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Gacetilla Literaria Del Café De Las Artes


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Gacetilla literaria

de El Café de las Artes

 

coffeecup.jpg

 

Abrimos este tema que recoge los relatos publicados en el foro desde este verano, con el propósito de que aquí se sigan publicando las contribuciones literarias de los parroquianos del Café.

 

Intentamos conseguir con ésto que los textos queden fácilmente al alcance, todos reunidos, segregando en tema aparte la posible tertulia que provoquen, los comentarios, etc. y evitando tener que recurrir a las búsquedas para recuperar temas antiguos de los fondos del foro. La lectura de los textos ganará en calidad, y seguiremos teniendo –con más orden– las mismas posibilidades de tertulia.

 

Los primeros que figuran y que he pasado aquí recortando y pegando, los he colocado siguiendo el orden cronológico de los temas que los albergaban, y que figuran como enlace en la referencia que he puesto bajo cada título para situar autorías, fechas y demás. Convendrá que visiteis esos temas (que dejaré cerrados para que no interfieran) si quereis refrescar el contexto y las conversaciones que en su día provocaron.

 

A partir pues del lanzamiento de esta “gacetilla”, dejaremos aquí solo las contribuciones literarias (digo yo que de cualquier género),

y en un nuevo tema que abro simultáneamente:“Comentarios a la Gacetilla literaria”,

podrán tener cabida todos aquellos posts que sean de comentario, crítica, consultas... en fin, todo lo que esté relacionado.

 

(N. del E.: Obraré como editor en éste tema para cribar lo literario de lo que no lo sea,

que ya sabeis que el papel es caro... y el arte de la edición requiere mucha pulcritud )

;) :)

 

Aconsejo a los eximios autores que publiquen a partir de ahora, que mantengan en lo posible los criterios tipográficos de titulación y demás para mayor claridad y unidad estética, sobre todo en los casos de piezas que guarden relación o que tengan varias entregas y que puedan aparecer separadas, de modo que en la obligada linealidad de la publicación en el foro, no se pierdan los hilos... (respecto a la pulcritud ortográfica, allá cada cual, que no hay presupuesto para corector de pruebas...)

 

Nihil Obstat ,... a ello :)

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Al este del edén

 

Publicado por Plúmbeo Lórez, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 23 2003, 07:59 PM

 

 

 

"...Fue en el verano del 88, estando yo de friegaplatos en un antro de San Bernardino. Al acabar la jornada (noche abierta de estrellas), una cliente (la más guapa del mundo) me estaba esperando en el callejón. Hacía mucho calor y no me extrañó el que sólo llevara puesto un pareo. Lo llevaba desvergonzadamente enrollado en la cabeza, ocultando lo que más tarde pude apreciar como la más hermosa hostería de piojos que jamás había visto. Aquella fauna no resultó desagradable, eran bichos asquerosos pero dignos y reveladores. De hecho uno de ellos (brillaba, como si fuera fosforescente) me habló. Me dijo: ¡Manuel! (así, a voz en grito) Lo mismo que le dije a tu abuelo, ahora te lo digo a ti. La cagaste ¿estamos? Total, que acto seguido oí un fuerte trueno y me deportaron (a mí y a ella). No me acuerdo de más. Ahora vivo en Moratalaz y de vez en cuando me asalta aquel casi olvidado y pacífico aroma, mezcla de mozzarela y naranjas de California..."

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El vuelo había sido...

 

Publicado por mia, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 24 2003, 12:57 PM

 

 

 

El vuelo había sido pesadísimo, pese a lo breve, había estado lleno de estúpidas incidencias, esas pequeñas cosas que te hacen no llegar a desconectar, y para mi los vuelos son eso... el principio de mi desconexión con el mundo real...

 

Siguieron los problemas en la cinta... ¡¡Maldita sea!!, mi maleta destrozada, mis cosas, todas mis cosas burdamente desparramadas en aquella cinta transportadora, las prisas, ya habíamos llegado con retraso, nos esperan, no quiero salir sin dejar mi denuncia hecha...

 

Aquella “amable” señorita no me pone las cosas fáciles, me consta que habla castellano y aún así me obliga a hablar todo el tiempo en francés..

 

Por fin salgo, rabiosa, impotente, sintiéndome incapaz de abandonar todo lo que ha pasado para zambullirme en la realidad del momento... siempre he sabido hacerlo, sé dejar atrás lo que me estorba pero hoy no puedo...

 

Están esperándome, de espaldas una figura que no reconozco, saludos, nos abrazamos y de repente ese simple saludo... ¡¡Hola!!

 

No sé que fue de aquella denuncia, no recuerdo bien que llegamos a hacer en aquel fin de semana... pero nunca olvidaré el olor florido de las noches de Casablanca, el abrazo de sus amaneceres ni el color de aquel cielo especial...

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Las cocheras de Ventas

 

Publicado por monalcar, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 24 2003, 06:21 PM

 

 

 

En las cocheras de ventas y a partir de las doce de la noche, dos vigilantes mayores y con alguna pequeña tara física se encargaban de vigilar, si es que hacía falta, los trenes que realizaban el recorrido de la línea y algunos más que en la estación de Goya eran desviados a las cocheras.

 

En los meses de verano mas de una vez se encontraron a alguna pareja gozando de los placeres del amor dentro de un vagón.

Con un ¡ eh, que hacéis ahí ! les sacaban de su ensimismamiento y no corría la sangre y menos aún efluvio distinto.

En cambio en invierno, en esos meses en que las noches de Madrid son una puñalada; los dos guardas, Enrique y Dámaso, hacían la vista gorda e incluso invitaban a más de un sin-hogar, entonces llamados "vagos y maleantes".

Por aquellos años no se podía dormir en la calle tal y como hacen hoy muchos de los que no tienen, pueden o no quieren tener casa, ni nadie que los corte la poca libertad que tienen. Se les aplicaba la ley de vagos y maleantes, artículo del código penal tal famoso como injusto.

Unos tenían entonces la suerte de dormir en comisaría dependiendo del comisario que les recibiera y otros recibían una tunda y eran llevados a Carabanchel a pasar un mes entre rejas con techo, mala comida y algún palo.

 

Como os decía, Enrique y Dámaso aceptaban a algunos que necesitaban escapar del frío nocturno. Dormían poco ya que el horario de este hotel era de 2 a 6 de la madrugada y entre tener el estómago vacío y las entrañas recomidas, pegaban el ojo lo que el duro suelo del vagón les permitía.

El convenio que Dámaso firmaba con ellos era el de dejar todo limpio y en orden de revista. Algunas veces tenían de despertarles para que pudieran barrer y fregar el vagón.

 

Con toda seguridad Dámaso ha sido nombrado en la otra vida guardagujas de algún paso a nivel del firmamento, sin sueldo pero con la visión maravillosa de ver pasar los trenes del cielo.

 

Entre los huéspedes de las cocheras de Ventas se encontraba, y era casi el más asiduo, un novillero que pasó muchos días a la puerta de la plaza esperando la oportunidad de la gloria; venía de Córdoba y era, decía, hijo natural ( por aquello de que si te echan un polvo sin miramientos es natural que tengas un hijo) de un torero famoso que no quería nombrar por respeto "al maestro".

- Que tampoco es para andar tirando de la manta y dejara con el culo al aire a alguien que no debía.

 

Se llamaba Manuel - como buen cordobés - y era un manojo de huesos con piel pero fuerte como un roble que para algo le servían sus caminatas a la Casa de Campo a entrenarse y hacer toreo de salón. Entonces en ese lugar, ahora seco y de mal vivir, no había ni putas ni entretenimientos para los niños (¡ vaya tela, juntar a los niños con las putas ¡). En la Casa de Campo había deporte, guardias y guardas vestidos de marrón y porra de un metro hecha con una buena vara de fresno. Ahora hay putas, no hay guardias y mas putas para los guardias que no hay pero que están.

 

A lo que íbamos. Manuel era el huésped más famoso del Hotel de la Cochera. Solía despachar, antes de dormir, un rato con Enrique y Dámaso al resplandor y el calor de un fuego creado en medio bidón, las más de las veces era invitado a dar un bocado de los manjares de los guardas. Su vicio eran las sardinas prensadas y se daba una increíble maña a eso de envolverlas en el papel de estraza, destriparlas en el cerco de una puerta y sacarles las tripas con un solo dedo.

 

La mayoría de las veces no lograba conciliar el poco sueño que le quedaba y se mantenía con los ojos abiertos pensando que el día siguiente le abrirían la puerta de la plaza y el empresario le ofrecería una corrida. Y mientras llegaba se veía dando pases y pases en medio del anillo de Las Ventas.

Pero ese momento jamás llegaría, Manuel murió una mala noche en uno de los vagones de la cochera; cuando Enrique le intentó espabilar para que desalojara el vagón, se dio cuenta que Manuel estaba frito. Llamó inmediatamente a Dámaso y decidieron que para no comprometerse le pondrían en el último vagón del primer convoy que saliera de la cochera. En el primer viaje no subía prácticamente nadie y al ser encontrado no levantaría sospecha de haber muerto en la noche y bajo su guardia.

Manuel parecía dormido en el asiento y fue encontrado en la estación de Sol. Se armó un revuelo de bigotes y fueron avisados los de la D.G.S. que tenían su sede donde hoy la tiene la Comunidad de Madrid.

El juez de guardia levantó el cadaver con prontitud, el metro no podía pararse por un quítame ese muerto. Fue sacado a hombros de la estación en una caja burda de pino, y sólo le faltaron los aplausos para disfrutar del triunfo más esperado. Era la gloria de Manuel.

 

Enrique y Dámaso no volvieron a saber nada de él, ni siquiera la bofia les interrogó sobre el suceso, pero a ellos no se les quitó ni el miedo a un interrogatorio ni el recuerdo de aquel maestro que le hizo pasar grandes momentos alrededor del fuego.

