letras con serif, como la TimesNewRoman acostumbran a ser científicas y aparece el símbolo ♁. Pero con letras sans serif… aparece el símbolo astrológico ♁. Hay otros símbolos que se parecen, pero no son el mismo, ⊕ o ⨁ ya que los diámetros no tocan al círculo. En esta página se aprecia claramente como al símbolo en cuestión se le denomina “astronómico o astrológico”. En definitiva, por suerte ya estoy advertido, porqué si no me fijo, sin querer, puedo acabar publicando un libro con símbolos astrológicos.
  10. Hace unos 15 años, tenía una impresora HP de chorro de tinta, con un solo cartucho que podía ser en color o en blanco y negro que es lo que yo usaba. Un día me quedé sin tinta negra, como siempre en un puente con todo cerrado, y se me ocurrió pedirle ayuda a un pariente que es impresor, en aquella época de tecnología muy convencional. Y me dijo: si sabes rellenar el cartucho, prueba esta tinta que es muy “fina” para trabajos delicados… Con una jeringuilla y su correspondiente aguja rellené el cartucho, aspiré para dejar la presión interior al nivel correcto y obturé el orificio. Perfecto. A la vista de los resultados, incorporé una válvula a un cartucho vacío y no volví a comprar ningún otro suministro original para aquella impresora —desgraciadamente con interfase AppleTalk que luego ya no pude usar—. Cierto que después de cada uso lo limpiaba con agua destilada y luego eliminaba los restos de agua con una pequeña dosis de tinta que gastaba en imprimir media docena de hojas con tinta “aguada”. Esto requería un cierto tiempo, pero no estaba mal para un apaño no previsto. El bote de tinta de un cuarto de litro, costaba menos que un cartucho original. Y el cartucho con la válvula me duró hasta que jubilé la impresora para cambiarla por otra con USB. O sea que, al menos en el caso de la impresión en blanco y negro, no se necesita en principio un material muy específico ni sofisticado. Pero no he visto en el mercado una sola impresora que se pueda rellenar con tinta de una botella. Y tiene su lógica en el negocio de los fabricantes de impresoras. Los recicladores de cartuchos sí que han sacado de más económicos, pero como mucho del orden de la mitad del original —que ya es un ahorro considerable— pero muy lejos del precio real del consumible compatible. Y me temo que la lógica de los fabricantes de impresoras 3D pueda ser muy similar.
  11. Yo, que más bien soy optimista, en el campo de la tecnología aplicada en un próximo futuro soy a menudo todo lo contrario. Y tengo una sombra en mi mente que me dice: —Esto de la impresión 3D, siempre será muy caro, al menos de consumibles. En otras palabras, interesante para hacer piezas compleja de un prototipo que de todas maneras serían caras, pero para los usos que me gustarían —me dedico a diseñar rompecabezas, por ejemplo— me temo que va a quedar por muchos años fuera de mi escala económica. Me ha pasado una cosa semejante con el corte por láser: Me sale mucho más barato, contando el tiempo que pierdo, cortar la piezas a mano; bien, en el caso del láser he de contar el tiempo y precio del desplazamiento y la demora, para ser justos.
  12. Formatear textos en un foro, no siempre es fácil. He hecho lo que buenamente he podido: 9 = 9 9 × 8 = 72 72 × 7 = 504 504 – 6 = 498 498 + 5 = 503 503 × 4 = 2012 2012 + 3 = 2015 2015 – 2 = 2013 2013 + 1 = 2014 ¡Feliz Año Nuevo!
  13. Tengo un exprimidor Taurus que lo heredé de una tía que murió hace 34 años, y ya no era nuevo ni mucho menos. Quizás no es muy potente —50W— pero continúa haciendo su función perfectamente.
  14. Lo de usar drones para repartir libros de texto me parece una tontería mal pensada del estilo de la ciencia ficción mala que pretendía substituir los coches en la ciudad por helicópteros. Al alcance de mi mano tengo un cablecito, por el que podrían circular una docena de libros de texto por segundo, y a un coste ridículo. Puestos a pensar, se me ocurriría que con un dron se podrían llevar medicamentos o muestras médicas de urgencia a un hospital, laboratorio o un centro de distribución cercano al paciente, pero sencillamente porqué en ocasiones el transporte terrestre, incluso en moto, podría ser demasiado lento. Esto depende de un axioma, que igual durante los 2.500 años que hace que se escribió la cita ha sido conveniente, pero un axioma. ¿Por qué motivo el dinero que tenga la gente ha de depender de las horas que haya tenido que trabajar para crear un bien o servicio, y no del valor de este bien independientemente de si hay que trabajar mucho poco o casi nada?
  15. Mi hija, que estudió magisterio, me contaba que de los sesenta alumnos, aproximadamente, de su grupo, ella era la única que había hecho el bachillerato científico; y que los profesores de matemáticas que pedagógicamente eran bastante competentes, se encontraban con el muro de haber de enseñar a alumnos que no recordaban como se solucionaba una ecuación de segundo grado. Y con este panorama me pregunto: ¿El currículum se debe elaborar en función de lo que saben los enseñantes, o se debería formar a los enseñantes en función de lo que sería deseable para los alumnos? Y esto me lleva, pensando en matemáticas, a qué es lo que sería deseable para los alumnos de primaria y secundaria. Mi teoría consiste en que hay tres enfoques sobre la matemática: (1) La elemental, la que sirve para las cuentas del mercado, pero que se podría extender a más temas prácticos del día a día donde también se puede calcular: desde problemillas de optimización de rutas o económicos, cálculo mecánico sencillo, cuestiones de consumo de energía y otros temas similares donde la mera estimación "a ojo” suele fallar y hay que usar la calculadora. (2) La de "perpetuar la especie”, la que necesitarán los que quieran ser científicos o ingenieros. En definitiva, aquello que se acostumbra a llamar “la teoría”. (3) La que enseña a resolver problemas de manera heurística, que son como los que nos encontramos en la vida real, aunque no sean numéricos. El tercer punto para mí es el más importante y se descuida casi absolutamente. Si un día se plantea a unos alumnos de secundaria un problema real, en los que el problema es inventar un método para resolverlo, unánimemente exclaman: “esto, a nosotros, no nos lo han enseñado a hacer” y lo que es peor, muchos enseñantes exclaman “esto, no está en el programa”. Y no se dan cuenta que para quien domine la resolución de problemas en general (3) y tenga interiorizados los mecanismos de cálculo (1), el punto (2), acostumbra a ser trivial. Y no al revés.
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