Empezaron a plantearse la acogida de los sintecho, pero hasta pasados más de diez años no decidieron cerrar el hotel. Siguieron aceptando a los conocidos que recibieron la advertencia de mantener en secreto su hospedaje y así garantizarse todos una estancia más que feliz.

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Aparición

 

Publicado por trazas, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 24 2003, 08:52 PM

 

 

 

La altura del estante, situado bajo un largo ventanal, obligaba a avanzar agachado, casi como en reverencia, paseando la mirada dificultosamente por los lomos de los libros que se apiñaban, bien prietos, en la semioscuridad del contraluz. Un ligero aroma acre, de polvo húmedo, más ligero que en otras librerías de viejo –ésta no lo era del todo– se acercaba a la nariz tan cercana a los libros, predisponiendo al encuentro con las páginas que sin duda, otros ojos antiguos y otras manos ya habían recorrido. Tal vez no fueran los libros, tal vez la estera que cubría el pasillo de la galería, y que crujía levemente a cada asiento de mis pies estuviera dejando subir por el aire, agarrados a los rayos de luz que mi gacha cabeza iba cortando, restos de humedad de un reciente aclarado. Fuera lo que fuese, allí, yo solo en la librería frente al estante, se hizo inevitable la evocación de tantas mañanas luminosas de otros veranos en Madrid, en Moyano, pasando el dedo entre las filas –!que curioso¡, siempre prietas– de los libros de saldo. O aquel olor más punzante de los cajones de madera con libros desvencijados en el oscuro y húmedo fondo de un local del Rastro, en los que había que bucear a la búsqueda de la tapa rota, que siempre faltaba.

 

La vista iba pasando revista a los títulos de los lomos no sin cierta dificultad, reconociendo unos, ignorando otros, pasando lista a los presentes con el catálogo de la memoria de lo leido, de lo conocido, tal vez de lo esperado. Algunos, por destacar, mostraban sus letras con la ostentación de un mal diseño, como a gritos, consiguiendo únicamente servir de mojones, para no perderme en el camino que pasito a pasito iba recorriendo. Siempre me llamaron más la atención en estas prospecciones aquellos lomos que, discretamente, con la seguridad del que sabe el valor de lo que contiene, ocultan su título, bien por haber perdido el traje en alguna apresurada mudanza, bien por pertenecer a la vieja categoría de los que con orgullo no exento de elegancia llevaban un nombre tatuado –como los viejos marinos– en pequeñas letras hendidas en la tela o el cartón. Esos nombres, apenas legibles por las marcas del tiempo, siempre tentaban más a descubrir la historia que escondían, a llevárselos a la mesa de mármol de algun café y, con la ayuda de una buena copa, tirarles de la lengua...

 

En esta procesional revista estaba cuando uno de los títulos por los que pasaba la vista encendió en mi cabeza como un fulgor, una imagen que se sobrepuso a la luz del ventanal, a la realidad y a mis recuerdos. La maraña de mi cerebro, con el acicate de las letras, de la predisposición del olor, del brillo del polvo en suspensión del contraluz, tal vez hasta por la postura reverente, forjó la ilusión de una aparición... ¿o fué real?. Pasar la vista por él, y todo fué uno...allí estaba ella, mi amiga. Sentí su mano en mi hombro, sentí sus palabras, recordé una tarde, de sobremesa, en la que curioseando entre las estanterías de su casa, hablando de libros, me iba aconsejando, desde sus bien vividos años de ventaja que me llevaba, sus lecturas preferidas... Y el recuerdo, la aparición, la lectura del título, todo, ya digo,...fué uno.

Tan pronto como llegó, la sensación de compañía se fué. De nuevo me hallé solo, agachado, reverente, el libro y yo. No necesitaba ojear solapas, ni mirar su precio, ni siquiera asomarme a su interior. Con cuidado, como quien coge de su propio nido el libro que un amigo te presta, llevé al mío el libro que ahora leo solo, ...en compañia de ella.

 

(A mi amiga "Fiti" q.e.p.d. por aconsejarme "Las afinidades electivas" de Goethe, que ahora leo.)

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Cabriola

 

Publicado por j0taa, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 25 2003, 10:04 AM

 

 

 

El aviso llegó por el maldito movil. Parálisis de sentimientos. Nudo en el exófago. Veloz abandono de mi realidad por el cambio de objetivos. La importancia era evidente y su transcendencia no podía ser medida tan pronto.

En estado de irrealidad me desplazo hasta esa dirección bien conocida. Silencio en la radio. No hay tráfico, a pesar de la hora punta. Los semáforos van abiéndome el camino.

Verde de confabulación con mi urgente necesidad. ¿O será mi onírico estado en ese mundo real vivido sin sentir?

Pienso en blanco. Me niego todo pensamiento rechazando las imágenes que vienen. Un molesto juego de tenis en el que siempre llevo las de perder.

 

La información recibida fue escueta y poco clara. Apresurada diría. Pero suficiente para comprender que la vida había iniciado su cabriola... No era posible un error. Descartada la broma. Sudor frío en mis sienes a pesar de la temperatura agradable del interior del coche. Gotas heladas precipitadas que escalofrían mi nuca.

Próximo a mi destino puedo ver el vehículo, con sus marcas dorsales, que me espera a la puerta. Les indico que subo al piso. Me siguen. Llevan su pesada carga y agradecen que haya ascensor. Observan con condescendencia mi sudor. Saben que sufro. Tal vez están demasiado acostumbrados.

Hemos llegado. El sitio está vacante.

—Ya pueden hacer su trabajo.

 

…Poco después, me refugié en mi nuevo Mac.

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El calor del sol

 

Publicado por mia, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 26 2003, 10:02 PM

 

 

 

Me deje llevar por el agua una vez más, sin importar nada ni nadie, a la deriva... aún sabiendo que estaba limitada en aquella piscina la sensación era igualmente maravillosa, solo flotar y dejarse llevar unos minutos antes de salir definitivamente para secarme antes de que se fuera del todo el sol...

 

Al salir, me gusta disfrutar de esa sensación de gravidez absoluta que supone recobrar toda tu entidad y sentir como resbala el agua, esa doble sensación de emerger y de hundirte que solo se puede apreciar con los ojos cerrados y en silencio, y ese escalofrío intenso cuando completamente mojada sopla de repente una ráfaga de aire que te eriza el vello... y así, buscar rápidamente tumbarme al sol, para dejar ese escalofrío que aún siendo placentero, lo es por breve y de prolongarse dejaría de serlo.

 

Y ya tumbada al sol, me abandono por completo, ese sol que no quema pero que va entonando y caldeando sin darnos cuenta... y también sin darme cuenta me empiezo a adormecer... no quiero abrir los ojos... no quiero anclarme en ningún lugar, solo mantener la conciencia de las sensaciones a las que el calor da lugar... (continuará)

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Blancanieves y...

 

Mensaje enviado por trazas, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 27 2003, 04:17 PM

 

 

 

Los últimos días de espera eran ya insoportables. Tras aquel su primer encuentro en años anteriores, tan lleno de magia (y placeres) como falto de palabras (no fueron necesarias), esa repetición del rito anual del encuentro veraniego, de la fiesta de goces compartidos, ese pacto no escrito que hacía que ambos confluyeran hacia un mismo lugar y hora, en cumplimiento de una cita tampoco pronunciada, cuando la ciudad, vacía por el calor, se convertía en un escenario inmenso para su feliz unión, hacía que el resto del año, la vida, insípida, pasara lentamente, sólo convertida en un alto muro de tiempo que los separaba.

 

Su mente se retorcía con la recreación de los placeres compartidos en sus encuentros furtivos. Una y otra vez, se imaginaba desnudándola con avidez, dejando asomar el blanco contenido que la ajustada ropa ceñía, llevando a su boca las níveas protuberancias (...ella solía bromear con su blancura, sacarla partido con la ropa oscura, casi negra... él seguía el juego.. "blanca-nieves" la llamaba... ). Deleitándose con la extraña frialdad del tacto que la hacía tan irreal como deseable, recorriendo con su lengua, ávida, toda su piel, haciendo brillar sus contornos, separando sus plieges, siempre lograba, entre estertores húmedos, que su dulce contenido líquido le fuera entregado. Ella sabía jugar bien ese juego. Su frialdad aparente contradicha por la sensualidad que prometía con cada gesto, solo acrecentaba en él el deseo más loco, la lujuria más desatada.

 

En el largo invierno, sin ella, a veces pensaba que todo era una invención de su mente, dudaba de sus recuerdos, que, de tantas veces evocados, se le aparecían como imágenes desvaídas, interpretaba cada gesto cada episodio de los encuentros del verano, de modo contradictorio.. ¿a que tanta frialdad?.. ¿por que siempre debían verse y amarse en la calle, aprovechando rincones, sombras, callejones?... ¿que les impulsaba a encontrarse en un lugar y hora nunca pactado?... ¿por que todo desaparecía en derredor?....Sus dudas, que no eran más que retorcidas expresiones de su deseo frustrado le hacían verla en cada momento... jugaba a tocar sus formas en otras formas, acariciaba la comida, las paredes, la ropa, las almohadas,.. todo, como si fuera ella.

A veces, flaqueaba...¿Y si todo fuera una ficción?. ¿Acaso no podía haberlo imaginado todo?. Acaso la desesperación de su vida vacía, de su trabajo axfisiante, de la rutina, no le podían habrían hecho creer que todo había sido real. Acaso una mente enferma por el deseo era capaz de urdir una trama como ésta. ¿Estaba él enfermo?... En esos momentos, todos los recuerdos de sus encuentros cobraban un aspecto de chiste, de burla macabra... sentía miedo.

 

En ocasiones, cuando el deseo le iba a hacer estallar, salía a la calle. Sabía que no era ni el lugar ni la hora, ni el mes.... Sabía que el impulso de saberla esperando no existía, pero repitiendo como en un rito sólo por él conocido el papel que le tocaba, pretendía invocarla o cuanto menos convencerse de que era un sueño que la canícula deslizaba en su cerebro, una locura con plazo fijo. Alguna ocasión en la que ya no pudo más, desesperado, probó a saciar sus apetitos en otras carnes, probó a beber de otras fuentes, jugó a evocarla recorriendo otros contornos, repitiendo paso a paso los gestos, las caricias, las incursiones. Dejó que su lengua hollara otras blanduras buscando beber el mismo contenido saciante... pero nada, todo era inutil. La magia no se daba... nunca y, esos simulacros, solo aumentaban su deseo de lo auténtico... o de lo falso... pero !qué más daba¡.

 

Llegó el dia. Ya era verano. No supo cómo, pero llegó. Ahí estaba esa sensación ingobernable, el tirón magnético que movilizaba cada célula de su cuerpo. Saltó de la cama, corrió a la calle sin pensarlo... sintió cómo el sudor de la noche –otra noche de vueltas en la cama, soñándola– se secaba con el calor de la calle.... La ciudad estaba vacía.. como las otras veces.... sus pasos resonaban. Se dirigió al lugar del encuentro. Sabía el lugar del encuentro, lo sentía, era como la aguja de una brújula completamente orientada, rodeada de una corriente invisible que le encaminaba, tirándo de él... Mientras caminaba, al ritmo de sus latidos cada vez más acelerados, se le iban apreciendo imágenes de lo que fueron otros encuentros, como anticipando los placeres de éste. Todo su cuerpo se iba preparando, los escalofríos, los músculos tensos, la nuca erizada, el vientre palpitante... la lengua, ya en movimiento... la sed... la sed de ella... la sed de meses de ausencia le dolía, le mortificaba... Corrió... de repente supo donde sería el encuentro, simplemente lo supo... en la colina del parque... allí sería éste año. La imaginaba ya allí, a su "blancanieves"... ¿cómo sería esta vez?....anticipaba cada posible gesto del encuentro, cada contorsión para desnudarla sin soltar el abrazo, para recorrerla sin distanciarse ni un milímetro, para escurrirse, sudor contra sudor, entre ella... para beberla al fin.......

 

Entró en el parque solitario, recorrió el paseo, cruzó las sombras de los árboles que el sol de agosto proyectaba en los terrizos, atajó por el bosquecillo, enfiló el caminito... subió hacia la colina... ya no pensaba....

 

 

 

... Y el mundo, se derrumbó... Ella no estaba.... la vida había jugado con el la broma más macabra... pero, no estaba solo.....

... siete enanitos de jardín le miraban burlones.

 

(Para pesuca, a quien los "7 pecados capitales" parece que no le consuelan la ausencia de su "Magnum doble de caramelo".) ;) :lol: :lol:

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El loco del bisturí

 

Publicado por monalcar, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 27 2003, 04:29 PM

 

 

 

Yo tenía, por aquel entonces, once años. Es decir, corría el año 58. No recuerdo las cosas dignas de mención que por aquel entonces sucedieron, pero...para eso está, eso que los nuevos han inventado y que se llama Google: http://www.teacuerdas.com/nostalgia-1958.htm.

 

Si recuerdo las cosas cotidianas que se te quedan grabadas a fuego en el cerebro y en el corazón y que hace que cuando las recuerdas se te acelere el pulso y las comisuras de los labios se estiren para gozar de una triste sonrisa.

 

Estudiaba segundo de bachillerato en un colegio de curas que aún existe y en el que entre maricones y puteros han debido llenar el infierno.

Se situaba, o se sitúa en la calle Martín de los Heros, 64. Los curas se llamaban o hacían llamar Padres Reparadores (PP RR). No se que reparaban, porque a la mayoría de nosotros ni siquiera un limpiado de bajos nos hacía falta.

 

Tomaba el metro en la estación de Ópera, donde ponía claramente en la puerta "enlace ramal Norte", iba hasta santo Domingo y hacía el transbordo a Ventura Rodríguez, en la calle de la Princesa justo enfrente del Palacio de los Alba que tantas veces he visitado, no por lo de la nobleza, sino porque tenía un compañero que era hijo de los guardeses y alguna vez me invitaba a merendar en su casa y sus padres nos dejaban brujulear por las caballerizas y el huerto desde el que se veía en primavera a los marqueses en una terraza, muy vestidos, tomando algo que no adivinábamos a saber que era.

 

Un día en casa mi abuela me dijo.

- Tu que ya eres mayor has de saber, que han dicho en la radio que hay un mal nacido que se dedica a pinchar a las mujeres en el culo con un bisturí, así que si ves algo algún día ya estás corriendo a decírselo a un guardia.

 

Entonces, sin saber más pensé ¿como podía ser que un tío con un bisturí pinchara a alguien y no se enterara que había sido herido?.

Pero como todo tiene su explicación, uno al final se entera y descubre que las cosas son más fáciles de lo que imaginamos.

 

Los niños de entonces escuchábamos en radio Intercontinental dos programas de los que ahora se llaman de máxima audiencia,

Supermán y La Olimpiada del Saber. Este último más tarde fue llevado a la tele con el nombre de Cesta y Puntos y lo dirigía un tal Vindel (entonces con una sola "l", que el final del apellido con dos era demasiado catalán).

Imaginad como nos imaginábamos nosotros ver volar a Supermán mientras mirábamos la tela que cubría el altavoz de la radio.

 

Bien, al comienzo de la emisión de las aventuras de nuestro héroe favorito daban un boletín de noticias y cierto día oí algo de un bisturí, mandé silencio a mi hermano y presté toda la atención que pude.

 

El loco del bisturí, como le empezaron a llamar, lo utilizaba impregnado en un líquido anestesiánte y al penetrar en el culo de la mujer en cuestión no producía dolor. O al menos es lo que decían.

 

Aprovechaba las horas de máxima aglomeración, buscaba su víctima y planeaba el ataque. Se acercaba lo más que podía y en el descenso del público en su estación de destino clavaba el bisturí en el trasero de la moza. Parece ser que siempre buscaba culos grandes. Ella no se daba cuenta hasta que alguien le decía que le corría sangre por la pierna y entonces el susto era grande y vergonzoso. Me imagino ahora que cantidad de dudas le asaltarían a la víctima sobre el origen de tamaña hemorragia.

Por mucho que buscaban o imaginaban quien había sido, el tren ya había arrancado llevándose con el al "loco del bisturí".

 

Ya sabía el como y el donde sucedía. Y yo, en mi labor de investigación, me dedicaba en mis cuatro viajes de metro diarios me dedicaba a analizar las caras de los pasajeros compañeros de viaje. De entonces me debe venir la manía de mirar y remirar e imaginarme ¿que hacen, a que se dedican o de donde vienen o van? las personas que me encuentro o viajan cerca de mi.

En mis pesquisas no encontraba culpables de tamaño divertimento. La gente me parecía normal, la verdad es que la mayoría de hombres en los vagones te lo ponía más difícil, no había descartes posibles. Y los individuos que analizaba no presentaban rasgos de locos con un bisturí en el bolsillo del gabán. Estuve casi dos mese investigando las caras y actitudes de mis vecinos de vagón.

Me imaginaba en la radio entrevistado por José Luis Pecker como el héroe que descubrió al malo. No llegó a suceder nunca.

 

Al loco del bisturí le pillaron un día en Sol. Acababa de pincha a su séptima víctima. Y no le pillo la poli, le cogieron entre cuatro tíos y le dieron ostias hasta que sacó la mano derecha del bolsillo del gabán. Entre los cuatro y casi a rastras le sacaron de la estación y lo metieron por la puerta de la calle del Correo en las dependencias de la DGS.

Se me había escapado la oportunidad de ser famoso, bueno...más famoso. Cuatro ciudadanos ejemplares habían resuelto el caso.

Lo que ya no se es si fueron entrevistados por Pecker, sus nombres y ni siquiera si eran adeptos al régimen o no. Aunque esto se daba por entendido.

Mis traslados al cole ya no fueron tan intensos como cuando buscaba al malo pero se me quedó la manía de mirar a la gente.

Este es carnicero, este profesor, ese tendero...aquel tiene pinta de ser un empresario. Mis novelas de metro eran kilométricas. Nunca llegué a escribirlas era más bonito guardarlas en el rincón de los recuerdos.

Era tan divertido que más de una vez tuve que retroceder porque me había pasado de parada.

¡Ostias! que cara se te pone cuando arranca el tren y ves pasar ante ti los carteles de la estación donde debiste bajarte. por mucho que disimules creo que la gente lo nota, porque sonríe y por dentro piensa que has metido la pata.

 

Otra cosa es quedarse dormido en el asiento, entonces no hay sonrisas cuando das el respingo al darte cuenta que te "has pasao",

casi se escuchan las carcajadas. Si tienes la suerte de enterarte de que es tu estación, cuando aun no ha arrancado el tren te queda la posibilidad de saltar de un brinco al andén, mirar a ambos lados e intentar despejarte del mejor sueño del mundo, aquel en el que te duermes en un asiento del metro.

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La cita

 

Publicado por mia, en el tema: "Sueños Turbadores"

Publicado: Aug 28 2003, 02:25 AM y 06:40 PM

 

 

 

Como casi siempre hemos quedado en el último momento, pese a que pretendo enfadarme quizás es lo mejor estos encuentros... el tiempo justo... sobrado pero justo, abro la ducha y el agua me hace tener presagios placenteros, no tengo prisa, desaparece el tiempo... me seco con mimo... con cuidado... como jamás me seco, y me miro en el espejo lentamente... aunque no me veo, me pongo crema... y me deleito realmente con ello, lentamente, sin prisas... como quien prepara cuidadosamente....

 

.../...

 

Ya salgo de casa... no pudo evitar sonreír mientras me acerco... hemos quedado “donde siempre”, también me gusta esta parte de esta rutina que en absoluto lo es, creo que esa falsa impresión de que algo en nuestras citas es rutina siempre me ha hecho gracia, es como decir que hay rutina en un viaja a la aventura, porque conste de preparación, pistoletazo de salida y desarrollo... ja ja ja ja ja , así lo veo a veces ya ves...

 

Y tiene mérito que siga encontrándolo igual de arriesgado, intrigante, interesante, misterioso y apetecible, esa seguridad de que por más que se repitieran movimientos en el tablero jamás serían ni remotamente parecidos a ninguna ora vez, esa difícil armonía conseguida.. esa mezcla de confianza y vértigo que siempre me asalta... siempre... una y otra vez.

 

Sé que en cuanto vuelva la esquina te veré, y aún después de tanto tiempo no puedo evitar ese mórbido cosquilleo que ya no pretendo ocultar ni evitar.. más bien todo lo contrario, creo que cada vez me gusta más detenerme en él.

 

Inconfundible tu silueta... aún no me has visto, me gusta.. muchísimo, es una sensación especial cuando se da este hecho y puedo disfrutar de esos segundos donde aún no se han cruzado nuestras miradas, incluso creo que sopeso cuidadosamente cada matiz, cada detalle, como si estuviera haciendo la valoración de una valiosa obra de arte.

 

Ya me has visto, termino de acercarme, solo una mirada para cualquiera simple, inescrutable, y sin embargo podría decir que en ese momento se han desatado los cielos y los mares.

 

Un beso fugaz en la mejilla es nuestro saludo, una sonrisa... y me pregunto como es posible que el mundo entero no se de cuenta de la inmensa explosión química que esconden esos dos rostros aparentemente serenos y amables, esa explosión que se produce cuando de repente te huelo, y me hueles, y ese reconocimiento confirma todos los presagios.....

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He tenido un pensamiento ahora mismo!!!

Publicado por pesuca en el tema: He tenido un pensamiento ahora mismo!!!, de La Pecera.

Publicado: Jun 16 2002, 01:04 AM

 

 

Y ha sido así, como si me hubiese llegado una inspiración divina. A ver, os lo cuento para que tengáis en consideración que cuando una cabeza empieza a convertirse no es problema de los machos, si no de tener claro que el resultado será el mejor, y me explico:

 

Si hubiera empezado a vivir desde el tres no habría tenido sentido alguno haber estado muerto en el quince, ¿no?, vamos digo yo, porque es pura lógica, de esa lógica aplastante de la que tan orgullosos nos quedamos a veces... ¿me seguís?

 

¿En qué cabeza cabe que los autobuses rojos no se sonrrojen? Bueno, quizá la pregunta esté mal planteada, pero tenéis que entenderme, no siempre se hace así. Sí que es cierto que a veces los helados de fresa se los come uno con gusto pero no siempre, de hecho los escorpiones que habitan en el desierto del Sahara no pueden reproducirse como ellos quisieran. A mí una de las cosas que más me maravilla es poder hacer lo que no quiero, o sea, que si el Madrid gana la liga... ¿de verdad se lo merece..? Y voy aún más lejos, aquí en Madrid, por ejemplo, no todos los veranos son iguales, o sea, que cada mesa tiene los cajones que le hayamos instalado o le haya instalado la empresa de muebles que la construyó. No todo el mundo tiene razón cuando dice que se siente marginado, no estoy de acuerdo para nada, es más lo estaría si hubiera sido ayer.

 

Cien es un número que bien mirado parece que no lo es, pero no hay que fijarse demasiado, y si no que se lo pregunten a las latas de Coca~Cola, que ahora resulta que van a ser cilíndricas. En breve seremos víctimas del pánico o quizá nos vayamos de vacaciones, no sé... Lo que sí que está claro es que de cada diez mosquitos que se estrellan contra el parabrisas apenas sufren tres dolor suficiente como para ser atendidos por el Samur. A mí me resulta casi imposible comprenderlo, de hecho, los trenes salen puntuales cuando a Renfe le apetece o cuando no hay huelga. Y por supuesto, huelga decir que un vespino que pasa ahora por debajo de mi casa ha inspirado que os lo diga, si no hubiera pasado no os lo hubiera dicho nunca... ¿o sí...? Y ahora en serio, el motorista acaba de parar justo debajo, debe ser de Telepizza que seguro que algún vecino le ha llamado para que le traiga la cena a casa. La cena, la última cena, esa cena con pimientos morrones que tanto les gusta a los astronautas, quienes a veces ni se pasan por su casa para despedirse de sus mujeres, quienes tan agusto se quedan en casa viendo la tele o simplemente pensando en mí... o en tí.

 

Ayer, justo cuando viví, llegué a esa conclusión, y de verdad, bien satisfecho que me quedé al comprobarlo. Nada más bebérmelo tuve que llamar, porque me estaban esperando. Resultó que no fui yo, quién me lo iba a decir, pero en fin... cosas del directo. Si, tenéis razón, no se muere cuando se comprueba, si no que se comprueban las hojas del periódico. Este rotulador no hace más que distraer mi atención mientras escribo, y me empieza a molestar estar tan relajado.

 

Llegó precísamente ayer, ya os lo dije, y no fué fácil encender la luz, porque las farolas, cuando se enfadan, hay que joderse la mala leche que tienen. Os pongo un ejemplo claro, las bibliotecas, tan bonitas, ¿tienen de verdad que ver en lo que escribo?... No, pues entonces ya no os digo nada sobre ellas y me centro de lleno en el tema que nos trata, o mejor dicho, en el tema que tratamos de aclarar. Hacía mucho que un árbol no se dejaba querer, pero como se sintió cohartado no pudo decir lo que pensaba antes de que las alimañas andubieran por ahí. No os podéis hacer a la idea de lo gratificante que llega a ser volver a sentirlo de verdad. Hasta seis veces he llegado a sopesarlo, pero no puedo más, definitivamente el viento que sopla no es de madera, si no símplemente viento. Hablando de meollos, ¿habéis notado alguna vez esa sensación como de frío al hacer el recobeco? Yo no, por eso os digo, hay que joderse!!!.

 

Lo peor es a veces lo mejor, todo según nos indique el cable del ratón; eso los que tengan ordenador, porque si no están jodidos de verdad, casi tan jodidos como cien semillas. Reciéntemente tuve uno de esos sacos, pero tuve que deshacerme de él para poder sentarme, no podía hacerme a la idea, ya sabéis...

 

Un túnel, por ejemplo, no estaría ahí si no existieran las letras T, U, N, E, y la L, pero seguro que los chinos nos contarían otra versión de los hechos. Y mira que son majos los chinos, que por cierto ya os contaré, pero es que no piensan más que en sus cosas. De hecho un chino piensa más en sus cosas que en las mías... mira que me jode esto también, es que son más raros...

 

Las grúas cumplen realmente con su cometido, y si no tuvieran ventanas, el conductor jamás las podría subir o bajar, así que no sé ni para qué trabajan. Ya os daréis cuenta algún día: la vida está ahí sin más, y eso no me preocupa, al menos de momento, todo dependerá de mí.

 

Por ejemplo aquél día, al comprar el pan, se le notó demasiado, no tenía pan y anda que lo dice... me vende el pan sin tenerlo. Lo peor fue cuando me hice el bocata y me lo llegué hasta a comer cuando me dí cuenta de que no había pan, oooootra vez jodido, pero en fin, se la vie...

 

(continuará, que ahora tengo que seguir con los pistachos y la herramienta).

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He tenido un pensamiento ahora mismo!!!(II)

Publicado por pesuca.

 

 

Mirad, es más sencillo, es como cuando a uno le intentan fusilar con el cortauñas, como si una roca no supiera nadar, no sé si me explico. Síntesis no tiene nada que ver con un escudo heráldico, así que fuera los prejuicios y más hambre, que buena falta nos hace, además, ¿acaso importa eso ahora? A mí no desde luego, por eso es por lo que siempre que una sombra acelera el paso es porque tiene prisa, prisa por aprender, aprender para ser más inteligente y por tanto más económica. Nadie me podrá negar nunca que al poner la lavadora se eleva el grado a dos, y es por esto que los números son menos importantes en sí que en no. Un camión que regula, por ejemplo, se vacía contemplando a los diputados y sin embargo no se emociona apenas. Por contra un agujero no se llenará de ganas si se le llena de pereza, de ahí que cuando a uno le duele el pelo nadie le haga caso. Sabe más el lobo por viejo que por ejemplo. Y sin embargo que se lo digan a Cuba, ¿verdad?. Ciértamente no sé qué transcendencia puede tener el tema tan actual de los filántropos con las opas hostiles, pero si hubiera una ligazón habría que acudir a un melonar, que por cierto, bien ricos que están los cachibaches sin pelar. La razón de ser de los mismos es que no son más que lo que en ellos queremos ver, al menos eso dicen los ciegos, que saben de lo que hablan. ¿Rico?, pues mira, no, apenas diferente a sus semejantes, y eso sin contar con las apariencias, que algo deben hacer. Es como cuando a uno se le cae la cara de vergüenza y nadie le responde, todos se lo quitan y la profe no hace más que escribir en la pizarra, como si no tuviera otra cosa que hacer más que estar escribiendo a lo tonto. Y a lo tonto a lo tonto nadie nace cuando él quiere, si no justo en el preciso instante en que un coche está pitando en Gran Vía o vete tú a saber donde. Para receloso yo, que ni siquiera me equilibro al comprar. Torre blanca come a Reina Negra y la partida sigue, así que ser peón en estos casos es una putada, porque subido en el andamio con esta calor, para qué os voy a contar. Mientras me fumo un cigarro no hago más que fumármelo, por eso os lo cuento, para que veáis lo que se siente, si es que sentir ahora importe a alguien. Y si alguien ha leído hasta aquí es que ni siquiera sabe que está leyendo, por eso no cejará en su empeño en depilarse las medusas. Yo particularmente no lo haría, de hecho no se lo recomiendo a los granos de arroz, que si se pasan será que son más listos de lo que nos pensamos. Reza una frase por ahí que "Hola ¿qué tal?", pues vale, ¿y exáctamente nos indica algo práctico?, yo creo que sí, por eso no hago más que recordármelo a mí mismo y a mi circunscripción. Resulta gracioso comprobar como uno mismo puede con chinchina, y ésta a su vez repite curso para que sus padres sean felices. Recibir es dar, pero dar es casi como oscuridad en inglés, así que eso habrá que explicárselo algún día a nuestros hijos antes de que utilicen casco.

 

¿No representáis?

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He tenido un pensamiento ahora mismo!!! (III)

Publicado por pesuca.

 

 

 

Gracias por los apoyos que me dáis, los cuales animan a seguir con la gerundia. Sí es verdad que cuando un folio es doblado a la mitad apenas sigue pareciéndolo, pero también es cierto que los trogloditas jamás pudieron intentarlo. Ellos podían haber hecho mucho por nosotros, pero sencíllamente no les debió apetecer mucho sabiendo cómo les íbamos a dejar el planeta cuando nos fuésemos... les entiendo longitudinálmente. De todas maneras hay que andar con pies de plomo cuando se camina entre cucarachas, puede que así alguna se cruce en nuestro camino. Un comentario más al hilo de lo que os decía más arriba, me faltó decir que tres números asociados a dos letras no se pondrán de acuerdo jamás, y menos aún si el número que sobra es el siete, que por otra parte es mi número preferido. Disculpad por el rollo pero me parecía fundamental este dato, supongo que sabéis porqué, a buen entendedor...

 

Ahora os voy a contar un pasaje de la vida de mi primo Sol, si veis que os aburro por favor, interrumpidme, no es mi intención:

 

Sol rimaba cuando caminaba entre las líneas, rimaba de tal manera que su círculo social le admiraba enórmemente, como admiran los ciclistas a Manuel Pérez, vecino de profesión transeúnte, de Cogolludo, Guadalajara. Un día La, mujer de Sol recibió un email de Fa, sugerente desodorante y enemigo natural de Sol. El email decía:

"El amor que fabricas face posible facilitar tu fama en mi fausto corazón. Tu falda fálicamente factible fallecerá el día en que tu familia fascine."

 

Entonces, dentro de su perplejidad La decidió contestarle:

 

"Querido Fa, la carta que me escribiste por email la meteré en una lata después de lamer la lana que languidece mi falda. Lamento lamentáblemente no poder lastimar la larga látiga que lapida nuestros lazos."

 

Sol ya sospechaba algo tiempo atrás, pero prefirió permanecer en la sombra, hecho que le hacía sentir paradójicamente entre sol y sombra, lo que no sé es por qué, pero en fin, es mi primo y hay que dejarle. Un día decidió salir del sistema e irse a otra escala a ver que se cocía, y lo que descubrió fue que en esa escala se le escuchaba pero de manera diferente. Para corroborarlo soltó un discurso a los que por allí estaban:

 

"Sólo los solos solicitan soldar con un soldador. Los soldados que sólamente solían soltar con soltura los solomillos sólo solucionan soledades."

 

Después del discurso volvió a su escala, y una vez en casa La regresó del trabajo:

 

-Cariño, ya he vuelto!!!

-Solemos decir Amor, sólo hay que hacer memoria, ¿lo recuerdas "AMOR"?. Dijo sol recalcando la última palabra con cierto rintintín.

-Huy, perdona AMOR, no sé en qué estaría yo pensando, perdóname, ¿fale?, dijo La.

-¿Cómo has dicho?

-¿Que si vale?. Retificó

-Ah, me pareció entenderte "fale", con efe.

-Qué fá, es que fareces fascinado con tanta fantasiosa televisión y tanto famoseo, fácilmente lo hubiera dicho, pero ya sabes que fago las cosas sin pensar.

-¿Has estado con él?

-¿Con quién?

-Con Fa

-Fale, ya empezamos, ¿por qué dices eso? ya está tu mente fabricando fascículos taurinos. Faz el favor anda, faz el favor.

-Sólo lo digo porque soltás un "fa" con cada palabra querida.

-Eso es mentira, fácilmente te demuestro que no es cierto, farandulero.

-Empieza!!

-Fale, voy. Famos a ver, ¿facilitaría las cosas fallar fácilmente?

-¿Ein?

-Fueno, déjalo... mira, me enrollé con Fa y desde entonces soy feliz, mucho más que contigo, pedazo de Sol, pedazo de cielo.

-Pos fueno, pues fale, fallaste en la base pero fale. Faz el favor de abandonar esta casa y no faltar a tus citas con Fa, déjame en paz sé faliz.

 

Entonces (ya termino por hoy, que estoy cansado) Fa y La vivieron juntos y en armonía durante muchos años, aunque siguieron quedando con Sol para hacer grandes canciones sobre aquellas líneas que llaman pentagramas. Tuvieron muchos hijos a quienes llamaron Do, Re, Mi y Si, y entre todos quedan en las líneas a menudo para crear bellas canciones.

 

Sí, de esta manera tan tonta nació la música, del amor y desamor con tino.

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He tenido un pensamiento ahora mismo!!! (IV)

Publicado por pesuca.

 

 

Reciclarse o morir, esa es la base de todo, imaginad una maceta que cae, y que sin poder evitarlo, el reloj se para con mucho calor, entonces sus agujas comienzan a hacer punto para terminar el jersey. Mientras, en la mina, un minero recoje una piedra con la piqueta y sus compañeros no paran de silbar mientras acontecen. Al otro lado del túnel, una viejecilla consulta su email mientras su nieto hace calceta... sin duda la cosa se cuantifica por momentos. La viejecilla decide no echarse a llorar por si su diantre la desanima, así que se levanta y rezuma. El nieto, ya casi un niño, reza para no ser atendido, odia las catas y nada, que si quieres arroz, Catalina. La rana que habita justo a la puerta de la mina prepara la maleta para emprender un nuevo viaje, quizá esta temporada el viaje de su vida. En la maleta, todo un misterio, pero abulta muy poco, casi tan poco como aquél recobeco. Su sonrisa de oreja a oreja hace entrever que está de humor porque probáblemente su marido, anuro de nacimiento, ha hecho algo importante por ella esa misma noche, o quizá no...

 

Seca la garganta de todos por lo que habían visto en la tele el día anterior y por culpa de esa sequedad los recibos llegan con retraso. Dos llamadas más tarde todo arreglado... mañana al cole!!!, probáblemente será por algo. Quienes no opinan lo mismo son los bancos, en los que la gente se sienta si no conceden créditos, pero al sentarse descubren que está recién pintados y deciden hipotecarse con ellos... tantos parques con tantos paseos con tantos bancos... cuanto interés por Dios!!!, menos mal que desgraba, como mi video.

 

Especialmente aburrido está el canto rodao, ese que lleva ahí tantos años como la mina, ese que ha vivido tanto río a río, afluente a afluente, hasta instalarse definitívamente ahí, le encantan esas vistas, ver cómo extraen de la mina parientes suyos nuevos cada día, le encanta hacer amigos nuevos, is like a Rolling Stone!!! De su aburrimiento nada que destacar, sólo eso, que está aburrido y tampoco le asusta mucho, como si estuviera acostumbrado.

 

Mientras, en la ciudad, los otros cantos cubren de noticias el catecismo, y lo más grave... sin saberlo. Sestean todos cada tarde para no ser escuchados por el mundanal ruido, así saben que tampoco molestarán demasiado. Esto duele especialmente a un tobillo, el de Sol, que ya no tiene ganas ni siquiera de cantar con las demás notas, ¿notasfijao?. Hace relatívamente poco vienen pisando fuerte los pies de unos pocos, los de plomo, esos que van por ahí matando cucarachas, esos que tanto han caminado además. Los edificios también quieren formar parte de la historia, por eso les menciono aquí (me debéis una ;)) Después de la mención paso a hablaros de mi amigo el renglón, ese que tanto quiere a los protagonistas de mis historias y que tantas satisfaciones me ha proporcionado, desde aquí mi homenaje a él, gracias amigo. El renglón es una palabra que repetida veinte veces uno no sabe ya ni lo que dice, ni siquiera la saciedad repetitiva lo sabe, por eso ella ya me odia, odia repetirse tanto, sobre todo eso.

Sé lo poco que concluyo, por eso no choco. Un hombre me ha dicho que en estas líneas hay un mensaje subliminal, pero no soy capaz de descifrarlo. Me parece que jamás daré con él a este paso. A veces pienso que busco demasiado y esa tesazón acabará con mi paciencia. Y voy aún más lejos, quizá caiga en la locura buscando ese mensaje que tantos locos va dejando por el camino, más que locos... dementes. Sé, por otra parte, que en esa otra parte tampoco lo encuentro. Idiota debo ser, como podéis comprobar, porque estoy seguro de que está, que ese hombre sabe lo que dice, no como yo. Gran hombre ese que os comento, quien tantos y tan buenos consejos me proporciona, debería hacerle más caso, ¿no creéis?. Un día le agradeceré todo cuanto ha hecho por mí, pero prefiero esperar a recibir el último consejo para agradecerle todos a la vez. En fin, que después de un buen rato escribiendo todo esto para buscarlo, no he logrado dar con el mensaje, por lo cual lo dejo hasta mañana.

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He tenido un pensamiento ahora mismo!!! (y V)

Publicado por pesuca.

 

Qué manía con buscar Ser o no Ser, joder, sintoniza la Cope y déjate de buscar tres pies al gato, digo yo. La relatividad de la yelma no tiene por qué continuarse sola, bien podría ser ayudada por unos cuantos, con ocho basta. Un cantante diría que siempre estamos con lo mismo, pero ese mismo cantante siempre está él con lo mismo, ¿acaso no se lo advertimos ya hace tiempo?, es que es para enfadarse hombre. Respecto a la mina olvidé decir algo, y es que no siempre fenece. Además, en esa mina se extraen minerales como cobalto, hierro, albelda, luis enrique, carbón, cocoa, pirita, bucaniro, aluminio, alumbrado, fósforo, vitamina E, etcétera. Llevar la razón no es óbice para que te la quiten, y si te la quitan será mejor que no intentes recuperarla, porque eso ya no está de moda, como estos calcetines de verano que tanto seducen a quien los compra. Ya no sabe uno ni qué decir ante tanto tanteo, por lo tanto tanteo para ver cómo resultará la tentativa, por cierto, que tanto va el cántaro a la fuente que al final pesa un huevo y nadie quiere llevarlo. El verano se presta a estas cosas y como tal responderá ante la justicia algún día, será mejor que no vaya presumiendo por ahí de sus hazañas, hazañas que por otra parte no lo son tanto, y volvemos a lo del tanto, el tanteo y las tentativas, no pienso repetirlo. Cambiando de tema, si es que alguna vez lo hubo, ¿no os pareció extraño lo de aquél día?, sí, lo de la manzanita, Eva y la serpiente... yo no me lo acabo de creer mira por donde. Además, se notaba que estaba todo preparado con cámaras ocultas y tal, preguntadle a Eva si no. Llevo un tiempecillo dándole vueltas, así que si cuando lo leáis está todo revuelto he sido yo. Mirad justo detrás de vosotros, en vuestras casas, lo que encontréis cada uno está totalmente ligado a vuestras espaldas, yo por ejemplo tengo un respaldo de la silla sobre la que me siento... qué feliz soy!!!. En serio, haced el favor de mirar y paraos unos segundos a pensar sobre lo que os digo, el esfuerzo monumental merece la pena, os lo puedo asegurar a un módico precio, que ahora vendo seguros, de los de vida y riesgo. Y para riesgo el que corro cuando me alejo de mí, me cuesta mucho volver a encontrarme porque soy bastante miope y siempre que me alejo me olvido las gafas en mi otro yo. Es como cuando duermo, pasa exáctamente lo mismo, me quito las gafas para dormir y todos mis sueños los veo borrosos, no quiero ni pensar si tuviera además un sonotone, porque al menos puedo disfrutar de los sonidos y las voces de sus protagonistas. Ay, qué lindo es soñar, y además es gratis, el otro día soñé que tenía un pensamiento...

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Cansancios...

 

Ya no tengo la más mínima duda, si ayer alguien me hubiera asegurado que el cansancio era acumulativo, me habría reído en su cara estrepitosamente, pero hoy, solo podría asentir sin más...

 

Cuando ahora me enfrento a algún reto o tarea especialmente difícil, y que además se va haciendo más y más costosa, simplemente me agoto...cada vez me canso con más facilidad, cada vez me cuesta más mantener el temple y aguantar la postura... me cuesta lo indecible vencer ese deseo irrefrenable de dejar caer los brazos y dar las cosas por perdidas.

 

Cuando de repente me abruma el cansancio de los hechos, no lo hace como antes lo hacía, no es el cansancio del hecho concreto, es como si sobre ese, se sumasen los antiguos cansancios de todas y cada una de las luchas, y siento que mi espalda se vence con ese peso inmenso, e incluso me cuesta respirar con normalidad, como si andase realizando un esfuerzo por encima de mis posibilidades, y estuviera a punto de fracasar en el intento...

 

Pero aún así, cuando por fin doy por terminado el evento, cuando respiro tranquila porque una vez más he conseguido terminar lo que me he propuesto, cuando miro lo conseguido, y me digo a mi misma... – “Lo conseguí!! , pero en otra más ya no me meto - ... pues cuando estoy en eso.. me miro en el espejo y me burlo de misma riendo, porque... hay algo que se desde hace mucho.. mucho tiempo... que antes de vivir muerta, prefiero mil veces morir en cualquier intento.

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Cien años de Sol (poca ciencia y mucha ficción)

 

A sus 49 años, Sixto es un joven como cualquier otro, a no ser, claro, por su extraña indumentaria.

(Igual que una profunda quebrada, la vida produce vértigo... La Piedra filosofal es ya simplemente un recurso... La Fuente de La juventud mana exultante de un gigantesco procedimiento... El universo es sólo un espejismo más allá de la Heliopausa, una broma compuesta por millones de nombres anodinos, cuando no ridículos...)

 

Mi hijo cumple 49 años, nunca se ha afeitado, y jamás tendrá que hacerlo. Parece más bien mi nieto ¡Mi biznieto! ¡Y qué aspecto tiene con esa túnica! Un buen día nos dijo que había encontrado la verdad, la esencia de todo. Él era yo, y yo era él, y el otro, y todos, y todo. Y por más que le digo que en realidad, lo que es, es un botarate igual que su tío Gerardo, se limita a mirarme (con esos ojos de vaca que le eligió su madre hace ya medio siglo) y suspirar... Está decidido a mudarse a La Luna, y no veo la manera de impedírselo.

Edited by Plúmbeo Lórez
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La Conozco Bien...

 

Publicado por jaime, en el tema: "Un Suponé, es sólo un suponé"

Fecha de publicación: Jun 29 2003, 08:37 AM

 

 

La conozco bien, la he visto cara a cara. En el silencio, una noche en la habitación de un hospital, roto por los regulares pitidos de las máquinas conectadas a mis venas, absorto en mis pensamientos, se presentó. Gracias al haz de luz de luna llena que entraba por mi ventana pude distinguir su negra silueta. Se acercó a mi lentamente, sin prisa, flotando en la densa y fría atmósfera que se había creado en la habitación, y tras clavar su heladora mirada en mí, fríamente me dedicó la más blanca de sus macabras sonrisas; súbitamente ahora, como un relámpago en mitad de la noche, recorrió los metros que la separaban de mi cama y nuevamente pareció ralentizarse el tiempo, más bien pararse, y en una parsimoniosa quietud infinita beso mi frente y sin pronunciar palabra pude oír que me decía: “lobo, la próxima vez que nos veamos no estará la luna para protegerte, lo sabes ¿verdad?… entonces vendrás conmigo.” Tras tocar mis labios con su huesuda mano se desvaneció. ¡Flash! Los neones de la habitación se encendieron y tras la cegadora luz pude ver un par de enfermeras clavarme una jeringa de adrenalina cerca del esternón, una refrescante bocanada de aire entro en mis pulmones y sentí el golpe fuerte y rítmico de mi corazón en mi pecho de nuevo. De repente me di cuenta de todo...

 

jaime, 25 de abril de 2002

Edited by jaime
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Maika, relato sin postre

 

Un día se sentó en mi rodillas y me peinó con esmero. Siempre odié que mi madre lo hiciera, sin poder escapar de aquel cepillo que me llenaba la cabeza de tirones. Pero Maika no era mi madre, era una niña recién llegada al estudio de danza. Llevaba apenas una semana en Madrid y ya éramos inseparables. Por las mañanas entraba siempre mucho antes de la hora y me esperaba, sentada en el linoleo, haciendose el moño frente al espejo. En cuanto me veía giraba su cabeza para saludarme y el día comenzaba con su sonrisa estrellada, llena de diamantes. Se avergonzaba de llevar "aparato", sin darse cuenta de la fascinación que aquella expresión suya, entre tímida y cariñosa, producía en todos aquellos que la mirábamos.

 

Al cabo de unos minutos, ya estábamos charlando de cualquier cosa, yo le masajeaba los pies para calentárselos y estirar los tendones, su verdadero punto débil. Los demás nos miraban de reojo, con una mezcla de sospecha y envidia que ni ella ni yo advertimos, despreocupados. La clase comenzaba siempre tarde, eso nos daba tiempo a retorcernos bien antes de que Carmen, la jefa, convirtiera aquel mágico suspenso en la acostumbrada paliza, dolorosa, agotadora y necesaria.

 

Pero aquel día fue distinto. Me quedé a ver unos ensayos, el trabajo en la Agencia podía esperar. Subí a tomar algo a la máquina y allí estaba ella, repantingada entre las colchonetas con una lata de Aquarius. Parecía una especie de insecto maravilloso de otro planeta, con su delgadez de mantis religiosa y esos ojos enormes que sobresalían de una tez tan pálida como llena de extrañas pecas de colores. Yo la llamaba "La Vasca" y ella se reía y me pegaba, protestando siempre que intentaba explicarle que no recordaba su verdadero nombre. "Maika, me llamo Maika!!" y se me tiraba encima, sin dejarme respirar por entre sus brazos de palo mientras trepaba por mi espalda, "ahora verás, no te dejaré ver hasta que digas mi nombre". Y entonces jugábamos a estrellarnos por las paredes, dando tumbos y gritando hasta que la bruja de Maria Jesús, la secretaría, nos daba una voz de culebra como aviso de su veneno.

 

Ese día me dijo: "¡ Cómo te he puesto!, ¡ pareces el monstruo de las galletas!, anda, ven que te peine". Y allí estaba yo, con ella sentada en mis rodillas, espatarrada frente a mi, cepillándome el pelo con exquisito cuidado. Recordé algo con olor a vainilla y canela, un instante que pasó volando, un sueño, y quise retenerlo, permanecer allí el tiempo que hiciera falta. Ella hablaba de las horquillas, de su pelo y lo incómodo de ponerse el moño cada mañana, con lo corto que lo llevaba. El susurro de aquella música en sus labios nos mecía a los dos. Miraba atenta mi pelo, cada detalle de aquella improvisada peluquería parecía tener una gran importancia, mientras yo sólo miraba sus ojos cada vez más grandes, cada vez más cerca, la brisa de su voz refrescando mi respiración...

 

Y entonces el trueno de Carmen retumbó con furia "¡¡ Jesús, ven ahora mismo a mi despacho !!"

 

-------------------------

 

Mientras me miraba, sentada tras el sillón de mimbre y rodeada de su imperio, fotos con el Rey, con Bejart, con Nureyev, yo iba sintiendo el peso de una amenaza creciente. La oí distante y grave, como atravesada por el dolor.

 

- Tiene doce años, Jesús, ¿es que no te das cuenta de lo que haces?

- Pero si no hago nada malo...

- ¡ Déjate de estupideces!, estabas besándola ahí arriba, te han visto. Las madres hacen comentarios desde hace días, un chico tan mayor... y con tu novia delante, ¿no te da vergüenza?

- Carmen, de verdad...

- ¡¡ Cállate !!, ¡ no quiero escucharte más !, esta es mi escuela y harás lo que yo diga, o te vas...

 

Siguió hablando, sin dejarme decir nada, hablaba de su responsabilidad, de lo buena que era conmigo dejando que estuviera allí sin pagar. La pecera que era su despacho se iba llenando de miradas. La clase de la una iba a empezar y los alumnos pasaban al lado, dejando su acento de acusación tras los cristales. Ellos lo sabían. Todos sabían que yo era culpable. Y por primera vez, al escuchar sus acusaciones, empecé a sentirlo. Sentí de nuevo sus dedos en mi nuca, sujetandome con suavidad al pasar el cepillo por encima, cambiando caprichosamente de dirección, ahora por el otro lado, ahora alborotando lo hecho para volver a empezar. Sentí el calor dorado de una tarde en el río, secándome al sol, y pensé que aquello era demasiado bueno como para no ser realmente malo. El calor se convirtió en fuego de ira que me comía por dentro. No se como sucedió, pero de pronto estaba en el vestuario, sentado en el suelo con la cabeza entre las manos ensangrentadas, temblando de frío y dolor. En la pared de enfrente, una baldosa rota desentonaba del resto, blanco e inmaculado.

 

Tardé mucho tiempo en volver al Centro. Puede que sólo fueran quince días, pero aún hoy los recuerdo como una eternidad. Cuando la ví, ella me recibió con sus brazos abiertos, tan radiante como una mañana que a mi contacto se volviera gris. Nunca me costó tanto no responder a una invitación, negar la evidencia de mi corazón y arruinar otra vida que nunca fue. La interrogación en sus ojos suplicaba una respuesta que no llegaría jamás. Desde entonces, entraba al estudio justo un poco antes de la clase y salía con prisa para no verla, siempre ocupado, huyendo de la vergüenza que sentía, asqueado de ser tan cobarde. Un més después me fui a Barcelona con un contrato para el Liceo. Ya no volví a verla.

 

Esta tarde, recordando aquel día que fuimos la espuma de un sueño, he vuelto a sentir lo mismo cuando Aaron, mi sobrino adoptivo, se ha puesto a jugar con su dinosaurio en el parque, los dos tirados en el cesped. Me explicaba no se que historias en su jerga incomprensible mientras con sus manitas escondía el monstruo entre la selva de mi pelo. Ahora se que aquello significaba un gran tesoro y esta vez no pienso dejar que me lo arrebaten.

Edited by trazas
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El jardín

 

Siendo niños, paseábamos a diario por delante de aquel lugar, y me encantaba acercarme a las verjas anaranjadas por la pintura antióxido a contemplar su extraña decadencia. En el jardín había una estatua de un diosecillo sobre una fuente de mármol, había caminos cubiertos de hojas secas que no parecían llevar a ninguna parte, había una mesa de piedra que las abundantes hiedras no conseguían ocultar por completo, y, sobre todo estaba al fondo, a lo lejos, el enorme y semiderruído caserón que las autoridades habilitaron en otros tiempos como hospital de tuberculosos, y que en la actualidad languidecía abandonado, cayéndose a pedazos, con los cristales rotos y sucios y las paredes llenas de desconchones. Lo más curioso era que aquella casa con jardín se encontraba en medio de la ciudad, en la calle Eloy Gonzalo, junto a la glorieta de Quevedo, en una zona en la que no abundaban los parques y donde la agitación, el tráfico de coches y de personas y el ruido eran absolutamente desmesurados. Frente al Madrid deslumbrante y caótico, su tranquilidad, el desorden y el brutal contraste arquitectónico, parecían negarse a aceptar las normas, como si se resistieran a amoldarse, como si la idea de todo cambio fuese para ellos una amenaza.

En aquella época pre-adolescente el jardín fue para mí un símbolo de la resistencia a dejarse llevar, de la idea de vivir a la contra, de la negación a aceptar lo establecido, las normas oficiales, lo que todo el mundo daba por bueno. Me encantaba recrearme a diario en la brutal paradoja de su existencia, y me acercaba allí por las tardes en una especie de peregrinación, de la que volvía con las ideas afianzadas y el corazón palpitando de rebeldía.

Años después, supe que la casa y el jardín fueron construidos sobre un antiguo cementerio.

 

Antonio López del Moral

Edited by trazas
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Aburrido

 

Esa es la palabra, aburrido. Así me siento cuando experimento la excitación plena. Me excita el aburrimiento y me aburre el excitamiento, ambos en curiosa equidad. Ni siquiera en mis reflexiones más íntimas hubiera imaginado jamás que el fin de mis días llegaría a un punto así. Creedme, amigos, esto es insoportable porque uno no sabe hacia dónde tirar, y es que para más gravedad, no me gustan los términos medios, sólo sendos extremos. Cuando estoy en uno de ellos, quiero ir cuanto antes hasta el opuesto, pero apenas sin pasar por la parte baja de la curva; es como una rampa de lanzamiento, un tobogán sin fin.

 

Todos me advierten de su peligro, pero yo empiezo a encontrarlo gozoso. Les digo que lo realmente peligroso es no saber aburrirse, que hasta para eso hay que valer. También los hay que no pueden, directamente no pueden aburrirse, y yo les compadezco ya que por ende, tampoco encontrarán la excitación. Rezo por ellos para que logren deshacerse de un Dios que no existe, y bien sabe ese Dios que lo que le pido está a su alcance. Quizá haya sido ese Dios el que me ha proporcionado este ateísmo que me libera de todo sentimiento de culpa. Quizá sea ese Dios el mismo que logre hacerse desaparecer para que yo no siga rezando. Y por eso sigo rezando, porque le tengo fé a ese Dios.

 

Dios mío, pues sí que estaba aburrido...

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Memòria Prohibida,

novela de CF publicada en internet con licencia libre.

Intento de traducción de un fragmento al castellano

 

 

1 terminales

En unos instantes, especialmente a la edad de los alumnos de la Escuela de Candidatos a Especialista, un simple incidente puede hacer variar los puntos de vista de una persona acerca de las otras, condicionar sus relaciones e incluso cambiar totalmente su futuro.

Todo empezó cuando faltaba un cuarto de hora para el final del estudio del día con un grito de Gramoni que se levantó y se quedó plantado como un pasmarote mirando el terminal de Marla. Era absurdo, en todo caso era Marla quien tenía motivos para chillar. Su terminal mostraba un gran cuadro de colores chillones:

 

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Un “cuelgue”.

Ziol estaba totalmente concentrado en un tema de botánica, sentado en su silla de mimbre, justo a la izquierda de Gramoni que a su vez, estaba sentado a la izquierda de Marla, en la tercera de las ocho hileras de mesas con terminal incorporado que había en la aula principal de la escuela. Cuando el grito le sacó de su estado de abstracción y se dio cuenta de lo que estaba pasando le vinieron ganas de llorar; era una injusticia, otra vez castigarían a una pobre chica por una cosa de la que no era responsable.

Los terminales, de vez en cuando se “colgaban”, o para decirlo con otras palabras, se bloqueaban y no respondían a los comandos. Entonces era necesaria la intervención de un superior para volver las cosas su estado normal. Nadie entendía el porqué de la palabra colgar. Los terminales se colgaban por motivos desconocidos, posiblemente al pulsar sin querer varios contoles simultáneamente. Normalmente le pasaba a alguien que estaba distraído y con las dos manos en el panel de control. Los superiores castigaban indefectiblemente a quien colgaba un terminal.

Gramoni y los otros componentes de la banda de Batrel le caían muy mal a Ziol. Querían llegar a superiores a cualquier precio y no lo disimulaban, para ellos sería un fracaso quedarse en sólo especialistas. El precio a pagar era una obediencia y una colaboración incondicional con la escuela y su sistema de control. Eran muchos los que habían sufrido castigos por sus maquinaciones o por haber sido denunciados por cualquier tontería que los superiores nunca hubieran descubierto por sí mismos.

El incidente fue la gota que colmó el vaso.

Todos los del grupito empezaron a rodear a Marla, y con una sonrisa sádica en los labios le decían:

—¿Creías que a ti no te pasaría nunca?

—Ya verás, ya, lo que te espera.

Con el griterío entró en la sala de estudio el superior Crádec, el director. Era un hombre alto que rondaba la cincuentena, enjuto, de cabellos negros, abundantes, cortos y rizados, con unos labios finos y unos pequeños ojos azules que nunca miraban directamente. La aula quedó inmovilizada y en silencio. Durante unos interminables quince segundos Crádec permaneció quieto, como pensando lo que iba a hacer.

—Tu, Ziol, ves a la portería de la sección de los superiores, en la sala principal de la cubierta 68. Haz avisar al superior Fliomir, el encargado de terminales. Que venga inmediatamente. Tienes cinco minutos —habló con voz autoritaria y le dio el pase para acceder a la zona de los superiores, una plaqueta de madera grabada—. Tu, Marla, espérate en la otra sala. Todos los otros continuad el estudio. ¡Aquí no ha pasado nada!

Ziol miró el reloj de la aula, marcaba LUN 25:01:9075 19:47, y salió corriendo a cumplir la orden, mientras daba un última mirada a Marla. ¡Qué serenidad que aparentaba!, a él que le temblaban las piernas sólo de pensar en hablar con un superior. La admiración que sentía por ella se volvió súbitamente tan grande como el desprecio que le merecía la pandilla de Batrel.

Marla quería ser especialista en música, compositora, aunque por su capacidad podría obtener cualquier otra especialidad: era muy buena en todas. Tenía dos años y medio más que Ziol y hasta aquel momento no habían coincidido mucho, a pesar de que tenían cosas en común: Vivían en la residencia de jóvenes sin familia de la cubierta 40, ya que ninguno de los dos tenía padres y habían sido admitidos en la Escuela de Candidatos con la mejor calificación de sus respectivas promociones.

Ziol pensó por primera vez que encontraba a una chica interesante. Era inteligente, observadora y de pocas palabras. Se parecía a su madre, incluso físicamente: los ojos color ámbar, los labios finos, los cabellos negros ligeramente rizados que le llegaban a los hombros. Era la más alta de las chicas de la escuela, y probablemente, la más fuerte, y no sólo en el sentido físico del término.

Aunque fuera una locura tenía que hacer alguna cosa… el analgésico prohibido!

La madre de Ziol había sido especialista farmacéutica, la mejor de todo Supra, y le había dejado un cuaderno de hojas de papiro escrito con letra pequeñísima con recetas y una caja con unos cuantos centenares de comprimidos y frascos con líquidos, de eficacia variable contra diversas afecciones. Lo recordaba perfectamente, la última entrada del cuaderno ponía: "Comprimidos de zulonia: analgésico muy potente, actúa en quince minutos, efectivo durante dos horas. No tomar más de uno cada dos días. Fuertemente adictivo. Ilegal".

En aquel momento se encontraba en el extremo de la cubierta 55. Su cuarto estaba en la 40. Si corría mucho, podría pasar por allí antes de subir a avisar a Fliomir. Sabía que Crádec le controlaría el horario, lo hacía siempre, y si lo pillaban fuera de la escuela, en un trayecto que no era el que le habían mandado, le podría pasar una cosa peor que a Marla. Y si le encontraban la pastilla, lo podrían llegar a expulsar de los Candidatos, se acabarían los estudios, quedaría clasificado como normal, trabajaría manualmente trece horas al día y perdería todas las posibilidades de llegar a ser especialista en biología o en terminales.

Ziol conocía a la perfección todas las posibles rutas. Era esencial que no fuera visto corriendo entre las cubiertas 40 y 55, cualquier guardia o superior lo detendría y averiguaría que pasaba. Y muchos adultos avisan a los superiores si ven algo fuera de lo normal, como un chico con la túnica de la Escuela de Candidatos corriendo por las escaleras. Pasaría por la escalera obscura, la única que atraviesa todas las cubiertas de aquella parte del sector, la conocía perfectamente y a veces la pasaba por gusto. Era difícil encontrarse allí con alguien, pero si se corría era peligrosa por un motivo diferente: algunos tramos se empleaban como almacén temporal y se podía tropezar. Hubo suerte. Bajar quince pisos, el comprimido, subir quince plantas a oscuras, volver a la escalera mayor… no, mejor continuar por la obscura, no convenía que lo viesen correr… era preciso contar las plantas, la cubierta 69 estaba totalmente prohibida, allí no le valdría el pase. Salió a la luz, cubierta 68, encima de una puerta un plafón reloj ponía con grandes cifras rojas LUN 25:01:9075 19:52. Cinco minutos. ¡Uf!

Mientras bajaba lentamente con Fliomir por la escalera mayor —los superiores nunca caminan deprisa—, Ziol pasó de la euforia al pesimismo: no podría dar el comprimido a Marla, ella no entendería que se lo había de tomar, no habría tiempo a que le hiciera efecto, los superiores lo pillarían o habría cualquier otro problema imprevisto…

Le flaqueaban las piernas. Estaba muerto de miedo. Lo dejaría correr… No, no podía ser, nunca, él no era un cobarde.

Pero no siempre todo son desgracias. Llegados a la cubierta 55, las limpiadoras fregaban el corredor principal y todo estaba mojado. No era cuestión que un superior se ensuciara los pies, que como todo el mundo, llevaba descalzos, ni que fuese a dar la vuelta por otra cubierta o por un pasillo secundario entre las habitaciones. Esperaría a que le secasen el suelo.

Ziol que ya había hecho el encargo y no tenía porque acompañar a Fliomir, se adelantó pasando por unas salas de cultivos —también llamadas cámaras agrarias— que conocía perfectamente. Pronto llegó a la Escuela, Marla estaba sola en la aula pequeña, Crádec quizás había ido al lavabo, o estaba en la sala de los terminales. Una oportunidad increíble.

—Ten, tómate esto, disminuye el dolor, te hará efecto en quince minutos. Cuando vengan los superiores procura alargarlo. Confía en mi.

Confió. ¿Aquel era el niño de catorce años recien cumplidos, esmirriado, repelente, frágil y egoísta que todos creían? En un segundo lo vio con otros ojos. Unos ojos como ningunos ojos habían mirado nunca a Ziol y con los que ella tampoco había mirado nunca a nadie. Tomó la pastilla y la masticó, tenía un gusto espantosamente amargo… y habérsela de tragar sólo con saliva. Mientras continuaba mirando los ojos negros de Ziol, le estrechó las manos y notó una fuerza inesperada. Los Crádec y Fliomir llegaban. Ziol devolvió el pase al director. Los otros chicos salían del estudio en aquel preciso instante.

…/…

 

 

 

El resto de la obra (256 pág.) se puede leer en catalán aquí.

Si alguien desea la traducción al castellano (es mala, ya lo podéis ver) que me envie un privado.

Edited by trazas
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Un día importante

 

La soledad es un beso amargo, pero también la única forma de escuchar el murmullo de tu sangre. He pasado el fin de semana lejos de la ciudad, en la casa que unos amigos poseen en un pueblo de Salamanca. No es un sitio excesivamente pequeño, aunque la casa se encuentra en uno de sus extremos, de modo que basta con recorrer diez metros para encontrarse con el campo. Fui allí con Irene y con nuestra hija, además de con otras tres parejas con niños y José Luis, un amigo soltero cuya independencia, libertad para levantarse a las cuatro de la tarde y desaliño todos envidiamos en secreto. Los dos días fueron caóticos y típicos: hubo momentos de tranquilidad entre la constante sensación de alboroto. Sólo podíamos conversar ya de noche, con los niños dormidos y el ruido de su actividad silenciado. El resto de las horas lo pasamos cocinando, jugando con ellos, escuchando música, disputando divertidísimas partidas de mus. Puede decirse que no paramos en todo el día. Cuando ya nos íbamos, después de haber recogido la casa y guardado las maletas en los coches, en esos últimos momentos del fin de semana, salí a dar una vuelta solo por los alrededores. El silencio del campo era impresionante. Me pareció tan raro no escuchar el griterío de los niños, las voces de mis amigos, las risas, la música, las toses, que me alejé un poco más, en dirección al plantío que se perfilaba en el paisaje del atardecer. Estoy tan acostumbrado a la ciudad que esperaba, en cualquier momento, que el pitido de un coche, una imprecación, un saludo, que alguien me dijera algo, qué se yo, que la radio, o la televisión, o el rugido de un avión por encima de mi cabeza, rompiese aquella calma antinatural. Pero sólo se oía el aire entre los árboles, y, a lo lejos, algún mugido esporádico, el graznido de un grajo, el rumor despedazado de los coches en la lejana carretera. Tardé un rato en entender que aquello era lo normal allí, que los ancianos que dejaban pasar el tiempo a las puertas de sus casas y que me observaban con impavidez no esperaban ninguna agitación, no aguardaban ningún acontecimiento extraordinario, no pedían nada, sólo estaban, vivían, eran. La vida sin más les bastaba, no precisaban que algo viniese a estimular sus conciencias, no requerían espectáculos, distracciones, cines, teatros, ¡la ciudad! En la plaza había un bar, el único, en el que se disputaban partidas de naipes, se bebía y se tomaban tapas bajo el rumor de la televisión. Una calle más allá se veía la única cabina de teléfonos del pueblo, y, sorprendentemente para alguien como yo, no había una cola de gente esperando para utilizarla. Podías recorrer aquel lugar por completo en una tarde, podías cruzarte varias veces con las mismas personas y siempre te saludaban. Irene se acercó por detrás y me cogió del brazo, qué haces, y yo, nada, mirar, y mientras regresaba a la casa recordé aquel otro pueblo en el que veraneaba, siendo niño, recordé cómo iba todas las noches a casa de la señora Juana a comprar la leche. Entonces no existían supermercados, y en las tiendas de allí no se vendía la leche embotellada, ni casi ninguna otra cosa. La señora Juana me recibía en su casa, una de esas típicas casas bajas de pueblo, tan pequeña que casi parecía un nicho, una hornacina, tan oscura que producía angustia pensar que alguien viviese allí. Me sentaba en un sofá de mimbre en el saloncito iluminado por la desnuda y raquítica bombilla, y esperaba a que ella trajese la leche recién ordeñada escuchando el tic tac del reloj de pared, único sonido además de los complacientes mugidos de las vacas. Había una mesa camilla cubierta por un hule, y adornos de marquetería en los estantes de las esquinas, y puertas de madera vieja y oscura que se quejaban, y baldosas de terrazo con dibujos antiguos. Había una cocina de leña en la que casi siempre humeaban unos huevos revueltos, o unas lonjas de tocino. A veces entraba con ella en el corral y observaba cómo lo hacía. Aquella mujer usaba siempre vestidos de color gris oscuro y se cubría con un delantal de cuadros también grises. Se sentaba en un sobado taburete y realizaba mecánicamente su tarea, chop, chop, y el vapor que emanaba aquel cubo, el olor a bosta, su propio aroma a sudor, la acidez, la queja aislada de la vaca, iban añadiendo detalles a aquel cuadro cuya culminación llegaba cuando, a la mañana siguiente, después de cocer la leche en una olla enorme, mi abuela nos daba para desayunar, untada en pan tostado, la espesa nata que quedaba en la superficie.

Mientras arrancaba el coche y el ruido del motor me devolvía a la realidad, miré por el espejo a Andrea acomodándose en el asiento trasero, agotada, somnolienta, feliz. Ese fin de semana había aprendido a montar en bicicleta.

 

Antonio López del Moral

Edited by trazas
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